Cristina Pérez: "Con mis abuelos aprendí a creer en lo imposible"

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Desde la radio y la televisión, Cristina Pérez le pone voz a las historias de los otros. Conductora de Confesiones (a las 22 por Mitre) y de Telefe Noticias (lunes a viernes

a las 20), de la vida personal de la tucumana no se conoce tanto como de su vida profesional.

Si bien trascendieron algunos romances que ha tenido, sabe poner el límite entre lo público y lo privado. Pero ahora se animó a abrir, un poco, las compuertas de su pasado más lejano, sobre el que decidió escribir para Clarín.

Aquí, la niñez de Cristina Pérez en primera persona

Con la abuela Amparo, rodeada de familia y amigos. Arriba: Alina y Adriana (amigas); Cristina Pérez; Ana Gloria (amiga); Lorena (su hermana). Abajo José, su hermano menor.

Con la abuela Amparo, rodeada de familia y amigos. Arriba: Alina y Adriana (amigas); Cristina Pérez; Ana Gloria (amiga); Lorena (su hermana). Abajo José, su hermano menor.

"La infancia no está en el pasado. Nos habita toda la vida, imperceptible con sus dulzuras y sus congojas, aún cuando lo olvidamos. Por eso, al evocarla, desacomoda tanto al tiempo que emerge como un presente invencible. Y puedo escuchar, como si ocurriera ahora, la música de la máquina de coser de mi abuela Amparo en sinfonía con el canto de los canarios del patio de la casa de San Miguel de Tucumán en la que nací".


"Hace poco me detuve en el auto que me llevaba al aeropuerto -de regreso a Buenos Aires- para verla de nuevo desde lejos. Y me vi pasar chiquita, corriendo tras mi hermano mayor o sentada en la puerta con mi abuelo Totono, en esa excursión que implicaba cruzar el zaguán y explorar el mundo por descubrir y conquistar, de la vereda".


"Ahora que entiendo, me emociono recordando que, incluso los días en que no había muchos clientes en su sencilla peluquería de barrio, él llegaba estoico con una bolsa de frutas o algunos pancitos frescos, y sin dejar notar preocupación, aunque hubiera sido lo único que llegaba a comprar con todo un día de trabajo".

"Mis abuelos son los dioses de la mitología de mi niñez. Con mis padres aprendí a asumir lo humano, que no es poco. Pero con mis abuelos aprendí a creer en lo imposible".

"Con los figurines de moda desplegados en la mesa de la cocina, con sus ojos turquesas que dejaron su luz en días y noches incansables de costura, con la pasión de artista para definir si una tablita aquí, si una pinza allá, si seda o gabardina, si solapa o canesú, con la certeza absoluta de que había dignidad en la presencia y había dignidad en la decisión, mi abuela me enseñó, entre agujas y dedales, lecciones de excelencia, de honor, de voluntad y de amor. Y que el talle de nuestros sueños a diferencia del de la ropa, sí nos pertenece. Ella me hacía sentir invencible. Tanto, tanto, que casi me convenció. Y aprendí que no hay derrotas para el que persiste. Sólo un nuevo hilván en la costura hasta que el ruedo por fin quede perfecto".

Cristina Pérez, de gorra, con su hermano José. Atrás, su hermana Lourdes.

Cristina Pérez, de gorra, con su hermano José. Atrás, su hermana Lourdes.


"El paso del tiempo me demuestra, día a día, que todo lo que somos o lo que soñamos ser tiene sus primeras revelaciones en la niñez. Y que, como cuando se aprende a caminar, requiere del influjo vital de la confianza para largarse vacilante, aunque decidido, a la noción desconocida del equilibrio, mientras uno se suelta de ese lugar a salvo que siguen siendo los brazos de mi mamá. Hasta el día de hoy. Sí. Sólo en el amor de mi mamá puedo ser aquella misma niña, aunque sea una mujer a la que su madre a veces le dice: 'Ahora sos vos un poco mi mamá'".

"La vida va bailando en círculos y llegamos a cada vuelta con todo lo que traemos. Por bendición están ellos, mis hermanos. Con quienes compartimos el tesoro de nuestras vidas: esa infancia compartida. Mientras ellos la recuerden habrá testigos de nuestra más dulce ensoñación. Ellos saben del pasillo largo para entrar a casa, de los capelettis de la abuela, de los jazmines de la tía Loló y que a papá le encantaba bailar a lo John Travolta en las fiestas familiares. Ellos saben quién era yo cuando sólo tenía mis sueños. Y yo los siento siempre niños a quienes debo cuidar como cuidan las hermanas mayores".

Cristina Pérez junto a sus hermanos Lorena , Lourdes y Claudio.

Cristina Pérez junto a sus hermanos Lorena , Lourdes y Claudio.

"De nena ya jugaba a hacer un noticiero de televisión mirando el noticiero TV Prensa de canal 10, el único que había en la provincia. De nena dirigía y actuaba obras de teatro en el colegio. Y escribía, y escribía, y escribía: poemas, cartas, discursos, cuentos. Y leía mis primeros libros de poesía que puso en mis manos mi otra abuela: Nely. A ella le dediqué mi primer libro como autora de ficción. Cada noche, cuando camino tras las bambalinas del estudio para dar las noticias, siento una vez más que aquél sueño se hace realidad y que soy esa nena que jugaba a conducir un noticiero frente al espejo del living con un cepillo de brushing que hacía de micrófono. Y que me verá, mi abuela Amparo desde alguna estrella, para ver qué vestido llevo puesto".

WD