Las judías ultraortodoxas se rebelan contra la violencia doméstica en Israel

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Si "tienes miedo, es que no hay shlom bayt", armonía en la pareja, dice Esti Shushan, hija de un rabino y militante, para alentar a las judías ultraortodoxas a abandonar un

marido violento.

Entre los judíos religiosos, el "shlom bayt" es una orden "suprema". Cada uno debe vigilar a la integridad de su hogar. Esti, de 42 años, aprovecha esos códigos religiosos para hablar con correligionarias.

Esti forma parte de los "jaredíes", literalmente "aquellos que temen a Dios". Estos judíos ultraortodoxos representan cerca del 10% de los nueve millones de israelíes y viven a menudo en una burbuja, siguiendo su interpretación de los preceptos de la religión.

En revuelta contra las desigualdades entre mujeres y hombres de las cuales dice ser testigo de manera habitual en el seno de su comunidad, esta madre de cuatro niños cofundó hace siete años una asociación para promover la visibilidad de las mujeres ultraortodoxas y su representación política.

"Nivcharot", "las electas", reivindica hoy en día 15.000 seguidoras.

Esta noche, sonriente y arreglada, Esti se prepara para un nuevo combate, acompañada por cuatro miembros de la asociación, en una sala que les presta un centro educativo en la ciudad de Kfar Saba, en el norte de Tel Aviv.

Con los cabellos disimulados bajo una peluca o un sombrero, llevan largos vestidos que cubren sus codos y rodillas, conforme a las reglas vestimentarias que, según una interpretación de los textos sagrados, preserva su pudor.

Sentadas alrededor de una mesa donde hay pizzas y bebidas gaseosas, el grupo revisa los últimos detalles de la campaña que quiere romper el tabú de la violencia doméstica en la comunidad y sacar del silencio a las víctimas.

Esta violencia contra las mujeres abarca a todas las poblaciones y todos los círculos socio-económicos, afirma la profesora Mally Sechori-Bitton.

Según un informe anual publicado el martes por la asociación israelí que agrupa a los centros de atención de las víctimas de violación, los llamados telefónicos aumentaron un 12% este año en el conjunto de la población israelí, bajo la influencia de la campaña "#Metoo", y la policía registró 6.200 denuncias por ese delito y el de acoso sexual.

Mally Sechori-Bitton señala que esa violencia es física, pero también psicológica, sexual o económica.

En los círculos ultraortodoxos, "son las mujeres las que trabajan mientras los hombres estudian los textos sagrados", precisa esta criminóloga. Y sin embargo, dice haber visto "a muchas mujeres privadas de su tarjeta de crédito por su marido".

Entre los "jaredíes", la violencia doméstica es un tema aún más tabú. La comunidad no tiene la costumbre de "lavar los trapos sucios en público", explica la investigadora.

"Las ortodoxas van a ver al rabino en lugar de la policía, lo que vuelve al fenómeno de la violencia conyugal difícil de cuantificar", juzga.

A pesar de la tradición, las mentalidades han evolucionado un poco estos últimos años y se han abierto dos refugios para mujeres religiosas golpeadas.

"La toma de conciencia es real pero aún insuficiente", concluye Mally Sechori-Bitton.

En Kfar Saba, inclinadas ante el ordenador de Esti Shushan, las militantes de Nivcharot, que se dicen feministas, dan un último toque a imágenes que serán difundidas en ocasión del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

En una de las imágenes puede leerse el eslogan "Si tienes miedo, es que no hay shlom bayt", y se ve un vaso de vino derramado sobre una mesa manchando de rojo un elegante mantel blanco, una metáfora de un acto de violencia durante la tradicional comida semanal del sabbat.

Esta campaña utiliza los códigos de la comunidad ultraortodoxa "para decir a la mujeres que se encuentran en relaciones que no son sanas de no quedarse" con su marido violento, afirma Esti Shushan.

Estas mujeres a menudo solo han conocido al hombre con el que se han casado y guardan silencio sobre su angustia a raíz de la "vergüenza" y la culpabilidad que pueden sentir.

"El casamiento es sagrado entre los judíos y entre los ultraortodoxos en particular. Pero no hay que permanecer casada a cualquier precio", dice Raheli Morgenstern, de 31 años.

Para ella, el divorcio, incluso si está autorizado por la ley judía, "se paga muy muy caro" y las ultraortodoxas que deciden dar ese paso se encuentran casi automáticamente excluidas de su comunidad.

La campaña será difundida en las redes sociales y en grupos de WhatsApp, el sistema de mensajería muy popular en Israel.

Contrariamente a las idea preconcebidas, el 40% de las ultraortodoxas utilizan internet, según estudios a los cuales dice haber tenido acceso Hila Hassan Lefkowitz, otroa miembro de Nivcharot.

Fuente: AFP