Cómo está el mundo: guerra con China, emergentes en crisis y Trump, en zona de peligro

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En 1907, Eyre Alexander Barby Crowe, un intenso diplomático británico pero nacido cuatro décadas antes en la entonces Confederación Germánica, escribió por iniciativa propia un memorándum para la cancillería en Londres

en el cual alertaba que el crecimiento de Alemania llevaría inevitablemente a un choque por preponderancia con el Reino Unido. La visión de este hombre de carácter hosco y muy detallista, era en extremo hostil para su patria nativa. Estaba convencido que todo lo que haría la Alemania de Guillermo II sería intentar devorar a Europa.

No necesariamente se equivocaba. Ya había habido un incidente antes en Marruecos con una cañonera alemana en el puerto de Agadir que estuvo a punto de anticipar en tres años la Primera Guerra. Para Crowe ese panorama imponía una alianza total con Francia, la entente que luego se coronaría en aquel conflicto. La advertencia nunca fue tomada al pie de la letra por los jefes de Crowe pero apenas siete años después se confirmaba con el estallido del primero de los dos grandes desastres bélicos del siglo pasado.

Esta historia la repasa Henry Kissinger con tono didáctico en su libroOn China y la acaba de reiterar en una charla en New York, con la idea de revivir la advertencia, esta vez en relación a China, pero con una noción inversa. El ex secretario de Estado sostiene que el futuro del mundo depende de que haya una détente entre las dos mayores potencias globales. “No es posible considerar -afirma- que una parte pueda dominar a la otra… Es imperativo que los dos países comprendan que un conflicto permanente entre ellos no admite ganadores... Habrá un catastrófico desenlace si se profundiza ese rumbo”.

Semejante destino ominoso, sin embargo no debería aparecer como inmediato por las tensiones coyunturales que lo van conteniendo. El futuro de largo plazo, es sí un enigma y quizá es ahí donde mira Kissinger. También debe hacerlo sobre otras sombras que sobrevuelan esta crisis. Una de ellas, no menor, es de qué modo un imprudente Trump podría buscar recuperar la iniciativa si se sigue profundizando la andanada de pruebas en su contra en el juicio por impeachment que le planteó la cámara de Diputados. Dicho de otro modo, con qué nivel de riesgo jugará la pieza china en su azaroso ajedrez global y personal.

El ex secretario de Estado, Henry Kissinger eFE

El ex secretario de Estado, Henry Kissinger eFE

El duelo por los rojos del intercambio, recordemos, es en realidad la excusa para un litigio que es eminentemente por el predominio tecnológico. Esa característica esteriliza per se cualquier posibilidad de un pacto permanente. Washington no puede permitirse depender de Beijing en robótica, Inteligencia Artificial o alta tecnología en 5G como actualmente, en ese último rubro, lidera la República Popular y amenaza hacerlo en otros. Por eso cualquier avance binacional se mide hoy en la coyuntura.

La certeza de que no hay ganadores en este choque se advierte en el perjuicio producido al comercio mundial, la reducción de la inversión y la agudización de la desaceleración de la economía global. Uno de esos efectos es la crisis que atrapa a las periferias del planeta, Latinoamérica muy claramente entre ellas. Esa consecuencia se mide en una caída en picado del precio de los commodities, es decir de la renta de esas comarcas, lo que expone la importancia crucial en esos espacios del duelo que libran los dos gigantes que, sin embargo, es visto en los medios y entre la dirigencia política como algo exótico y lejano.

Para el norte mundial, que mira más bien poco hacia el sur, existe un alerta en progreso al cual, tampoco, le está prestando la atención debida. Las protestas sociales que se multiplican en estos suburbios son parte de un desorden general cuyo punto más empinado amenaza con una crisis de pago de la deuda que puede recordar a la de la década de los ‘80 y que sucederá si no se la previene con un pragmatismo y visión histórica hoy ausentes.

El economista Greg Meier de la consultora Allianz Global Investors le planteó a la BBC de Londres la necesidad de que se acabe de modo rotundo con estos peligros. “Un acuerdo efectivo entre las dos potencias debería incluir la retirada de los aranceles”, es decir el tiroteo de penalidades comerciales que se han cruzado. Llevar todo para atrás. Pero Donald Trump acaba de mostrarse escéptico sobre esa posibilidad. “No creo que (China) esté subiendo al nivel que yo quiero” sostuvo tajante en relación a las concesiones que espera. Al mandatario lo acosa una contradicción. Su karma proteccionista le ha dado el sustento político para llegar a la Casa Blanca pero si no alivia el litigio corre riesgo su ambición reeleccionista para noviembre del año entrante.

El presidente norteamericano Donald Trump. Momentos difíciles. AP

El presidente norteamericano Donald Trump. Momentos difíciles. AP

La economía norteamericana ya está afectada por la contracción planetaria. En el primer trimestre de este año creció 3,1%, en el siguiente en torno al 2% y con otra ligerísima caída cerró el tercero a 1,9%. El último trimestre no llega con mejores datos. El año próximo el panorama puede ser peor si es que escala la desaceleración global y se consolidan los signos de recesión, ya visibles en Europa. “El futuro político de Trump pasa por evitar la recesión y esto, en definitiva, depende de que logre un acuerdo con China”, agrega Meier.

La República Popular, por su parte, que es un mercado necesario para los Estados Unidos, tuvo su peor tasa de crecimiento en tres décadas. El intercambio entre los dos gigantes se derrumbó 13.6% en los primeros siete meses del año. Son noticias que deben preocupar al presidente chino Xi Jinping que necesita mantener un ritmo de expansión que justifique su creciente lugar de poder en el mundo, sostenga la ampliación de la clase media de consumo y le brinde independencia a su desarrollo científico.

Este cronista pudo notar en Beijing que la guerra comercial destruyó la confianza previa que existía con EE.UU. y en ese ciclo se perdió la posibilidad de regresar al punto de partida, no importa ya lo que se decida. Es por eso que la República Popular se ha centrado en obtener alternativas de provisión de commodities, alimenticios y energía – destacan los dos gasoductos en camino con Rusia, Sila Sibiri y Altai-, y está impulsando un desarrollo propio de los complejos circuitos integrados que ponen en movimiento la casi totalidad de su tecnología y que, en ese aspecto, es dependiente de EE.UU. Para eso requiere de enormes inversiones.

Radica ahí una de las razones por las cuales se profundiza el giro capitalista en el gigante asiático con la perspectiva de mayores aperturas de su mercado a despecho de las tensiones que despierta esa tendencia en las alturas del poder chino. Este mes Javier Solana recordaba en un artículo en El País de Madrid, una oportuna frase del economista serbio-estadounidense Branko Milanovic de su libro Capitalism, Alone: “la China contemporánea no abandera un modelo distinto al capitalismo, sino un modelo distinto de capitalismo”. Síntesis perfecta de un momento histórico.

El diplomático británico Eyre Crowe.

El diplomático británico Eyre Crowe.

Del lado norteamericano, esencialmente del de Trump, las urgencias son también centrales. Cuando el magnate se para ante los periodistas para afirmar que “China preferiría más alcanzar un trato comercial que yo”, en realidad está apuntando lo contrario. Trump suele repetir esa frase cuando se está camino a un pacto, siquiera coyuntural, en el cual pretende, y necesita, aparecer como el más fuerte de la calle. Un básico para la Casa Blanca es recuperar al cliente agropecuario chino y así serenar a sus votantes de estados como Michigan, Pensilvania y Wisconsin. En esos tres distritos el mandatario concretó su victoria presidencial en 2016 por diferencias milimétricas de 0,2%, 0,7% y 0,8% respectivamente, suficientes para garantizarse los delegados en el Colegio Electoral.

La República Popular tiene esa baraja y por eso en EE.UU. descuentan que se extenderá la suspensión de los aranceles a productos chinos que expiraba este 28 de diciembre. Es lo que indicaría la sensatez y la cordura. En el diccionario, por lo menos, esas palabras aún existen. Es solo cuestión de encontrarlas.
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