El "balserito" Elián, hoy: cómo es la vida del chico cubano que fue símbolo de la emigración

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Llora cuando recuerda a Fidel, "su amigo, su padre". Pero su vida es normal, asegura. Sin embargo Elián González, a sus 25 años, no es un cubano más. Es el héroe que "doblegó"

la voluntad del enemigo anticastrista que acecha en el exilio. Es un ingeniero que repite convencido, al pie de la letra, el discurso de la Revolución. Y comparte primera fila con la alta cúpula en La Habana. Esta es su saga, su historia, la que lo condujo hasta aquí.

Es curioso, pero uno de los primeros registros en la prensa argentina de semejante calamidad es una pequeña nota a pie de página con el título de “EE.UU y Cuba se enfrentan por un niño”. Corría diciembre de 1999 y detrás de esa nimia noticia arrancaba hace 20 años una historia enorme, trágica, que se convertiría en una de las últimas y más grandes pujas entre Fidel Castro y el “imperio”: el caso Elián González.

Raro también que la prensa hubiese omitido publicar a todo lo ancho que el mismo día de Acción de Gracias, el 25 de noviembre de ese año, dos pescadores encontraron desfallecido, flotando sobre una cámara de un nuemático a un nene de 5 años, con la piel abrasada y cortes en la piel, en medio de un mar famoso por estar plagado de tiburones. Ese chico era Elián, un "balserito" cubano, sobreviviente de un naufragio en el que su madre --en un pestañar-- había desaparecido en las profundidades frente a él para no regresar.

Ese mar lleno de tiburones se devoró no solo a su madre sino también a la pareja de ésta y a otros ocho ocupantes de una embarcación enclenque. Todos habían salido de Cuba con destino final las costas de la Florida. Y la aventura terminó de la peor manera.

El bote tenía cinco metros de largo, no más que un auto, y un motor fuera de borda moribundo y mil veces resucitado. Una carcaza precaria de aluminio con 13 personas apretadas adentro. Cada uno había pagado 1000 dólares a un contrabandista para hacer un cruce imposible.

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Esperaron al fin de la temporada de huracanes. Y zarparon el 20 de noviembre desde un manglar, sentados todos en el piso de esa lancha bochornosa, una lata de sardinas sin protección alguna del sol ni la lluvia. Fracasaron, regresaron y volvieron a partir dos días después.

elian balsa cardenas lauderdale

En esa precariedad, que solo la desesperación por huir explica, comenzó la travesía de los “balseros”. Partieron rumbo a Estados Unidos desde un punto de la costa cubana entre Cárdenas y Matanzas.

A bordo “viajaban” también tres neumáticos a modo de salvavidas que cumplieron su función para Elián, pero no para la mayoría. De trece, sobrevivieron tres. El resto iba sucumbiendo a las olas y al cansancio.

"Se lo llevaron a Miami"

Juan Miguel González, papá de Elián, había quedado en Cuba sin imaginar nada de lo que estaba ocurriendo. Su ex pareja jamás le sugirió lo que se traía entre manos. En una estupenda crónica periodística publicada en Clarín en aquellos días, Gabriel García Márquez cuenta que el padre se llevó la sorpresa de su vida un viernes cuando fue a buscar a su hijo al colegio.

Elián González junto a su madre, Elizabeth Brotóns. Ella murió en el naufragio.

Elián González junto a su madre, Elizabeth Brotóns. Ella murió en el naufragio.

Iban a pasar el fin de semana juntos, pero ahí le informaron que su ex mujer se lo había llevado al mediodía y no lo había devuelto a la tarde. Algo normal, habrá pensado González en su razonamiento de divorciado. Hacía dos años que se habían separado después de haberse casado cuando tenían 18. Y Elián alternaba sus días entre uno y otro. Lo que no fue normal era que la casa de Elizabeth Brotóns, de 28 años, estuviera cerrada con un candado. Y en Cárdenas ya era un secreto a voces que a Elián se lo había llevado a Miami. Con esa noticia empezó la guerra.

Hoy licenciado en Turismo en Parque Josone, una empresa turística en Varadero y su lugar de trabajo de toda la vida incluso hasta en la actualidad, Juan Miguel González se resistió a hablar con Clarín para rememorar aquellos días. Varios llamados terminaron en nada. "Le escucho mal". "No, no está". "No se cuáles son sus francos". "Llame a otro interno". Una tras otra las llamadas de esta cronista se estrellaron contra una pared.

El embajador en Cuba en Buenos Aires tampoco respondió a las preguntas de Clarín para analizar el fenómeno Elián.

Pero hace 20 años, González padre sí le contó su problema a Fidel, armó el bolso y se fue a EE.UU a buscar a su hijo con la bendición del líder.

Castro primero interrogó a Juan Miguel. Quiso saber si lo que sentía por su hijo era realmente un cariño de padre afectuoso. Le preguntó si su intención era viajar a EE.UU y quedarse con su hijo allá. Que con eso no había problema, le dijo. Él planificaría todo, arreglaría todo. Pero González le contestó que eso no. Que él quería volver con Elián.

“Tranquilo. A partir de mañana mismo se vuelca el pueblo, el país completo a hacer el reclamo por el regreso de tu hijo’”, le prometió Fidel. Y cumplió. Poco después estalló una ola de protestas en Cuba exigiendo el regreso de Elián.

Marchas en Cuba, exigiendo el regreso de Elián González.

Marchas en Cuba, exigiendo el regreso de Elián González.

González padre exclamaba que su hijo había sido “raptado”. Y partió angustiado y enojado con la misión de regresar juntos a Cárdenas. “Ellos (la familia en el exilio) no son nadie. Yo soy el padre”, repetía mientras La Habana culpaba a EE.UU de ser el responsable de todas las muertes por alentar a los cubanos a huir.

En un puñado de días, un drama familiar viraba hacia un conflicto internacional.

Diario de un viaje de terror

Elizabeth Brotóns se había marchado con Elián y su nuevo amor, Lázaro Munero (33); “un guapo de barrio, un mujeriego y sin trabajo”, según la pluma de García Márquez. Un matón pendenciero con breve paso por la cárcel. Por él y con él se fue. Y le costó la vida a los dos.

Cuenta García Márquez que todo el asunto a Elián no le gustó ni medio y chillaba a grito pelado ya antes de embarcar. Finalmente, tras el primer fracaso, el 22 de noviembre partieron de madrugada. A la medianoche el motor los traicionó.

Elián González, el “balserito” cubano.

Elián González, el “balserito” cubano.

Los sobrevivientes contaron que al motor lo tiraron al agua, que la lancha se dio vuelta porque los pasajeros iban mal estibados. Y se hundió. Los que no sabían nadar murieron ahí. Elián nadaba, su madre no. “Yo vi cuando mamá se perdió en el mar,” relataría tiempo después. Elián quedó flotando agarrado a un neumático y con una botella de agua, dos días.

Para el 25 de noviembre, empezaron a emerger los cadáveres. Frente a Fort Lauderdale apareció el último sobreviviente. Desmayado, ampollado por el sol. Era Elián. Era el Día de Acción de Gracias.

Deshidratado, desorientado y con cortes en las manos, Elián terminó en Miami en un hospital. Sus tíos abuelos, Lázaro y Ángela, se hicieron cargo de él y lo alojaron en su casa de la Pequeña Habana.

El 6 de abril, el padre de Elián llegó a Washington, mientras su hijo vivía con su otra familia en Miami.

El operativo armado

El gobierno de Bill Clinton anunció a la familia en el exilio que cancelaba el permiso de residencia del menor y que éste debía volver con su padre. Pero la comunidad cubana en Miami no estaba dispuesta a acatar la resolución.

Elián se había convertido en un rehén de la Guerra Fría.

Entonces se barajó el uso de la fuerza. Elián sería entregado a su padre usando agentes federales si era necesario. Y así fue en un asalto de tres minutos. Con un golpe rápido, limpio y preciso, fuerzas especiales entraron a la casa familiar en la Pequeña Habana, encontraron a Elián en un placard, donde lo habían escondido. “Entréguenlo o disparo”, fue la orden. Entre gritos y pánico, se lo llevaron. De ahí directo a la base militar Andrews, a reencontrase con su padre en Washington. Era 22 de abril de 2000.

Una foto que pasaría a la historia./ AP

Una foto que pasaría a la historia./ AP

Alertado de que aquel operativo era inminente, el fotógrafo de AP, Alan Díaz, llegó antes a la casa familiar y aguardó a que las cosas sucedieran. Es famosa su foto de Elián con la cara aterrada bajo la mira de un fusil de un policía camuflado para la guerra. La imagen se convirtió en una bandera del anticastrismo para mostrar la brutalidad del asalto armado. La foto obtuvo un premio Pulitzer. Díaz murió el 4 de julio de 2018.

El reencuentro de Elián y su papá fue luminoso, dicen. “Pensé que nunca más lo volvería a ver”, se lo escuchó a Juan Miguel.

En Miami, más de 100 mil anticastristas desfilaron repudiando la operación de rescate, en lo que se cree fue la mayor protesta de la historia de la Pequeña Habana.

Juicio y final

Lo que siguió después fue el juicio oral por el pedido de asilo de Elián que su familia en el exilio había interpuesto. Para el 2 de junio, un tribunal se lo negaba y su regreso a Cuba quedaba escrito.

El 28 de junio de 2000, Elián aterrizó en La Habana y Cuba ganaba la batalla. Llegó con su papá de noche poniendo punto final a una increíble saga. Llegaron como héroes.

Juan Miguel González y su hijo Elián saludan al partir de regreso a Cuba.

Juan Miguel González y su hijo Elián saludan al partir de regreso a Cuba.

Para muchos, el caso Elián fue el ejemplo más cabal de “los riesgos extraordinarios” que toman los cubanos para huir de las “terribles privaciones” que sufren en su país. Y para la familia en el exilio, el regreso del pequeño a Cuba no era una posibilidad. El chico sería “otra víctima de Castro” y en la isla no tendría ningún futuro.

Elián hoy

La Habana se encargó de garantizar que el niño fuera un ejemplo de éxito. Fidel apadrinó a Elián. Hoy ingeniero, es una figura que aparece en actos junto a lo más alto del régimen. Es militante de la Unión de Jóvenes Comunistas. Habla con las palabras justas del discurso de la revolución sin equivocar una coma. Está pulido. Poco de aquel chiquito menudo queda en el Elián adulto de hoy, aunque a sus veinte y tantos todavía algunos de sus rasgos aniñados perduran.

Elián González.

Elián González.

 “Yo no profeso ninguna religión pero, de hacerlo, por supuesto que mi religión sería Fidel. Creo que de haberme quedado en Miami, habría sido la imagen insignia de ese grupo de cubanos que trata de destruir la revolución. Me hubiesen utilizado para eso”, le dijo a la CNN, en una de las pocas entrevistas que ha concedido.

A la cadena ABC News le contó cómo el día del naufragio fue “subido a una plataforma y mi madre me cubría y luego, en algún momento, levanté mi cabeza y ya no la vi más (…) Si hoy ella no está aquí conmigo es porque luchó hasta el último minuto para que yo sobreviviera".

Fidel Castro participa del cumpleaños número 7 del “balserito” Elián González.

Fidel Castro participa del cumpleaños número 7 del “balserito” Elián González.

Cuando Fidel Castro murió el 25 de noviembre de 2016, el “balserito” recordó la primera vez que lo vio. “No me fue a buscar al aeropuerto --admitió--. Lo vi recién cuando terminé primer grado ... Cuando Fidel entraba a una habitación era como que si aspirase todo el aire de esa habitación. Es increíble su figura gigante, su barba blanca, su traje verde...”

“Se hizo mi amigo desde el primer instante (…) Fidel empezó a ser entonces ese padre hasta convertirse en un amigo”, contó con la voz quebrada. “Al igual que mi papá yo quería mostrarle todo lo que lograba, de que se sintiese orgulloso de mí. Y son muchas las cosas que me quedaron por mostrarle.”

Tampoco negó la posibilidad de regresar a los Estados Unidos.

Foto de Elián González junto al entonces presidente Raúl Castro, en junio de 2010. / AP

Foto de Elián González junto al entonces presidente Raúl Castro, en junio de 2010. / AP

"Para mi familia siempre ha sido un deseo mostrarle al pueblo estadounidense nuestra gratitud, aprecio y amor que tenemos", dijo. "Quizás algún día podríamos hacer una visita a los Estados Unidos. Podría agradecer personalmente a las personas que nos ayudaron, que estuvieron a nuestro lado. Porque estamos muy agradecidos por lo que hicieron".

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