Crisis en Bolivia: choques en La Paz entre seguidores de Evo Morales y opositores

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Una ola de violencia y furia sacudió este lunes a varias ciudades de Bolivia, que se expandió rápidamente dado el vacío de poder que dejó la renuncia de las principales

autoridades del país y el acuartelamiento de la Policía, fuerza que jugó una pelea propia para descabezar a su cúpula.

La polarización extrema se apoderó de los bolivianos, que lo expresaron en las calles con fanáticos enfrentamientos entre partidarios del Movimiento al Socialismo (MAS), de Evo Morales, y opositores de distintas fuerzas que se aglutinaron en un frente común.

Los disturbios comenzaron en la noche del domingo, se intensificaron a la madrugada, y continuaron en forma esporádica durante el día. Recién al atardecer de fue calmando la situación, cuando la policía salió de los cuarteles -tras la renuncia de su jefe- y comenzó a patrullar en camionetas armadas.

Los choques más violentos se produjeron en El Alto -donde se encuentra el aeropuerto central-, en el sur de La Paz, y en Cochabamba, aunque también hubo escaramuzas en otros lugares.

El Alto, por encima de La Paz -a 4.000 metros de altura- fue fiel a Evo hasta hace pocos años, cuando su población Aymara comenzó a enfrentarlo. De hecho tiene actualmente una alcaldesa opositora. De todas maneras, conserva un sector que avala al líder indígena y lo viene respaldando en esta salida traumática.

En La Paz, grupos que respondían al MAS incendiaron 15 pequeños micros del servicio municipal de transporte público, buscando profundizar el caos. "Denunciamos que grupos organizados por diputados y candidatos del MAS por la zona sur y El Alto están asaltando las estaciones de Paz BUS, del Hospital La Portada y amenazando las casas de las autoridades municipales. Estamos presentando las denuncias penales respectivas”, escribió en Twitter el alcalde de La Paz, el opositor Luis Revilla.

Luego saquearon algunos comercios. En la mañana del lunes se podían ver todos los locales cerrados, y las calles desiertas. La autopista principal que baja de El Alto a La Paz fue cerrada con barricadas, y los pasajeros que llegaban tenían que dar una vuelta larga para alcanzar el centro de la ciudad. Para pasar había que eludir piedras y restos de fogatas armadas con neumáticos y ramas.

También hubo casos de dirigentes opositores a los que les incendiaron las casas. Uno de ellos fue Waldo Albarracín, líder del colectivo ciudadano CONADE y rector de la Universidad estatal de La Paz, que alentó el pedido de renuncia de Morales.

Los grupos que respaldan a Evo se concentraron luego en el sur de la ciudad de La Paz, donde se enfrentaron con opositores y algunos efectivos policiales que seguían activos. Armados con palos y piedras, los masistas levantaron barricadas y lanzaban objetos contra los agentes. Luego se dispersaron y quemaron algunas casas. También hubo saqueos esporádicos.

Otro episodio violento se vivió en la sede paceña de la embajada de Venezuela en Bolivia, que fue copada por "encapuchados”. “Con dinamita, encapuchados con escudos han tomado la embajada de Venezuela en Bolivia”, denunció la jefa de la legación, Crisbeylee González.

Estos sectores son impulsados por dirigentes del MAS, que llaman a luchar para defender a Evo. El presidente renunciante se refugió en la zona cocalera de El Chapare, en Cochabamba, donde se hizo fuerte. Allí comenzaron a surgir grupos rebeldes que se declaran dispuestos a enfrentar a las nuevas autoridades. “Ahora sí, guerra civil”, gritaban ayer colectivos indígenas y campesinos movilizados en la región.

Este peligroso escenario amenaza con escalar, ya que la oposición también está organizada y dispuesta a enfrentarlos. Grupos de jóvenes universitarios, por ejemplo, bloquearon todas las calles que dan al centro de La Paz, especialmente la Plaza Murillo que suele ser un símbolo de poder político, y no dejaban entrar a los masistas.

Al atardecer reapareció la policía, luego de la renuncia de su titular, Yuri Calderón, a quien la mayoría del cuerpo rechazaba. Esto calmó medianamente la crisis. En forma paralela las Fuerzas Armadas anunciaron un plan para proteger los servicios públicos, ya que hubo cortes de electricidad y agua debido a hechos de vandalismo. “Ante la escalada de violencia y los hechos vandálicos”, dijeron en un comunicado, van a aplicar un plan para proteger los "servicios esenciales”.

Ambos sectores, masistas y opositores, muestran un costado sumamente beligerante y una abierta disposición al choque, lo que hace temer una escalada.

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