Bolivia: la renuncia de Evo Morales y la ausencia de la diplomacia regional

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La forzada acefalía que sufre Bolivia como consecuencia de la renuncia del presidente Evo Morales y toda la línea de sucesión política del gobierno boliviano, es un

hecho grave para la democracia en América Latina. Lo que ha sucedido afecta los valores de la democracia hemisférica y a la brevedad deberían ser reorientados de modo institucional y democrático. Distintas referencias muestran el accionar coordinado de la cúpula militar y de seguridad, sectores económicos, parte de la oposición e incluso del Episcopado boliviano en procedimientos de presión que evoca, en sus efectos, a un golpe de Estado. Un cuadro de circunstancias que expresamente considera el artículo 18 de la Carta Democrática Interamericana.

Es desilusionante que la Organización de Estados Americanos no haya actuado con la premura y disposición diplomática que prevé el instrumento interamericano para evitar la dimisión de la cúpula del gobierno boliviano. La pasividad del Secretario General de la OEA como del Consejo Permanente del organismo resulta reprochable ya que, de acuerdo al artículo 20 de la Carta, tendrían que haber actuado incluso de oficio para considerar las causas que motivaron la renuncia del presidente Morales. También por no haber promovido acciones de facilitación tendiente a la urgente normalización de la institucionalidad democrática en Bolivia. Ni siquiera hubo un comunicado oficial de la OEA al respecto.

Es lamentable que la diplomacia regional haya cerrado los ojos frente a una dinámica y hechos políticos graves que afectan el orden democrático boliviano y que pudieron haberse evitado. El presidente Evo Morales había aceptado las conclusiones de la auditoria de la OEA y acatado la recomendación preliminar del organismo de convocar a una nueva elección aún cuando el informe de la OEA reconocía la victoria de la reelección aunque no suficiente para evitar el ballotage. Ese paso hubiera permitido a la OEA encontrar mecanismos de consenso, incluso de fecha para una nueva elección, para intentar pacificar y estabilizar la situación y evitar el vacío de poder en el que ha caído Bolivia.

Sin embargo, la diplomacia regional brilló por su ausencia. A ningún país de América del Sur, el Mercosur o incluso al Grupo de Lima se le ocurrió siquiera convocar a una reunión de urgencia. El desmembramiento de los ámbitos multilaterales regionales es otro factor que muestra a la diplomacia latinoamericana en uno de sus peores momentos históricos. La inactividad es la regla, sea en el Mercosur político o en la CELAC por citar dos agrupaciones regionales que, además de la OEA, podrían haber reaccionado para mantener el orden democrático boliviano.

La renuncia de Morales deja a Bolivia en un escenario comprometido. Cualquier solución debe pasar por el respeto a la legalidad constitucional. No debería haber un paso atrás. La grave situación también debería ser motivo de reflexión para la diplomacia subregional y en particular del Cono Sur Es hora de restablecer los mecanismos de la diplomacia multilateral en América Latina y el Caribe para salvaguardar los interés primordiales como la democracia, los derechos humanos, la paz y la seguridad regional.

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