Los contrastes de La Paz desde el aire: un recorrido en el moderno Teleférico

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Desde la estación Qhana Pata, donde se unen la línea Amarilla y la Plateada, en El Alto, se ve casi toda la La Paz. A casi 4.000 metros de altura, los

edificios más modernos del centro y de la zona sur se ven como una maqueta, rodeados por los cerros que por momentos quedan ocultos detrás de las nubes. El Teleférico se ha convertido en el símbolo de la modernización de esta ciudad bajo el mandato de Evo Morales. Y un recorrido por sus distintas líneas muestra el contraste entre las zonas que más se han beneficiado de estos años de bonanza económica y aquellos donde aún reina la pobreza y la informalidad.

Desde que se inauguró la primera línea, la Roja, en 2014, para unir La Paz con El Alto -la ciudad que fue epicentro de la revuelta de 2003 que destituyó a Gonzalo Sánchez de Lozada y donde está ubicado el aeropuerto internacional- la red se extendió y ya cuenta con diez líneas, 37 estaciones y más de 1.200 cabinas que se mueven en forma permanente en más de 30 kilómetros y han cambiado la fisonomía de la ciudad.

Aunque el Teleférico es una alternativa a los minibuses siempre colmados que recorren las calles empinadas y ondulantes que llevan de La Paz hasta El Alto, casi 400 metros más arriba, lo cierto es que en días de semana no se nota que haya ayudado a aliviar el tránsito. El pasaje cuesta 3 bolivianos (unos 28 pesos argentinos) pero si se combina más de una línea, a partir del segundo cuesta 2 bolivianos. Y cada tramo dura entre 10 y 15 minutos.

Cada línea cuenta con tres o cuatro estaciones, y se combinan unas con otras de modo que se puede hacer todo un recorrido desde El Alto hasta el elegante barrio de Calacoto, en el sur de la ciudad. Las estaciones más grandes tienen bares o pequeños patios de comida. Una cantidad de empleados indican cómo usar los molinetes electrónicos y responden preguntas de usuarios poco acostumbrados al sistema.

En El Alto, el Teleférico pasa muy cerca de las casas. /AFP

En El Alto, el Teleférico pasa muy cerca de las casas. /AFP

La estación Cancha Zapata de la línea Celeste está casi desierta por la mañana. Unos pocos pasajeros suben a las cabinas que pasan en forma constante. Un altavoz recuerda que este domingo no habrá servicio por las elecciones. Desde arriba se ve la Avenida Del Poeta. Unos chicos juegan al básquet en una cancha y un grupo de obreros trabaja en una construcción. Hacia el sur de la ciudad se ven excavadoras y grúas que arreglan calles o caminos.

Una vista de La Paz desde una estación del Teleférico. /AFP

Una vista de La Paz desde una estación del Teleférico. /AFP

La línea Amarilla va hasta El Alto, el último tramo es el más empinado, y el que lleva al mirador desde donde los turistas paran a tomar fotos. Pero, mirando más cerca, se ven las construcciones precarias que cubren el cerro, los techos de chapa y las clásicas casas de ladrillos sin terminar.

Por las callecitas caminan cholitas que llevan sus bebés atados a la espalda, o que cargan bolsas de frutas que parecen pesadas. Se ve la autopista que lleva al aeropuerto y el mercado donde los vecinos compran carne, fruta, legumbres y también empanadas, sopas, o ensaladas de frutas.

La línea Plateada, la más nueva, que se inauguró en marzo de este año, recorre El Alto a poca altura. Por momentos parece acercarse demasiado a algún edificio de más de tres pisos. Y se combina con la Roja, la primera, que conecta El Alto con el centro de la ciudad. En ese recorrido puede verse la Catedral y la enorme torre vidriada de 26 pisos de la Casa Grande del Pueblo, la sede del gobierno que inauguró Evo Morales en agosto del año pasado, justo detrás del histórico Palacio Quemado, frente a la Plaza Murillo.

El gerente de la empresa Mi Teleférico, César Dockweiler, explicó a Clarín que este sistema de transporte -en el que viaja un promedio de 280.000 pasajeros por día- “se convierte en primordial” en los días de paros y bloqueos. “Un claro ejemplo de esto fue el pasado 15 de julio, fecha en que Mi Teleférico rompió récords y trasladó a más de 583.000 usuarios en un solo día”, recordó.

Según Dockweiler, el presidente anunció que se seguirá extendiendo la red, pero no dio detalles de recorridos ni de plazos.

La línea celeste termina en la estación Camacho, a pocos metros del Prado, en pleno centro de La Paz. Las cabinas, con capacidad para ocho personas, viajan con dos o tres, como mucho cuatro pasajeros. Algunas van vacías. En las calles, las camionetas que transportan pasajeros hasta El Alto siguen colmadas y atascadas en el tránsito.

La Paz, enviada especial

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