Evo Morales busca una nueva reelección en una Bolivia polarizada

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Desde la línea Plateada del Teleférico se ve el mercado que ocupa varias calles en este sector de El Alto con vista panorámica hacia La Paz. Hay mucho movimiento este sábado

entre los puestos que venden frutas, verduras, pollos, carnes, flores o comidas hechas. Muchas familias salieron a hacer sus compras, ya que este domingo todo estará cerrado. Desde hace días los medios de comunicación recuerdan que, por las elecciones, no habrá servicios de transporte público ni abrirán los mercados ni locales comerciales. Más de 7 millones de bolivianos decidirán si el presidente Evo Morales sigue en el poder hasta enero de 2025 o si se abre la puerta para un cambio de rumbo luego de casi 14 años de gobierno del Movimiento al Socialismo.

Por primera vez desde que Evo llegó al poder en 2006, ahora no tiene asegurada su reelección. Los últimos sondeos -publicados hace una semana- muestran que el ex líder de los sindicatos cocaleros sigue a la cabeza en intención de voto. Pero la gran duda es si en la noche del domingo podrá considerarse presidente electo o tendrá que ir a una segunda vuelta, en diciembre, contra el candidato que aparece en segundo lugar, Carlos Mesa. En ese caso, las cifras podrían darse vuelta. Y también, entonces, la política en este país.

En total, ocho candidatos se presentan por la oposición, que no ha logrado unirse para estas elecciones. Pero si Mesa logra llegar al balotaje, podría formarse un frente más fuerte "anti-Evo".

La campaña terminó bajo un clima tenso, con acusaciones cruzadas. Sectores de la oposición denunciaron que el oficialismo podría orquestar un fraude y llamaron a no reconocer una eventual victoria de Evo. El presidente contraatacó diciendo que se está planeando un golpe de Estado. En este ambiente, este sábado, en un mensaje en Twitter, el mandatario llamó a los bolivianos a participar “pacífica y activamente de las elecciones”.

Un cartel de propaganda del candidato opositor Carlos Mesa, en Santa Cruz de la Sierra./AFP

Un cartel de propaganda del candidato opositor Carlos Mesa, en Santa Cruz de la Sierra./AFP

El gobierno confía en obtener el apoyo suficiente -50% de los votos o 40% y una diferencia de 10 puntos respecto del segundo candidato- para evitar la segunda vuelta. Para eso, juega con una carta fuerte: el balance de estos casi 14 años en los que Bolivia logró una estabilidad política y una bonanza económica inédita en décadas. Pese a la resistencia que generaron sus primeras medidas -en especial la nacionalización de los hidrocarburos, el buque insignia de su gestión- lo cierto es que el país, que hasta hace poco era el más pobre de América del Sur, logró cifras de crecimiento envidiables para muchos de sus vecinos.

Al ritmo de los altos precios de las materias primas –en especial el petróleo y el gas que abunda bajo el suelo bolviano- hasta 2012, se construyeron y asfaltaron rutas, se mejoró el sistema de transporte, se renovaron aeropuertos y se puso en marcha un moderno teleférico en La Paz. La economía creció a un promedio del 4,5% anual, aunque para este año se estima un 4%.

Según datos oficiales, la pobreza extrema se redujo de 38,5% en 2005 a 15,2% en 2018. La pobreza moderada bajó de 60,6% a 34,6%.

El cambio es visible en las calles de La Paz, donde entre las viejas y colmadas camionetas del transporte público también se ven autos modernos, locales que ofrecen teléfonos celulares de última generación y, sobre todo, una gran cantidad de edificios nuevos, torres vidriadas que se asemejan a las de los centros financieros de las grandes ciudades de Occidente.

El MAS asegura que ganará. “Cuando la economía va bien, la política va bien”, explicó el vicepresidente Alvaro García Linera días atrás a esta enviada.

El nombre de Evo aparece en muchas calles de La Paz. /AP

El nombre de Evo aparece en muchas calles de La Paz. /AP

Pero el boom de las exportaciones que le permitió al Estado durante años acumular reservas y redistribuir el ingreso, ahora se revierte. “Esas condiciones económicas tan favorables no generaron una base material que permita una producción exportable para mantener ese nivel de reservas”, señala el economista Alberto Bonadona Cossío, de la Universidad Católica Boliviana. Los analistas advierten sobre el aumento del déficit fiscal, que en 2018 se situó en torno al 7% del PBI. También cae la inversión privada y aumenta la deuda pública.

“Estamos exprimiendo las naranjas cosechadas tiempo atrás”, ilustra la politóloga Erika Brockman, quien también advierte que se agota este ciclo.

Pero no es sólo la economía la que pesa. Lo que hoy pone en duda la reelección de Evo Morales es su intención de mantenerse en el poder contra lo que establece la Constitución que él mismo promulgó. Y, sobre todo, porque en un referéndum convocado por el gobierno en febrero de 2016, más del 51% de la población rechazó modificar la Carta Magna para permitir la postulación a un tercer mandato.

Pero en 2017 la Justicia Constitucional hizo lugar a una demanda del gobierno y avaló la reelección indefinida. Y es esto lo que más molesta a las clases medias y medias altas.

Carlos Mesa, de la alianza Comunidad Ciudadana, lo dejó claro con su lema electoral “Ya es demasiado”. El tercero en los sondeos, Oscar Ortiz, se presenta con el movimiento “Bolivia dijo No”. El mensaje es claro.

Un cartel de propaganda del candidato Oscar Ortiz, del movimiento "Bolivia dice No", en Santa Cruz de la tierra, bastión opositor. /AFP

Un cartel de propaganda del candidato Oscar Ortiz, del movimiento "Bolivia dice No", en Santa Cruz de la tierra, bastión opositor. /AFP

“Evo se ha vuelto muy soberbio... Yo lo voté en 2009 pero ahora no quiero más. El ya no debía postularse, pero han hecho algunas argucias. Es cierto que el país está mejor. Hay más trabajo, pero es mucho trabajo informal, los que no son del partido de gobierno no consiguen buenos empleos”, dice Rogelio, un taxista que está cerca de jubilarse. “Queremos un cambio”, agrega. La misma frase repiten estudiantes, vendedores ambulantes o maestros con los que habló Clarín en estos días en La Paz.

La oposición denuncia además que el gobierno maneja todos los poderes del Estado, pues tiene una mayoría de dos tercios en ambas cámaras del Parlamento y una fuerte influencia en el Poder Judicial. Y que usa esa fuerza para silenciar a las voces críticas.

Por eso Mesa cerró su campaña diciendo que Bolivia debe “decidir entre el camino autoritario a la dictadura y el camino de la construcción democrática”.

El escenario es incierto y se temen episodios de violencia, como los que se registraron el algunas zonas del país en las últimas semanas. El viceministro de Seguridad Ciudadana, Wilfredo Chávez, declaró este sábado a medios locales que se han tomado “los recaudos para garantizar que las elecciones sean tranquilas”. Unos 39.000 policías y 11.000 militares serán movilizados en los nueve departamentos (provincias) del país. Evo prometió una “fiesta democrática”. Queda por verse quién festejará.

La Paz, enviada especial

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