Las huellas de la batalla en Quito: un penetrante olor a humo y destrozos en las calles

Internacionales
Lectura

Las calles de Quito recuperaron cierta calma en la noche del sábado, una vez que la Confederación de Nacionalidades Indígenas delEcuador anunció que aceptaba sentarse en la

mesa de negociación propuesta por el presidente Lenín Moreno; y cuando en medio del toque de queda total dispuesto por el Gobierno, la policía dispersó con una brutal represión a los miles de manifestantes combativos que se apostaron en los alrededores de la Asamblea Nacional -el Congreso en Argentina- para protestar contra el paquetazo.

Las huellas que el día después todavía se podían observar daban cuenta de una feroz batalla, acaso una de las más duras de los diez días de enfrentamiento. El humo penetrante de gomas quemadas todavía en plena combustión, unidas al de los eucaliptos utilizados para combatir los gases lacrimógenos y los manifestantes abandonaron en la huida; y calles “repavimentadas” con adoquines de más de 300 años, arrancados de otras zonas, mechados con ramas y montañas de plásticos acumulados; conformaban el único testimonio de lo que había ocurrido.

Newsletters Clarín
Uno por uno, los Especiales Clarín de la semana | Producciones periodísticas de calidad sobre temas sorprendentes y de amplio interés social.

Uno por uno, los Especiales Clarín de la semana | Producciones periodísticas de calidad sobre temas sorprendentes y de amplio interés social.

Todos los sábados

Recibir newsletter

Es que el toque de queda le sirvió al Gobierno para militarizar las calles y poder avanzar contra quienes encabezaron las marchas; pero luego, tras el caos, gran parte de la ciudadanía que hasta el momento se había mantenido al margen de las manifestaciones se lanzó a las calles, para protestar en paz con un cacerolazo. Paradójicamente, la oficialización de la negociación bilateral entre el Gobierno y los indígenas calmó a los involucrados, pero desató la rabia de quienes tienen posturas más moderadas y sienten hartazgo ante el horror que vivieron en medio de los incidentes. Así, familias enteras, padres y madres con niños de la mano y hasta bebés en brazos, coparon las esquinas de sus barrios. Se autoconvocaron por redes sociales y pasadas las 20 empezaron a hacerse escuchar.

x

En la mayoría de los barrios predominaron los cantos contra el Presidente y el Gobierno (“¡Fuera Moreno, fuera!”), pero en algunos sectores de Quito, como los barrios de Las Casas, La Primavera, y El Calzado; más al margen del epicentro de los incidentes, también hubo expresiones contra los indígenas más radicalizados y pidiendo “por el fin de la violencia y la paz”; lo que fue interpretado por el Gobierno como un respaldo; y analizado también de esa manera por algunos medios locales.

El cacerolazo terminó pasadas las 22: tras desahogarse, la gente se puso de acuerdo -siempre con un boca en boca por redes sociales- para cantar el himno y resguardarse en sus hogares.

Y ahí Quito volvió a lucir desierta, porque fueron pocos los que se animaron a desafiar el toque de queda: quienes eran interceptados por las fuerzas de seguridad podían ser detenidos sin motivo alguno.

Pero la peor parte se la llevaron los conductores que en algunas vías de acceso a la Ciudad fueron atrapados, pero ya no por la policía sino por delincuentes que aprovecharon la situación y protagonizaron actos de vandalismo, saqueos y robos.

Ante los rumores de la presencia de grupos pirañas, los hoteles internacionales, ubicados en las zonas más acomodadas de Quito, tapiaron sus puertas y solo permitían el ingreso previa presentación del documento. Fue la primera vez que en ese sector de la ciudad se sintió el impacto de la protesta.

El domingo hubo tranquilidad y no se denunciaron disturbios hasta pasado el mediodía, lo que provocó que implícitamente se flexibilizaran las condiciones del toque de queda: la policía limitó los controles a quienes se movían con mochilas o en grandes grupos. Y luego, el Comando Conjunto de las Fuerzas Armada levantó la restricción para movilizarse en vehículos. Así, se empezó a advertir más movimiento en las calles: la gente aprovechó para salir a comprar alimentos. Y los pequeños comerciantes, ávidos de ventas, levantaron las persianas de sus negocios; pero con la incertidumbre respecto a cuánto más se prolongará la crisis: sucede que el desabastecimiento, señalan, comienza a sentirse. Clarín pudo corroborar esta situación en recorridas por distintos sectores.

Ya por la tarde, una intensa lluvia volvió a dejar desierta la ciudad y entonces, otra vez, quedar a solas los protagonistas de estos días: la policía y los más violentos, que tras un descanso más por necesidad que por convicción, se propusieron acercarse a la Asamblea Nacional.

No tuvieron éxito: superados ampliamente en número, fueron repelidos rápido por los efectivos. El reloj, por entonces, y marcaba las 15, hora en la que se había pactado el inicio de las negociaciones. “Justo vinieron ahora que tienen que estar allá, en el diálogo. No se entiende”, dijo ya harto un policía, todavía algo agitado, ante Clarín. Minutos después, llegó un comunicado: la reunión se había demorado.

BLOG COMMENTS POWERED BY DISQUS
Cargando...