Por qué la guerra en Yemen involucra a Irán y a Arabia Saudita y complica a todo Oriente Medio

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El ataque que se adjudicó la milicia hutí, que paralizó la mitad de la producción de la mayor empresa petrolera de Arabia Saudita y produjo un alza importante del precio del crudo

en todo el mundo, desnudó una realidad que pocos quieren aceptar: la guerra en Yemen se convirtió hace tiempo en un conflicto internacional.

 

El ataque que se adjudicó la milicia hutí, que paralizó la mitad de la producción de la mayor empresa petrolera de Arabia Saudita y produjo un alza importante del precio del crudo en todo el mundo, desnudó una realidad que pocos quieren aceptar: la guerra en Yemen se convirtió hace tiempo en un conflicto internacional.

El movimiento rebelde hutí nació en los años 90 con el objetivo de proteger las tradiciones religiosas y culturales de la minoría shiíta Zaydi que vive en el norte de Yemen y que enfrentaba las influencias del islamismo ultraconservador dominante del otro lado de la frontera, en la poderosa monarquía de Arabia Saudita y principal país sunnita.

Con la invasión de Estados Unidos a Irak en 2003, los hutíes se radicalizaron y comenzaron a confrontar militarmente con el entonces gobierno nacional de Ali Abdullah Saleh y, más esporádicamente, con su aliado regional Arabia Saudita.

 

Pero fueron las protestas antigubernamentales de 2011, en el marco de la Primavera Árabe, las que les permitieron ampliar su apoyo popular y comenzar a expandir su control territorial desde el norte hacia el centro del país.

En septiembre de 2014, y tras una alianza con su antiguo enemigo, el derrocado presidente Saleh, los hutíes lograron tomar la capital, Sanaá, y expulsaron al presidente y nuevo aliado de los sauditas, Abdo Rabu Mansur al Hadi, quien se exilió en Riad.

Esa victoria cristalizó, en primer lugar, el apoyo militar de la principal potencia shiíta de la región, Irán, una alianza que venía denunciando Arabia Saudita. En segundo lugar, fue el detonante para que la poderosa monarquía vecina se pusiera al frente de la guerra contra los hutíes.

En marzo de 2015, Arabia Saudita lanzó una campaña de bombardeos aéreos contra Yemen y, más tarde, bloqueó completamente el país, con el apoyo de una coalición de países árabes y con el visto bueno de sus socios y proveedores de armas occidentales, Estados Unidos, Reino Unido y Francia, principalmente.

Desde entonces, el conflicto se ha ido extendiendo y los combates se propagaron por todo el país. En todo Yemen se cometen crímenes de guerra y abusos contra los derechos humanos: un informe difundido por la Comisión Europea en diciembre de 2018 estima en 60.000 las víctimas mortales del conflicto, frente a los 10.000 que mantiene la ONU en sus registros desde 2016

Hace unas semanas, un grupo de investigadores de la ONU concluyeron que Estados Unidos, Reino Unido, Francia e Irán "podrían ser cómplices de crímenes de guerra en Yemen porque proveen armas a varios actores involucrados en el conflicto".

El año pasado, tras el asesinato de un periodista disidente saudita y ante los llamados de la ONU a frenar la crisis humanitaria en Yemen, creció la presión internacional para que estas potencias occidentales suspendieran sus ventas de armas a Arabia Saudita.

AFP

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En Washington, hasta el Congreso aprobó una ley para prohibirlas, pero el presidente Donald Trump la vetó.

Cuanto más crecía la ofensiva saudita contra los hutíes, más notoria se hacía la ayuda militar iraní, que le garantizó sistemas de armas mucho más avanzados a la milicia.

Estas nuevas capacidades militares le permitieron a los hutíes ampliar su capacidad de ataque y a los golpes poco efectivos en la zona fronteriza le siguieron bombardeos cerca de la capital Riad, contra el aeropuerto internacional de Abha y contra el único oleoducto que une el Golfo Pérsico con el Mar Rojo.

La actual República de Yemen surgió en 1990 tras la unificación de la República Árabe de Yemen (Norte) y la República Popular Democrática de Yemen (Sur). 

Yemen del Norte alcanzó la independencia en 1918 con la partición del Imperio Otomano, mientras que los británicos mantuvieron el control en el sur del país hasta 1967, cuando nació Yemen del Sur. Los dos países se unificaron formalmente como la República de Yemen en 1990.

Un movimiento secesionista en el sur fue rápidamente disipado en una breve guerra civil en 1994. En 2000, Yemen y Arabia Saudita acordaron la delimitación definitiva de sus fronteras.

Junto con Arabia Saudita e Irán, el otro país de la región que está ganando poder en la guerra en Yemen es Emiratos Árabes Unidos.

Esta pequeña pero rica monarquía ingresó al conflicto como parte de la coalición árabe liderada por Riad, pero eventualmente construyó sus propios intereses y hoy es la potencia externa dominante en el sur del país, la zona históricamente más desarrollada de Yemen y mejor conectada al mundo por sus puertos del Golfo de Adén.

Mientras Arabia Saudita apoyó a milicias locales cercanas a la Hermandad Musulmana, un movimiento regional, y priorizó el norte del país, fronterizo con su territorio, los Emiratos se concentraron en el Sur y apoyaron a un grupo secesionista rival de las milicias locales pro sauditas y del gobierno en el exilio de Hadi, el Consejo Sureño de la Transición.

Y si este mapa de potencias regionales y aliados internacionales no era suficientemente complejo, el ataque del sábado pasado contra la petrolera saudita despertó sospechas de que los aviones no tripulados de los hutíes despegaron desde Irak.

Tras la invasión de 2003, la mayoría shiíta tomó el poder bajo la tutela de la ocupación estadounidense, lo que eventualmente produjo una construcción de poder poco común en la región: un gobierno muy cercano a Estados Unidos e Irán.

fuente clarin

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