Las tensiones entre Corea del Norte y Corea del Sur se trasladan al fútbol

Internacionales
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Chom Sánchez. La Vanguardia

Las tensiones intercoreanas por los ensayos nucleares de Corea del Norte han aumentado en los últimos meses. Las negociaciones fallidas entre el régimen socialista y EE.UU han

facilitado este reciente crescendo prebélico.

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El azar de un sorteo trasladará la tensión al terreno de juego de un deporte en el cual hierven las pasiones populares. Unas pasiones que los líderes políticos han sabido azuzar históricamente con intenciones nacionalistas. Las dos Coreas se cruzarán en los próximos meses en el grupo de clasificación para el Mundial de fútbol de Qatar en 2022. En el Grupo H también han caído las bolas de Líbano, Turkmenistán y Sri Lanka.

Tras décadas de relaciones tempestuosas, han permitido que ambos países estén sobradamente preparados para una eventual guerra. No queda claro siquiera si se celebrará el partido en Pyongyang del 15 de octubre. El 4 de junio de 2020, los surcoreanos recibirán la visita de sus vecinos septentrionales.

La mayoría de analistas sostienen que el partido sí se celebrará porque el líder Kim Jong-un, la tercera generación de la dinastía en el poder, es un apasionado de los deportes y le gusta cultivar una imagen de estadista internacional mientras persigue su sueño nuclear. Corea del Sur jugó por última vez en la capital de Corea del Norte en 1990. Era un amistoso. Posteriormente hubo otras oportunidades como los cuatro partidos que les tocó jugar en la fase clasificatoria para el Mundial de Sudáfrica de 2010.

Kim Jong-Il, padre del actual mandatario, se negó entonces a permitir que los jugadores surcoreanos ingresaran en su país lo que obligó a la FIFA a reubicar sus partidos locales del país socialista en China, aliado y vecino del régimen norcoreano.

El argumento blandido entonces por Corea del Norte (se considera la legítima Corea) fue que era inadmisible el izado de la bandera ni que sonara el himno del sur en su territorio. Los partidos se jugaron en Shangai. Tres terminaron en empate y uno en victoria del equipo meridional. Aunque fue finalmente el equipo septentrional quien se clasificó para el mundial.

Su participación resultó decepcionante pues perdió todos los encuentros y no logró ningún tanto. Portugal les ganó por 7 a 0. Los jugadores a la vuelta a Pyongyang sufrieron castigos por parte del régimen.

En el balance domina Corea del Sur, ganadora de siete de los últimos 16 choques. Sólo ha sufrido una derrota contra Corea del Norte. Corea del Sur ha sido uno de los grandes equipos de fútbol asiático de las últimas décadas. Su mayor hito fue alcanzar las semifinales del mundial que coorganizó con Japón en 2002. Sólo cayeron contra la subcampeona Alemania. Antes, habían dejado atrás a España e Italia en encuentros con una polémica actuación arbitral.

También Corea del Norte tuvo un momento mundialista estelar. En el mundial de Inglaterra 1966 eliminó a Italia y sólo cayó en cuartos tras una remontada espectacular del Portugal de Eusebio.

Esta vez será un partido oficial del deporte rey que apasiona por igual a los coreanos de un lado y otro del paralelo 38. Se espera un choque intenso.

Nam Sung-wook, un experto de Corea del Norte en la Universidad de Corea de Seúl consultado por AP lo explica así: ”Los surcoreanos se enojarán si la selección nacional no se clasifica para la Copa Mundial. Tal vez podamos traer a Son Heung-min“.

Este jugador es la gran estrella nacional del fútbol y juega en el subcampeón de Europa, el Tottenham Hotspur de Mauricio Pochettino.

Pero, ¿de dónde viene la rivalidad entre ambas aficiones?

Las tensiones ideológicas de la segunda posguerra mundial desembocaron en 1950 en la Guerra de Corea, uno de los conflictos más sangrantes de la Guerra Fría. El norte, más industrializado quedó dentro de la esfera de los soviéticos (Estado socialista de Corea del Norte) mientras que el sur, más agrario y pobre, quedó bajo el centro de gravedad norteamericano.

Mientras la planificación económica de Pyongyang era comunista, la de Seúl seguía los criterios del capitalismo. Y en pocas décadas, las situaciones se han tornado: Corea del Sur se ha convertido en un país próspero tras experimentar un milagro económico y cuenta con índices de desarrollo humano punteros en contraste con el Norte, una de las dictaduras más herméticas sobre la faz de la tierra.​

Las pésimas relaciones políticas se trasladaron al mundo del deporte que se convertía en un campo de batalla donde dirimir las diferencias ideológicas entre los países hermanos. En esos choques era frecuente ver a los atletas y entrenadores del Norte negar el saludo o rechazar los apretones de manos con sus homólogos del Sur.

Corea del Norte boicoteó los Juegos Asiáticos de 1986. El escaparate de los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 pondría a Corea del Sur en el punto de mira de todo el mundo que admiraría los progresos de un país que sólo cuatro décadas antes sufría hambrunas. En ese contexto tuvo lugar la crisis del vuelo 858 de Korean Air. Era el 29 de Noviembre de 1987.

Dos agentes norcoreanos habían subido a ese vuelo de la compañía surcoreana y colocado una bomba en el compartimento superior antes de bajarse en el aeropuerto de Abu Dabi. La bomba explotó causando 115 muertos. Tras ser detenidos, los dos agentes ingirieron sendas cápsulas de cianuro. Uno murió al instante.

La única agente superviviente, fue trasladada a Seúl donde, tras arrepentirse, confesó que la orden provenía de los Kim, la dinastía comunista del norte, y tenía el objetivo de desestabilizar las inminentes elecciones y juegos de verano de Corea del Sur. La agente expresó su arrepentimiento.

Pero ha habido momentos mejores. Los juegos de invierno de Pyeongchang trajeron por segunda vez el espíritu olímpico a Corea del Sur. Esta vez, Kim Jong-un envió cientos de deportistas a su vecino mientras trataba de recomponer las relaciones diplomáticas. Ambas Coreas marcharon juntas en la ceremonia de apertura y conformaron un equipo femenino común en hockey sobre hielo.

La atmósfera positiva de los Juegos Olímpicos continuó a los Juegos Asiáticos en Indonesia en agosto pasado, cuando las dos Coreas presentaron equipos combinados en baloncesto, remo y piragüismo. Los partidos amistosos se sucedieron entre equipos mixtos llamados “Paz” y “Prosperidad”.

El pasado año en una cumbre bilateral las dos Coreas acordaron solicitar una candidatura conjunta para los Juegos Olímpicos de 2032 y enviar equipos combinados a los Juegos Olímpicos de Verano de 2020 en Tokio.

Ese era el clima de paz que reinaba hasta que las tensiones entre Washington y Pyongyang por el programa nuclear de este último desestabilizaron la región en los primeros meses de 2019. Y como consecuencia, las relaciones intercoreanas se volvieron a torcer.

Desde entonces, Corea del Norte ha ignorado los llamamientos de Corea del Sur para organizar equipos combinados para los grupos asiáticos de las fases de clasificación de los Juegos Olímpicos de Tokio. También se ha negado a enviar a los atletas norcoreanos a los campeonatos mundiales de natación en curso en la ciudad surcoreana de Gwangju.

Y es que los encuentros deportivos siguen siendo el fiel reflejo de la política en la península coreana. Un espejo de la tensión nuclear. Por eso, la respuesta a la pregunta si en octubre se materializará el encuentro en Pion yang interesa tanto a los hinchas asiáticos como a los expertos en geopolítica. Y a todos nos interesa que se juegue.

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