La nueva ruta de la droga: en veleros desde América hasta Oceanía, haciendo estragos en el paraíso

Internacionales
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Kate Lyons. The Guardian

Es la ruta de la droga de la que usted nunca escuchó hablar: una operación de miles de millones dólares que involucra a la cocaína y

las metanfetaminas que se empacan en los cascos de veleros en EE.UU. y América Latina y se transportan a Australia, a través de las islas del Pacífico Sur, que muy a menudo se las considera como destinos vacacionales, más que centros de distribución de estupefacientes.

En los últimos cinco años, hubo una explosión en la cantidad de embarcaciones, que a veces transportan más de una tonelada de cocaína, atravesando el océano Pacífico para abastecer el hábito de consumo de drogas creciente y muy lucrativo en Australia.

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En el medio de todo esto, se encuentran atrapados países como Fiji, al cual visitó The Guardian, como parte de una serie que investiga la ruta de la droga del Pacífico. Otros países afectados incluyen Vanuatu, Papúa Nueva Guinea, Tonga y Nueva Caledonia, cuyas aguas y playas se usan para almacenamiento de miles de millones de dólares en drogas ilegales.

Cientos de kilos de cocaína han llegado a playas remotas del Pacífico, barcos cargados con drogas han desembarcado en arrecifes de corales alejados, y los locales han descubierto enormes cargas de drogas almacenadas en redes subterráneas anexadas a balizas de GPS.

“Trace una línea directa entre Bogotá y Canberra y pasará directo atravesando las islas”, dice el Dr. Andreas Schloenhardt, profesor de derecho penal en la Universidad de Queensland.

El Pacífico ha sido un punto de tránsito en la ruta de la droga durante décadas, aunque las fuerzas de seguridad y los analistas de seguridad comentaron a The Guardian, que el uso de la ruta parece haber aumentado drásticamente en los últimos cinco años. Desde 2014, la policía federal australiana (en inglés, AFP) ha estado involucrada en la incautación de aproximadamente 7,5 toneladas de cocaína despachadas en pequeñas embarcaciones como yates, a través de la región y con destino a Australia.

Operativo anti droga en en un velero en Australia. EFE

Operativo anti droga en en un velero en Australia. EFE

En 2004, la policía incautó 120 kg. de cocaína en una playa en Vanuatu, un golpe que la AFP anunció como “la carga más grande en la historia de la nación del Pacífico”. Nueve años después, la policía incautó más de seis veces esa cantidad.

Desde 2016, hubo seis incautaciones importantes de drogas en la Polinesia Francesa. En 2017, un yate fue interceptado cerca de Nueva Caledonia con 1.464 toneladas de cocaína escondida en su casco y otra embarcación fue detenida fuera de la costa este australiana con más de 1,4 toneladas de cocaína a bordo. Cada uno de los envíos tenía un valor de más de 200 millones de dólares.

“Las incautaciones se amplían, se trafican cantidades cada vez mayores”, dice Schloenhardt.

Violencia terrible

La región está atrapada en una tormenta perfecta. La producción de cocaína está en su mayor índice. Al mismo tiempo, explotó el apetito por el consumo de cocaína en Australia y Nueva Zelanda, que tienen los índices más altos de consumo de cocaína per cápita en el mundo.

Los australianos y neozelandeses también pagan más por la droga (aproximadamente 300 dólares australianos o unos 200 dólares por gramo) que en otros lugares del mundo, convirtiéndolo en un mercado lucrativo.

Las drogas ingresan a Australia a través de una variedad de medios que incluyen cargueros, cruceros y transporte aéreo. Una azafata de Fiji fue arrestada en diciembre de 2018 por intentar exportar cocaína y en marzo, la policía arrestó a dos hombres, uno de los cuales era un empleado en el aeropuerto de Sidney, por ser parte de una operación de tráfico de metafentaminas.

Una cabeza de caballo cubierta de diamantes ocultaba 10 millones de dólares en cocaína en Nueva Zelanda.

Una cabeza de caballo cubierta de diamantes ocultaba 10 millones de dólares en cocaína en Nueva Zelanda.

Pero dadas las medidas de seguridad estrictas involucradas en el transporte aéreo, los mayores controles aduaneros en los aeropuertos en muchas naciones del Pacífico y el hecho de que haya muy pocos vuelos directos entre América Latina y Australia y Nueva Zelanda, embarcar las drogas y trasladarlas por el Pacífico se convirtió en una manera cada vez más rentable y popular para los distribuidores de drogas de conseguirlas en ese destino.

“Lo desafortunado es que el Pacífico está en el centro de todo esto”, dice Tevita Tupou, gerente de operaciones para la Organización de Aduanas Oceánicas.

Algunas de las naciones más grandes del Pacífico están comenzando a ver adicciones serias a la cocaína y la metanfetamina, como así también violencia y delitos de pandillas asociados y corrupción policial.

El superintendente Brett Kidner, quien sirvió como oficial de enlace de alto rango para la AFP en la región del Pacífico desde 2016 hasta el comienzo de 2019, dijo durante su período de servicio en Suva, que notó un “cambio en las actitudes” hacia las drogas ilegales entre las naciones del Pacífico.

“Mientras que inicialmente las consideraron predominantemente un problema para Australia y Nueva Zelanda, y estos eran simplemente puntos de tránsito, finalmente, comenzaban a ver un aumento significativo en su uso interno… Definitivamente vi un aumento en el consumo en Fiji, Tonga, Samoa”.

Una cabeza de caballo cubierta de diamantes ocultaba 10 millones de dólares en cocaína en Nueva Zelanda.

Una cabeza de caballo cubierta de diamantes ocultaba 10 millones de dólares en cocaína en Nueva Zelanda.

El envío transnacional de drogas a través del Pacífico no es la única causa del problema de drogas interno creciente en Fiji, dice el comisionado de policía del país, Sitiveni Qiliho, quien habló con The Guardian en una embarcación policial durante una patrulla a lo largo de la costa oeste de la isla principal de Fiji’. La industria del turismo floreciente y el aumento de la riqueza en el país también son parte del problema.

“Cuando [los traficantes] ingresan las drogas, normalmente entregan unos kilos para pago y eso es lo que va al mercado, por lo tanto, aumenta el consumo”, dice Qiliho.

Ian Collingwood, que vivió en Fiji durante casi toda su vida y ha caído en la adicción a las drogas, le contó a The Guardian que el problema del país con las drogas no se puede seguir describiendo como emergente, sino como “ya bien instalado y considerable”.

Una tarde de sol, conversando en un café popular en Nadi, dice: “A cien metros de donde estamos, puede comprar metanfetaminas y cocaína, sencillamente así, sin problemas. Sin ningún problema”.

Collingwood dice que con las drogas llegó una “violencia terrible, terrible”.

“Al igual que en cualquier país, en la parte superior de la cadena alimentaria, los distribuidores de drogas son los hombres peligrosos, muy, muy malos, fenomenalmente malos”, afirma.

“Te secuestran y te dejan entre los arbustos en algún lugar, te quiebran las rodillas o peor, te arrojan ácido a la cara, te matan. Este es fenómeno reciente. En los últimos 12 a 24 meses, sugeriría que hubo seis, siete, ocho muertes al menos por este tema”.

Es un problema para el cual las naciones del Pacífico no están bien preparadas.

No hay datos recogidos en Fiji sobre el consumo o adicción a las drogas. No hay centro de rehabilitación en Fiji, ni clínica para metadona, ni especialistas en adicciones, ni siquiera una reunión de Narcóticos Anónimos. Collingwood dice que tampoco hay aceptación de la adicción como una enfermedad.

Si los adictos quieren o necesitan tratamiento, terminan en St Giles, el hospital psiquiátrico en Suva, que informó que casi un 20% de sus pacientes en un año, desde mayo de 2017 hasta abril de 2018 fueron tratados por temas de abuso de sustancias, en su mayoría por adicción a metanfetaminas.

“Nadie se ha recuperado aquí, no existe algo así”, dice Collingwood. “Conozco cantidades de personas aquí que quieren hacerlo, pero no saben qué hacer”.

El genio salió de la botella

Una pared de la oficina de Organización de Aduanas Oceánica en el centro de Suva está cubierta por un mapa colorido enorme del Pacífico, desde Australia y Palau en el oeste hasta la Polinesia Francesa en el este. Tevita Tupou camina para mostrar el nivel de desafío que enfrentan las fuerzas de seguridad en la región, quienes, relata, están comprometidos en una lucha de “David contra Goliat” contra un enemigo criminal constantemente innovador, creativo y bien plantado.

“Cubrimos un tercio de la masa del mundo”, dice, señalando el mapa. Tupou chequea los desafíos con sus dedos. “Fronteras porosas, fronteras marítimas, extensión geográfica, recursos limitados. Este es nuestro entorno operativo”. Se ríe. “¿Por dónde empezaría usted?”.

“Esta es probablemente la lucha de nuestra generación, si la perdemos ahora, estamos listos”, dice Tupou.

Tupou cree que Fiji y sus vecinos del Pacífico no podrán volver nunca a la época anterior a que las drogas duras fueran un problema interno. El genio salió de la botella.

“No se puede erradicar el tema de las drogas, porque siempre habrá demanda, siempre habrá dinero que se obtenga a partir de ellas, pero podemos hacérsela difícil”, dice. “Ese es nuestro objetivo final… lo único que podemos hacer es simplemente que el delito sea aleatorio”.

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