Guerra con China: El riesgo de un abismo recesivo del otro lado de la cortina digital de Trump

Internacionales
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Donald Trump visita Japón, el país contra el cual EE.UU. en los ‘80 lanzó una guerra comercial implacable que llegó a castigar sus productos con aranceles de hasta 100%. Ese

antecedente, que acorraló a la entonces segunda economía del planeta, vuela hoy en la memoria de los analistas como espejo del actual conflicto con China, la potencia que relevó al archipiélago nipón como el mayor adversario comercial de EE.UU.

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Trump está en Japón en una visita oficial, pero hacia allí volverá en unos pocas semanas, a fines de junio, para la cumbre de Osaka del G-20. Se verá entonces con su colega Xi Jinping y puede ser la chance para que los dos líderes renueven la tregua que habían pactado en Buenos Aires el año pasado.

El presente es ya ominoso por lo que produce el intercambio de castigos y represalias entre las dos mayores economías globales. Pero si no hay un acuerdo, el cuadro se agravará para todos por eso los mercados han perdido la calma.

Si ese avance no se produce, y Washington amplía las penalidades sobre el total del comercio con el gigante asiático, la economía global se despeñará a la recesión y las tasas caerán a cero, según el pronóstico de Morgan Stanley.

Donald Trump y el principal negociador comercial chino, el viceministro Liu He AFP

Donald Trump y el principal negociador comercial chino, el viceministro Liu He AFP

Chetan Ahya, economista jefe de ese poderoso banco de inversiones, informó en una nota a sus clientes que en un escenario de empeoramiento del vinculo sino-norteamericano, los bancos centrales deberán ajustar sus políticas monetarias para proveer respaldo a una encomia en deterioro agudizado. Eso se traduce en que la Reserva Federal (la FED norteamericana) podría “reducir las tasas hacia el cero por ciento para la primavera -del hemisferio norte- del año próximo”.

La parte acaso buena del descalabro es que tasas bajas implican mejores flujos de capital hacia los suburbios mundiales como sucedió durante el amplio proceso de reacomodamiento tras la gran crisis de 2008. El problema, sin embargo, es que esto se produciría en un contexto de retracción.

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La agudización del conflicto con China y el colapso resonante del Brexit británico, configuran una pinza en el cuello de la economía mundial. De modo que el comentario de Ahya es tanto advertencia como reconocimiento de que la dinámica de la crisis puede llevar efectivamente a un desenlace complicado.

Es destino multiplica la expectativa sobre Osaka. Los inversionistas suponen que se pondrá un freno por el daño mutuo que produce la crisis. El aislamiento impuesto por la Casa Blanca a Huawei, la firma estandarte del crecimiento tecnológico y científico de la República Popular, por su escala dispara quebrantos en sus proveedores occidentales. China solo el año pasado importó de una variedad de países 260 mil millones de dólares en semiconductores, gran parte de ellos de EE.UU. y Gran Bretaña. Más que las compras de petróleo.

Hay otros efectos que deberían observares. Huawei lleva tres años de adelanto en la investigación y desarrollo autónomo del 5G, la generación de conectividad que incrementa cien veces las capacidades actuales. EE.UU. necesita esa tecnológica y no debería retrasarla. Europa lo ha comprendido de ahí que negocia abierta o secretamente para abrir camino al aporte científico chino.

El otro problema refiere a la capacidad de réplica de Beijing. Los iPhone de Apple son el estandarte de telefonía celular de EE.UU. El aparato se fabrica casi totalmente en el gigante asiático. Pero el dato significativo es que esos equipos, como Huawei con Occidente, dependen de insumos de medio centenar de países, pero en su mayoría de la propia República Popular y Taiwan. Sus baterías son de la china Sunwoda, los sistemas de contacto, protección o metales, son de las chinas Cathay Tat Ming, Chengdu Homin o China Circuit Technology. El aparato lo ensambla Fosccom, fuertemente implantada en el gigante asiático, consiga un informe de El País de Madrid.

Apple o Hyundai son ejemplos de una interacción que ya no es posible revertir con muros tecnológicos. En Osaka se verá si además siguen siendo ejemplo de grandes oportunidades.w

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