Partidarios de Bolsonaro apuran al Congreso para que apruebe varias leyes clave

Internacionales
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En un momento crítico de la gestión del presidente Jair Bolsonaro, sin resultados económicos palpables y con varios derrapes importantes, los seguidores del mandatario se movilizarán hoy para presionar al Congreso

y exigirle que acelere la aprobación de las reformas prometidas por el militar ultraderechista.

Los actos, previstos en la capital y una decena de ciudades más, surgieron de la iniciativa de los grupos más radicales del bolsonarismo, en momentos en que el mandatario enfrenta, con menos de cinco meses en el poder, una erosión rápida de su popularidad y una ola de protestas en las universidades.

Bolsonaro con su ministro de Economía, Paulo Guedes. (AFP)

Bolsonaro con su ministro de Economía, Paulo Guedes. (AFP)

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La amplitud de la movilización del domingo será cotejada con la de cerca de 1,5 millón de estudiantes y profesores que el 15 de mayo protestaron en cerca de 200 ciudades contra los bloqueos de presupuestos para la educación.

Bolsonaro dijo que no participaría en ninguna de las marchas y recomendó a sus ministros que hicieran lo mismo, buscando así demostrar que la convocatoria es producto de la indignación popular. “Veo los actos del día 26 como una manifestación espontánea de la población, que de forma inédita se ha convertido en la principal voz de las decisiones políticas que Brasil debe tomar”, tuiteó días atrás.

Manifestaciones estudiantiles contra Jair Bolsonaro. (AFP)

Manifestaciones estudiantiles contra Jair Bolsonaro. (AFP)

En un desayuno con periodistas, Bolsonaro estimó que el domingo habrá “mucha gente”; pero mostró preocupación por la proliferación de llamamientos en las redes sociales a favor de un autogolpe que cierre el Congreso y la Corte Suprema. “Quien tenga esa agenda, se habrá equivocado de manifestación”, aclaró.

Los principales apoyos a las manifestaciones vienen de núcleos tan diversos como los discípulos de Olavo de Carvalho, el “gurú” ideológico de Bolsonaro, de grupúsculos de ultraderecha, de líderes de iglesias neopentecostales y de algunos gremios de camioneros.

Otros grupos de derecha, como el Movimiento Brasil Libre (MBL) y Vem Pra Rua, que tuvieron un papel clave en las marchas que respaldaron el impeachment en 2016 de la presidenta Dilma Rousseff, se abstuvieron de cualquier llamamiento o se pronunciaron en contra.

Cuando en abril pasado surgió la idea de hacer estas manifestaciones, la motivación principal pasaba por protestar contra el Supremo Tribunal Federal (STF), al que cuestionaban por limitar el accionar del gobierno. Pero luego fue cambiando para terminar convirtiéndose en un reclamo contra el Congreso, donde se trabaron leyes centrales enviadas por los ministros de Bolsonaro.

La última protesta estudiantil contra el presidente brasileño repercutió entodo el país. (Reuter)

La última protesta estudiantil contra el presidente brasileño repercutió entodo el país. (Reuter)

Las objeciones planteadas por legisladores y magistrados obligaron esta semana al presidente a modificar su decreto sobre el porte de armas, retirando una disposición que permitía a numerosas categorías de la población andar con fusiles semiautomáticos.

Pero lo más grave para el oficialismo es la batalla que está dando ante los legisladores opositores con el fin de aprobar la impopular reforma de las jubilaciones y pensiones, considerada esencial para equilibrar las cuentas públicas.

El ministro de Economía, Paulo Guedes, amenazó con renunciar si esa reforma se convierte en una “reformita” después de pasar por el Legislativo, en una entrevista publicada este viernes por la revista Veja.

Debido a la fragmentación del Congreso, con una treintena de partidos, cualquier proyecto requiere el apoyo del “Centrao” (”gran centro” en portugués), formado por unos 200 diputados -de un total de 513- de bancadas conservadoras que negocian arduamente sus votos.

Ese funcionamiento permitió la gobernabilidad de Brasil en las últimas décadas, pero también dio lugar a sonados casos de corrupción y contribuyó al desprestigio de la clase política, sobre el cual cabalgó la campaña electoral de Bolsonaro.

Las últimas encuestas realizadas por Ibope, al igual que otras, han registrado una acelerada pérdida de popularidad del gobernante. A finales de abril la tasa de aprobación se situaba en un 35%, frente a un 31% que lo consideraba regular y un 27% que lo calificaba de “pésimo”.

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