El viaje a las urnas de la Europa que no supera la larga crisis económica

Internacionales
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Las otras ocho veces, nunca nadie le dio importancia a estas elecciones para renovar a los 751 diputados en el Parlamento Europeo. Ahora, en cambio, la novena ocasión es el acontecimiento

político del año en la Unión de 28 países y todos la miran agarrándose la cabeza. El mundo está cambiando rápidamente, Europa vive una crisis orgánica y se teme que una buena parte de los 427 millones de ciudadanos convocados a las urnas entre el 23 y el 26 de este mes use el voto como una protesta por el crecimiento de las desigualdades intolerables para amplios sectores sociales.

Afianzada después de la caída del muro de Berlin y la disolución del comunismo europeo y la Unión Soviética, la Unión Europea que comenzó en 1957 con seis países y se ha alargado continuamente hasta convertirse en un enorme contenedor pleno de sueños y desilusiones, ha sufrido un proceso de desprestigio y deslegitimación a partir de la crisis económica iniciada en 2008, que sigue viva.

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Es seguro que de estas elecciones surgirá la realidad de una Unión Europea que debe cambiar profundamente con un proyecto de inclusión social que la reconfigure en todos los sectores. No se sabe cual será la dimensión del desafío de los grupos “soberanistas”, integrados por movimientos políticos nacionalistas de extrema derecha que están capitalizando el descontento de las clases medias que se sienten abandonadas por las élites, en primer lugar bancarias y financieras.

La nueva realidad mundial dominada por Estados Unidos y China como superpotencias estratégicas, ha debilitado a los europeos pese a que son el tercer gran espacio geopolítico, con más de 500 millones de habitantes y 4 millones de kilómetros cuadrados, pero también les ha demostrado que estar juntos es el único destino posible para contar.

El presidente estadounidense, Donald Trump ), recibe al primer ministro húngaro, Viktor Orbán EFE

El presidente estadounidense, Donald Trump ), recibe al primer ministro húngaro, Viktor Orbán EFE

El fatigoso camino del brexit británico, que después de tres años no ha logrado irse de la UE y hasta tiene que participar de las elecciones europeas, ha convencido a los “soberanistas” a abandonar las veleidades de hundir a la Unión. Ahora quieren gobernarla, conquistar o influir decididamente en el control de la Comisión, el órgano de gobierno. Su arma favorita de presión son los millones de pobres migrantes que huyen de las guerras y la miseria, para lo que explotan el miedo y los rencores populares que detestan la “invasión” .

El bloque mayoritario “europeista”, liderado por el Partido Popular Europeo, conservador, los socialdemócratas y los liberal democráticos, probablemente logrará retener el control aunque los populares y los socialistas perderán muchas bancas y no tendrán más de la mitad de los eurodiputados. Los salvarán los liberales con el refuerzo de los verdes.

El centro profundo sabe que para cambiar no queda mucho tiempo porque el nacionalismo penetra y se expande rápido. En los años 20 cambiaron velozmente la historia, con Mussolini, Hitler y otros dictadores, hasta la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial. La Europa que conquistó 70 años de paz tras siglos de guerras intestinas entre europeos, ha fracasado en el último paso, más glorioso y difícil: la integración unitaria en el proceso de federalización.

La receta contra la peor crisis económica que enfrentó la Unión Europea, iniciada en 2008, ha sido escrita por Alemania con la palabra “austeridad” para afrontrarla. El resultado ha beneficiado largamente a los germanos, pero ha debilitado estructuralmente a sus principales socios.

El dominio de la escena mundial por parte de Donald Trump y sus guerras comerciales y financieras, han puesto de nuevo contra la pared a los europeos. Este año y el que vendrá registrarán bajos niveles de desarrollo. La Italia populista de Matteo Salvini es una potencia en desgracia: última de los 28 países en crecimiento (0,1%), desocupación (11%), déficit del PBI (2,5%) y con una deuda pública más alta que el Everest: llegará al 133% en 2020 y al 135,4% en 2021. Alemania está en un ritmo de crecimiento también muy bajo, del 0,5%.

Matteo Salvini DPA

Matteo Salvini DPA

Las elecciones del Parlamento Europeo llegan en un momento crítico que pone en tensión todos los mecanismos y las políticas de la Unión. Se cree que los nacionalistas no llegarán a conquistar un tercio de los eurodiputados, porque si lo consiguieran tendrían en sus manos la clave para bloquear el funcionamiento parlamentario en los temas fundamentales que requieren mayorías calificadas.

Un personaje que adquiere relieve es el presidente francés, Emmanuel Macron. Pretende un papel protagónico en las futuras decisiones y señala la urgencia de dar vida a una Europa audaz en los cambios. Pero los sondeos señalan que “En Marcha”, liderado por Macron obtendría el 21%, por debajo de los neofascistas de Renovación Nacional de Marine le Pen, aliada de fierro de Matteo Salvini en el proyecto nacionalista, que lograría entre el 22 y el 24% Alemania pretende la presidencia de la comisión ejecutiva y tiene ya su candidato, designado por el Partido Popular Europeo. Es Manfred Weber, de la CSU de Bavaria, aliada a nivel nacional al partido de Angela Merkel, que anunció su retiro cuando cumpla el mandato.

Macron sabotea la estrategia alemana. Reclama que el nombramiento del presidente de la comisión no sea solo una formalidad sino una decisión de fondo de los jefes de Estado y de gobierno. Maniobra para sostener una alternativa a Weber, que sería el francés Michel Barnier, óptimo negociador europeo del Brexit con los británicos.

Estas fricciones pueden convertirse en un conflicto para los nombramientos y las orientaciones en la Unión Europea, justo cuando necesita más unidad para afrontar un futuro que se presenta pleno de sombras.

Por el lado de los nacionalistas, las principales limitaciones están en su propia índole, que los obliga a privilegiar absolutamente los intereses nacionales de cada Estado. Por eso es que los propios socios del populista Matteo Salvini han construido el muro de rígida defensa de los compromisos dentro de la Eurozona para sostener la fortaleza de la moneda única, el euro, que manda al traste la desesperación italiana por obtener un aflojamiento en las exigencias de Bruselas. El primer ministro austríaco, el ultraconservador Sebastian Kurz, que tiene por aliado interno al FCO, creado por ex oficiales nazis, dijo que no se permitirá a Italia que viole los parámetros del Tratado de Maastrich.

Los programas populistas italianos prevén el crecimiento con déficit, pero la Unión Europea hará funcionar en octubre la guillotina a la ley de presupuesto 2020 si Italia no encuentra 30 mil millones de euros extra para equilibrar sus cuentas. Todo indica que en la península se va a un choque formidable entre los socios populistas y a una vía sin salida en los manotazos para sostener una economía que hace agua.

También los nacionalistas del Este europeo se hacen virtuosos a la hora de manejar las cuentas financieras. La razón es simple: Polonia aporta 3 mil millones de euros anuales a la Unión Europea y recibe casi 12 mil millones de Bruselas. Hungría manda 821 millones y Europa le da 4 mil millones de euros. La situación es similar en Eslovaquia, República Checa y Rumania.

El primer ministro Viktor Orban, el nacionalista adorado como modelo por Salvini, va camino de una victoria en las elecciones europeas, con su política de fronteras hechas con torretas de seguridad y toneladas de alambres de puas para detener la inmigración clandestina. Orbán será el verdadero ideólogo de los soberanistas. Acaba de recibir un espaldarazo formidable: se lo propino en persona el presidente Trump, elogiando su gestión, que incluye recortes de las libertades individuales, restricciones a la prensa y a la justicia. Todo un modelo iliberal que Salvini en Italia aplicará si pronto llega a convertirse en jefe del gobierno. Habrá que ver cuál es el responso de las urnas del domingo 26.