La CIA no dejará que Donald Trump proteja al príncipe Mohammed bin Salman

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Para contextualizar la acusación de la Agencia Central de Inteligencia de que el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, ordenó el asesinato de Jamal Khashoggi en Estambul, vale la pena recordar la última vez que la CIA culpó al líder de un aliado de Estados Unidos de ordenar personalmente el asesinato de un crítico.

El 21 de septiembre de 1976, Orlando Letelier, un exministro chileno que entonces trabajaba en un centro de estudios en Washington, fue asesinado mediante una bomba instalada en su auto, junto con una colega estadounidense. Un grupo de extremistas cubanos de derecha había colocado la bomba, pero ¿por instrucciones de quién? La primera investigación asignó la responsabilidad a agentes de inteligencia chilenos, entre ellos un estrecho aliado del dictador Augusto Pinochet. Dado que el general era considerado un baluarte importante contra la propagación del comunismo en América Latina, altos funcionarios de Estados Unidos, entre ellos el secretario de Estado Henry Kissinger, deseaban que no fuera culpado.

La CIA, que había apoyado a la dictadura, finalmente concluyó que Pinochet dio la orden, 11 años después del asesinato, cuando el dictador ya estaba en las etapas finales de su largo régimen.

La CIA, que había apoyado a la dictadura, finalmente concluyó que Pinochet dio la orden, 11 años después del asesinato, cuando el dictador ya estaba en las etapas finales de su largo régimen.

Hay algunos paralelos con el asesinato de Khashoggi. Los funcionarios, incluido el propio presidente Donald Trump, parecen dispuestos a proteger al príncipe Mohammed, más conocido como MBS, sobre la base de que es crucial para las ambiciones de la administración en Oriente Medio, y especialmente para la confrontación con Irán. Una investigación en Riad ha apuntado a altos funcionarios saudíes, entre ellos un estrecho colaborador de MBS. Pero en esta ocasión, la CIA ha tardado algunas semanas en acusar al príncipe por el asesinato del columnista del Washington Post.

Esto nos dice algunas cosas. En primer lugar, la CIA debe asegurarse de tener pruebas contundentes de la supuesta responsabilidad del príncipe, incluyendo cintas e interceptaciones telefónicas. Segundo, la agencia debe creer que MBS no es esencial para los intereses de seguridad de EE.UU. en la región. Si los espías hubieran estado de acuerdo con la evaluación del presidente, es poco probable que hubieran filtrado su conclusión de la culpabilidad de MBS. Esto es significativo porque la CIA trabaja en estrecha colaboración con sus homólogos saudíes, y no habría tomado tal determinación a la ligera. Y tercero, la CIA está decidida a no involucrarse en un encubrimiento tan mal visto.

¿Y ahora qué? A pesar de los esfuerzos de Trump de hablar con evasivas sobre la conclusión de la CIA ("¿Quién puede saberlo realmente?", dijo en una entrevista con Fox News), el nombre de MBS ahora está firmemente en la palestra. En el Congreso, hay un creciente clamor bipartidista para que se tomen medidas contra el príncipe. La senadora republicana Lindsey Graham, que durante mucho tiempo ha apoyado a Arabia Saudita y ha sido una de las principales candidatas a presidir el comité judicial del Senado, ha declarado a MBS "desequilibrado" y ha prometido medidas punitivas. Si los congresistas llevan su indignación a su conclusión natural, podrían exigir que las sanciones de la administración Trump a 17 ciudadanos saudíes por el asesinato de Khashoggi se extiendan al propio MBS.

Ahora que la CIA y el Congreso están de acuerdo sobre MBS, otros gobiernos también podrían animarse a tomar medidas. La canciller alemana Angela Merkel ya ha suspendido la venta de armas a Arabia Saudita y ha dado a conocer su opinión directamente al padre de MBS, el rey Salman bin Abdulaziz. Alemania también ha dicho que prohibirá la entrada a 18 saudíes, aduciendo a sus supuestos vínculos con el asesinato de Khashoggi. Y se esperan más sanciones por parte de Europa.

Los rivales de Arabia Saudita están aún más empoderados. El presidente turco Recep Tayyip Erdogan, que ha continuado su presión sobre MBS sin nombrarlo, ahora se sentirá reivindicado. Los turcos ya han señalado que tienen aún más evidencia, incluida una segunda cinta. Irán también se beneficia del continuo oprobio internacional sobre un enemigo declarado.

Sin duda habrá otras consecuencias más impredecibles de la conclusión de la CIA sobre la responsabilidad de MBS. A diferencia del general Pinochet, el príncipe no tiene a los espías estadounidenses de su lado.

C. P.

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