Gérard Depardieu, el amigo de Vladimir Putin que provoca con su visita a Corea del Norte

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Eusebio Val. La Vanguardia

El mejor papel de Gérard Depardieu es el de gran provocador de los franceses. El reciente viaje del actor a Corea del Norte, con motivo de los

fastos del 70.º aniversario de su régimen comunista hereditario, ha generado titulares de perplejidad. El hombre que con tanto talento encarnó en el cine a Cristóbal Colón y a Cyrano de Bergerac no cesa de sorprender a sus compatriotas por sus amistades con autócratas y dictadores.

“El extravagante señor Gérard, el hombre sin límites”, escribió el diario Le Parisien, que le dedicó la primera página y dos en su interior. El semanario Paris Match escogió la escapada de Depardieu a Pyongyang como el reportaje principal en su último número, con divertidas fotos en exclusiva y un texto escrito por su amigo el realizador Yann Moix, que filmó un documental sobre la estancia. Según Moix, el show del desbordante actor empezó ya en el vuelo de Bejinig a la capital norcoreana y continuó luego con los guías que el régimen le puso a disposición. Aquejado de un problema de rodilla, Depardieu se movió casi siempre en silla de ruedas.

Con Vladimir Putin.

Con Vladimir Putin.

Durante sus días en Pyongyang se produjo un problema de salud un poco cómico, que podría ser una buena escena de cualquier película suya. Mientras visitaba la zona desmilitarizada con Corea del Sur –uno de los escenarios más calientes de la guerra fría–, el insigne visitante galo sintió el deseo de comer un helado. Los militares pudieron satisfacer su apetito. Pero al atacar la bola que le sirvieron, Depardieu notó que se le quebraba un empaste dental. El percance no fue grave. A su regreso a la capital norcoreana, en el Friendship Hospital, un médico que hablaba portugués reparó el diente.

Durante la semana en Corea del Norte, Depardieu logró cautivar a su intérprete, Su Zon, quien –siempre según el amable relato de Moix– se despidió del huésped entre lágrimas. El actor le llamaba, cariñosamente, “mon petit lapin bleu” (mi pequeño conejo azul) y le dijo que le gustaría que pudiera visitar el Louvre una vez en su vida. Cuando le preguntaron al intérprete por qué lloraba, Zon contestó: “Por que él dice siempre lo que piensa, monsieur Gérard es como un tifón, un tifón que siembra la alegría”.

En Francia no tratan a Depardieu con tanta gentileza. Los problemas se han multiplicado desde que en el 2012 salió a la luz su exilio fiscal en Bélgica. El actor es objeto en este momento de una investigación judicial preliminar tras una denuncia por violación presentada por una joven actriz. Los presuntos hechos se habrían producido el mes pasado en París.

Ruso. Depardieu, en marzo pasado, votando en la embajada de Rusia en París. Reuters

Ruso. Depardieu, en marzo pasado, votando en la embajada de Rusia en París. Reuters

El viaje a Pyongyang y la denuncia de la actriz no son las únicas noticias que ha protagonizado Depardieu en los últimos días. Según un periodista turco, el actor querría entrevistarse en octubre con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, para solicitarle la nacionalidad. El artista obtuvo ya el pasaporte ruso, en medio de una gran controversia nacional, en el 2013. Vladímir Putin es uno de sus líderes admirados. Un año antes, en el 2012, Depardieu se dejó invitar por el líder checheno, el siniestro Ramzán Kadírov.

Ese chocante amor de Depardieu por los dictadores ha llevado a Le Parisien a consultar incluso con un psiquiatra. Gérard Miller atribuye la actitud a la infancia del artista y a la relación que tuvo con su padre, un hombre callado y que, al parecer, se lo consintió todo. De ahí vendría, según el médico, ese anhelo insaciable de Depardieu de buscar siempre una figura de padre fuerte, de alguien que ejerza una verdadera autoridad.

Algunos amigos atribuyen la relación conflictiva de Depardieu con Francia a la rabia por la muerte de su hijo Guillaume, que falleció a los 37 años de una neumonía. Guillaume fue un joven conflictivo, con graves problemas de drogas y víctima de un grave accidente de moto. Llegó a pasar por la cárcel tras ser condenado por importación y tráfico de heroína. “Mataron a mi hijo por dos gramos de heroína”, declaró una vez el actor en una entrevista con un medio estadounidense. La ira interna de Depardieu, pues, se habría canalizado hacia un histrionismo genial, como actor, y una conducta irreverente y provocadora en su vida privada y en sus afinidades políticas.

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