Tras diez años de guerra, la capital de Chechenia renace como la Dubai del Cáucaso

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Diez años después de la guerra, Chechenia reluce: rutas nuevas, modernas mezquitas, techos de chapa nueva y hasta rascacielos, los únicos de toda la región. Sus habitantes están tan

orgullosos de ellos que hay quien llama a Grozni la “Dubái del Cáucaso”. Es evidente que el presidente de esta república rusa, Ramzán Kadirov, puso la escoba a trabajar con conciencia.

También barrió con la memoria: pocos indicios recuerdan la cruel y larga guerra contra el ejército ruso que asoló la ciudad en la década de los noventa. La limpieza, llevada a cabo con la inestimable ayuda de sus antiguos enemigos de Moscú, fue a fondo y borró las huellas del conflicto y, de paso, también la disidencia, a los homosexuales y a los derechos humanos.

Pero no importa cuantos setos podados en forma de animalitos se empeñe en poner en sus rotondas. Nada sirve para disimular la omnipresencia militar o los controles en las fronteras, donde todos los hombres son obligados a bajar de los vehículos para ser inspeccionados -parece ser que en Chechenia las mujeres no tienen malas intenciones-.

La limpieza resplandeciente de la república tampoco puede ocultar los puestos de control a la entrada de los pueblos o la necesidad de cambiar de colectivo en Ingushetia para llegar a Vladikaukas, la capital de Osetia del Norte. Hace quince años de la masacre de la escuela de Beslán, y los osetios aún recelan de sus vecinos chechenos.

Imágenes de la destrucción que sufrió Chechenia durante la guerra se observan en sectores renovados de la Grozni. / Shutterstock

Imágenes de la destrucción que sufrió Chechenia durante la guerra se observan en sectores renovados de la Grozni. / Shutterstock

Aislada en su burbuja, sólo una decena de fotografías colocadas a lo largo de la avenida Vladimir Putin (los "Campos Eliseos" de Grozni) recuerdan que no hace tanto la ciudad estaba en ruinas. Cuesta creer que este es el mismo lugar desolado que en 1999 grabó el reportero catalán Miguel Gil, uno de los escasos periodistas que pudo testimoniar el martirio de la capital.

Donde antes había escombros ahora se ve la opulencia con la que el Kremlin contenta a Kadirov para mantenerlo a raya. La avenida comienza con un incalificable parque del amor donde las parejas pasean bajo pérgolas en forma de corazón y miles de macetas colgantes con flores.

Arquitectura, religión y política

Al fondo, las cuatro joyas de la corona chechena: los únicos rascacielos que se pueden contemplar en todo el Cáucaso. Las torres, protegidas por un complejo amurallado al que se accede a través de un control de seguridad, son uno de los dos puntos turísticos de la ciudad (sí, el turismo ruso ha empezado a llegar tímidamente). Desde lo alto de una de ellas se puede contemplar la ciudad, aunque con limitaciones. Un guardia de seguridad se cuida de que nadie fotografíe el complejo presidencial, que ocupa gran parte de la panorámica.

En cambio, no hay ningún impedimento para fotografiar los cimientos de la Akhmat Tower, el futuro rascacielos en homenaje al asesinado Ajmat Kadirov, padre del actual presidente, cuyo nombre y efigie son omnipresentes. El edificio de 102 plantas será el más alto de Europa, una especie de torre de Mordor inspirada en las torres vigía de los montes caucásicos.

La figura de Ajmad Kadirov, que fue asesinado en 2004 y es el padre del actual presidente de Chechenia Ramzán Kadirov, está presente en todas las obras de renovación de Grozni. / AP

La figura de Ajmad Kadirov, que fue asesinado en 2004 y es el padre del actual presidente de Chechenia Ramzán Kadirov, está presente en todas las obras de renovación de Grozni. / AP

Tras visitar los rascacielos, los tours rusos se detienen a admirar la imponente mezquita central (también llamada Ajmat Kadirov), inaugurada en 2008 e inspirada en la célebre mezquita Azul de Estambul. A su entrada, una mujer inspecciona a cada una de las visitantes para asegurarse de que no les asome ni un mechón de pelo a través del pañuelo. Militares fuertemente armados revisan mochilas y bolsos.

Tras la visita al templo, vuelven a los colectivos y se marchan de Grozni, cuya traducción en ruso es “La temible”. La cara de Vladimir Putin está por todas partes junto a la de Kadírov padre y las valijas de dinero del Kremlin mantienen en paz la región. Pero nada de eso puede borrar de la memoria de este pueblo ingobernable las dos guerras de los noventa y 2000 y las deportaciones masivas dictadas por Stalin.

Con un desempleo del 14% y un ingreso per cápita media dos veces inferior a la rusa, cuesta comprender cómo tantas jóvenes luzcan bolsos y zapatos de marcas de lujo y que la calle principal de la ciudad sea una sucesión de elegantes tiendas de ropa masculina, cafés dignos de París, hamburgueserías con los colores de la bandera estadounidense y restaurantes de sushi.

En toda la larga avenida, sólo hay un establecimiento donde sirvan comida tradicional. Los chechenos quieren dejar atrás la etiqueta de parias internacionales. Grozni quiere ser una gran capital, aunque el silencio y la escasez de comercios en las calles aledañas hagan pensar más bien que, en realidad, todo es un espejismo. Muy caro, por cierto.  

La renovación urbana de Grozni fue financiada por Moscú como una forma de mantener la paz. / Shutterstock

La renovación urbana de Grozni fue financiada por Moscú como una forma de mantener la paz. / Shutterstock

Uno de los pilares de la política de Kadirov es la exaltación del orgullo nacional, encarnado en la idea mítica de un pueblo guerrero e indómito. Y no hay un símbolo que encaje mejor en este propósito que el inexpugnable desfiladero de Argún y sus legendarias torres de vigilancia medievales.

Este estrecho y escarpado camino entre montañas fue por siglos no sólo la ruta natural hacia los territorios del sur –de vital interés para Rusia–, si no el refugio ideal en tiempos de guerra. Esta fue la barrera que los rusos no pudieron traspasar cuando, tras criminales bombardeos, lograron expulsar a las fuerzas chechenas de Grozni. Como ya lo habían hecho durante siglos, las montañas sirvieron de fortaleza para los rebeldes. Esa situación de empate facilitó una solución pactada –previo pago al clan Kadirov– entre Moscú y los independentistas bajo la fórmula “paz a cambio de dinero”.

Dicen que todavía quedan unos 2.000 guerrilleros. Y debe ser cierto porque la zona de Argún es un continuo desfile de columnas de blindados y camiones militares rusos. Pero la población local asegura que ahora la situación es tranquila. Por eso el gobierno checheno pretende convertir este hermoso escarpado en un punto turístico local e internacional. De hecho, ya hay una agencia de viajes italiana que regularmente manda tours a pasar unos días en estas montañas todavía llenas de casquillos de proyectiles, se han abierto encantadoras casas rurales y se ha construido un museo etnográfico donde se explica la historia del pueblo checheno.

La estructura con pérgolas en formas de corazones a lo largo de la avenida principal de Grozni es una de los emblemas de la renovación de la ciudad. / Shutterstock

La estructura con pérgolas en formas de corazones a lo largo de la avenida principal de Grozni es una de los emblemas de la renovación de la ciudad. / Shutterstock

Durante el fin de semana, los habitantes de Grozni suelen hacer picnics en algunas de las cascadas, a las que se puede acceder fácilmente bajando por el desfiladero. No son los únicos. Pertrechados como si fueran a subir al Himalaya, una pareja de rubios turistas rusos se encaminan hacia el río. Al pasar por delante de un conductor checheno, este gira la cabeza con desprecio y murmura con cara de pocos amigos: “Ruski turisti, bah”.