Combativas tarariras en la reapertura de la laguna La Segunda

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Buscando pesqueros poco habituales y cercanos a la Capital Federal, optamos por ir en busca de grandes tarariras en un ámbito de 400 hectáreas con mucha vegetación y una atractiva fauna:

laguna La Segunda, donde nos esperaban los hermanos Francisco y Juan Villalón –titulares del emprendimiento–, junto al guía y referente de la zona Mariano Anderson.

Como la jornada sería larga, partimos a las ocho de la mañana desde Quilmes, junto a Gastón Lusianzoff y Alberto Frontoni. La idea era encontrarnos con el guía en el Km 144 de la Autovía 2 y, desde ahí, tomar el camino de tierra de 12 km en buen estado y bien señalizado que conduce a la Salada de Monasterio. La variante para quienes prefieran transitar menos por la Autovía es ingresar por el Km 122 y hacer unos 18 km de tierra por un camino vecinal de Chascomús, el que hay que verificar su estado en caso de lluvia los días anteriores. El predio se encuentra rodeado de árboles y un bosque maravilloso que le da un entorno muy atractivo. Posee espacio para hacer asado, comidas al disco y cuenta con el servicio que brindan sus dueños, con bebidas, agua caliente, sanitarios y cuatro embarcaciones próximas a estrenar.

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Equipos

Para esta salida el guía eligió una caña de mosca de ocho pies y acción 6/7, con un reel cargado con línea de flote y backing con lastre para ganar distancia con tiros certeros, utilizando poppers y streamers como cebo. Nosotros, en cambio, probamos cañas de 2,40 m y reeles frontales tamaño 30 de spinning, cargados con multifilamento del 0,17, y líneas de boya esférica de 50 mm color amarillo (fue el más efectivo). En cuanto a las carnadas, las ranas del lugar, de unos 5 cm, y también el filet de carpa coloreado de rojo y el dientudo fresco dieron muy buenos resultados. Para bait, optamos por cañas de seis pies y reeles de bajo perfil cargados con multifilamento de 25 lb (1 lb = 453,59 g) y ranas antienganche de colores claros y verdes, gusanos de goma lastrados con cucharas en la parte delantera para darle más peso y ratones de goma de tonos oscuros.

Para la pesca nos separamos en tres grupos de dos cañas. El primero fue hasta un monte de talas, en donde dio con una costa libre de vegetación y agua clara: un lugar especial para el bait, aunque solamente izó una tararira que apenas si llegaba al kilo de peso. Para cambiar la racha, Gastón y Francisco, vadeando, probaron varios señuelos entre los callejones del lugar y, tras varios intentos de buscar entre los juncos, lograron muchos ejemplares de portes menores, todos muy sanos y voraces. Los más efectivos resultaron las ranas chicas de látex y los gusanos de 6 cm de largo con cucharas giratorias.

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Tentadores dos kilos

Alberto y Juan, por su parte, se dirigieron al sector ubicado cerca del casco de la estancia, sitio donde las aguas estaban más turbias y rodeadas por una pared de juncos emergentes que se sumaban a la gambarrusa a flor de agua. Tras buscar algunos claros para tirar sus boyas plop con sonajero, pudieron concretar dos ejemplares muy robustos que superaron los dos kilos, ambos capturados con filet de carpa coloreado, carnada muy rendidora en este ámbito. La clave: trabajar mucho las plop y el sonajero entre los juncos para despegar las taruchas del fondo. El ruido característico que hacen las municiones las irrita con bastante facilidad.

Con el aumento de la temperatura a medida que transcurría la mañana, las posibilidades de pique se incrementaron y el tamaño de las piezas, también. Para el mediodía habíamos pescado una media docena de ejemplares de varios tamaños y a profundidades variadas. El dato fundamental en este caso es que hay que llevar wader, porque esta laguna posee sanguijuelas, nada cómodas por cierto.

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En la tercera parada, junto a Mariano probamos streamers y pop-pers en un sector de aguas claras. Allí pudimos izar un ejemplar que tomó el engaño a ras de la superficie y pegado a una pared de restos de juncos secos a flor de agua. Pesó tres kilos y se lo notaba muy sano y robusto. La nota de color es que perdimos varios piques debido a que el agua está fría todavía, y entonces la especie no toma con voracidad los artificiales.

Viendo esto y la hora, a las 14 decidimos acercarnos al casco de la estancia en donde nos esperaba una comida al disco. Allí conversamos más en detalle acerca de que este ámbito estuvo cerrado al público durante mucho tiempo, y que por sus características es ideal para practicar la pesca con mosca, ya que encierra un gran abanico de juncos y flora ideal para estos lances. Además, se pueden pescar grandes carpas en fly y con carnadas naturales (como lombriz y masa), y avistar aves: cisnes de cuello negro, flamencos, biguás y pájaros autóctonos. Respecto del pejerrey, no hay que esperar respuestas, porque el espejo no cuenta con canales aliviadores o arroyos que puedan hacer ingresar esta especie.

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Al ataque nuevamente

Después de una gran sobremesa decidimos volver a la acción y tirar nuestras líneas en el sector ubicado frente al casco. Juan y Francisco nos habían anticipado que los ejemplares más grandes salían a última hora. Así que esta vez nos separamos en dos grupos y, utilizando boyas con sonajero esféricas, ranas de látex cargadas con lastres y cucharas para profundizar, lanzamos nuestras líneas. El primer ejemplar vino de la mano de Alberto, y entre todos fuimos sumando mucho más que a la mañana. La diferencia la hicimos encarnando con rana viva obtenida en la laguna. Una presa letal, tal vez por ser el alimento predominante del lugar, que nos permitió lograr ejemplares de 3,5 kg de peso.

Sin duda, la pesca de las Hoplias en esta zona va a ser muy efectiva debido a que en los últimos meses ha caído una gran cantidad de precipitaciones, lo cual hace que estos ámbitos y otros aledaños estén con buen caudal de agua. El calor que todavía no se afirma lleva a que las tarariras aún estén algo aletargadas, pero sin duda los monstruos residen en La Segunda, aunque vale recordar que la pesca es con devolución obligatoria: una norma del pesquero, avalada por la municipalidad de Lezama, que bien vale para cuidar el recurso (para quienes la visiten en enero, solo permitirá el sacrificio y captura de hasta tres ejemplares de 40 cm o más por pescador).

Galería de imágenes

Con el aumento de la temperatura a medida que transcurría la mañana, las posibilidades de pique se incrementaron y el tamaño de las piezas, también.El guía con uno de los ejemplares más robustos de la jornada.La clave: trabajar mucho las plop y el sonajero entre los juncos para despegar las taruchas del fondo. El dato fundamental en este caso es que hay que llevar wader, porque esta laguna posee sanguijuelas, nada cómodas por cierto.Para esta salida el guía eligió una caña de mosca de ocho pies y acción 6/7, con un reel cargado con línea de flote y backing con lastre.
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