Una Selección con mayor verticalidad y atrevimiento individual

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A esa ferocidad que exhibe Lautaro Martínez para anticipar a un defensor y explotar en la red necesita la Selección trasladarla a otras situaciones de juego.

En el fútbol de estos

días, más que nunca, resulta esencial cambiar la velocidad, acelerar. Lo dijo el Mundial. Y si a esa verticalidad se le adhiere atrevimiento y gambeta, se desembarca en un combo de desequilibrio ideal.

Argentina debe enfocarse en acentuar esos matices ofensivos. Tendría que provocarlo con naturalidad ante rivales frágiles como Irak. Sin embargo, a la Selección le faltó en largos tramos romper la monotonía y profundizar con aventuras individuales, aquello que había logrado Pity Martínez en la primera gira.

Ahora Dybala lo consiguió en la previa del segundo gol, cuando arrancó en tres cuartos de cancha mientras lo acosaban dos rivales y se desprendió de la pelota cuando otro le achicaba aún más los espacios. Así dejó libre a Pereyra para que convirtiera.

Así La Joya le sirve la Selección, no sólo exprimiendo esa pegada excelsa con una zurda que sacó un remate apenas desviado y otro que hizo volar al arquero iraquí. Se lo notó mucho más cómodo detrás del centrodelantero, como en el segundo tiempo, que despegando de la derecha, como en la primera etapa.

También el objetivo del cambio de ritmo sorpresivo y del desequilibrio individual lo alcanzó Cervi en la corrida filosa del cuarto que él mismo inicio apenas cruzada la mitad de la cancha y que coronó ya dentro del área, con un zurdazo cruzado.

Lo que inventaron en esos dos flashes Dybala y Cervi se debe reproducir. Hace falta más que eso siempre. Hará falta más con Brasil. Es cuestión de convencerse y de animarse.

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