A Boca le sobran nombres y le falta equipo

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La conclusión que dejó el clásico, más allá de las interpretaciones técnicas, tácticas y emocionales, es que Boca no tiene equipo.No tiene equipo fijo y -por lo tanto- no puede tener

un funcionamiento parejo partido tras partido. Le sobran nombres. Algunos de brillos, otros de antiguos brillos y otros de buenas capacidades individuales.

Pero si en un encuentro la figura es Cardona y al siguiente no juega, es un tema.

Si tiene que jugar Tevez alguna vez (y si es con River, parece lógico por el peso de su trayectoria) y al siguiente la media punta le queda a Zárate, también.

Si Benedetto, que está todavía muy lejos del verdadero Benedetto, debe entrar por su pasado cercano de gran goleador y no está el lesionado Wanchope, el técnico tiene que decir y desdecir que Tevez es "9" y Zárate, también, cuando se sabe que ninguno de los dos está para ese rol.

Y así el equipo cambia y cambia.

Si Pablo Pérez queda exhausto después de dos partidos muy duros y tiene que dejar su puesto y la capitanía. Si Gago amaga estar bien y juega un par de encuentros y después no va ni al banco, todo se complica.

Entonces, cuesta mucho definir a qué juega Boca. Al ataque (como dice Guillermo Barros Schelotto), es cierto. Pero ésa es simplemente una buena intención. Hay que proveerla de razones.

No es lo mismo que Nandez juegue por Cardona. O que el uruguayo lo reemplace a Jara para que entre el colombiano.Tampoco es lo mismo que ataje Andrada (el arquero bien adquirido y ahora lesionado) a que lo haga Rossi, aunque no tenga fallas serias. Porque hay un trasfondo psicológico que se interpone cuando se sabe que se busca a otro para atajar.

Boca apunta a la Copa como prioridad después de su bicampeonato (aunque se proclame buscador del "tri"). Se dice que esos son partidos diferentes en los que vale más el carácter que el juego. Y esa es una mentira aceptada. Lo que siempre vale más es el juego. El buen juego. Y para tenerlo hace falta tener un equipo confiable. Con rodaje y con ideas claras. Y -según parece- la abundancia de nombres termina siendo tan compleja como la escasez. Por lo menos hasta que se consiga un funcionamiento coherente.