Reconquista: dorados y surubíes que no defraudan

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Reconquista: dorados y surubíes que no defraudan

Viajamos a esta santafesina ciudad para intentar en un río muy bajo y con aguas frías. Así y todo, concretamos interesantes capturas tanto

con carnadas naturales como con señuelos.

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Hay muchas medidas y parámetros a tener en cuenta. La altura del río es una de ellas. Una variable que juega su rol en la pesca. Varias son las razones. En este caso hablamos de un río bajo. Nuestro relevamiento al Paraná a la altura de Reconquista indicaba un registro de 2,5 m en el hidrómetro del puerto. Más que bajo, bajísimo. La altura sí importa. Porque la navegación se hace más complicada para quien no conoce bien la geografía de fondos y bancos, cambia la dinámica de desagües, se secan arroyos, desaparecen pesqueros, otros se modifican. Las lagunas, esteros y riachos de la cuenca bajan el nivel, se enfría más fácil el agua y los peces se aquietan. Para peor, una ola de frío invernal con varios días de bajas marcas térmicas, contribuyó a refrigerar ambiente y aguas días antes de nuestro viaje a la zona. Todas cuestiones que contribuían a complicar la pesca. Con Osvaldo Ramirez, Javier Pereyra, y Egidio y Checho Comizzo que veníamos pergeniando esta incursión, resolvimos llevarla adelante igual, confiando en que el Paraná Medio, aún en situaciones difíciles, siempre suele cumplir.

Reconquista tiene interesantes particularidades para la pesca deportiva. El Paraná a esta altura es bien variado, ostenta un rico delta plagado de islas, bancos, bocas, arroyos, juntas de agua, veriles, correderas y accidentes costeros que son sitios ideales para que una de las principales especies cazadoras de agua dulce, como el dorado, hagan de las suyas. Hay alimento e innumerables puntos de acecho para que estos implacables predadores encuentren un tramo de río donde permanecer y alimentarse de la rica variada menor y de los cardúmenes migrantes de forraje (sábalos y mojarras) que transitan por el río.

Aguas claras

Otra buena condición de la región es que en determinados lugares ofrece aguas de buena claridad para la pesca con artificiales que dan al pescador la oportunidad de desarrollar distintas estrategias y estilos de pesca (trolling, bait cast, spinning y hasta de mosca). Al tratarse de una localidad que no es estrictamente costera –el puerto está a más de 10 km de la ciudad–, la mayoría de los guías de pesca ofrecen alojamiento directamente en las islas. Hay casillas, cabañas y complejos que están acondicionadas para que los pescadores hagan base muy próximos a los buenos pesqueros, evitando las navegaciones de ida y vuelta, y extendiendo los horarios hasta última hora, dando además la chance de hacer hasta alguna pesca nocturna.
Con el plus de pasar unos días en pleno contacto con la naturaleza, con sus ritmos, sus sonidos, sus colores y sus secretos.

En esta oportunidad tomamos como base de operaciones las cabañas La Amistad y desde allí incursionamos en los diferentes pesqueros que van del Reposini hasta Malabrigo pasando por El Bichero Perdido, Surubicito, El Finito y El Angelito entre otros. Los primeros piques tardaron en llegar esta vez, la mañana muy fría y el agua con 14 grados jugaba en contra de la actividad de los peces. Estábamos usando equipos integrados por varas de 6 a 7 pies, de entre 12 a 20 libras, equipadas con reeles rotativos de bajo perfil tipo huevito (low profile) y frontales cargados con hilo multifilamento del 0,22 a 0,24, tanto con aparejos de un solo anzuelo 7/0 con carnadas naturales (morenas), como con señuelos artificiales de media agua.

La estrategia era la de derivar paralelo a la costa e ir lanzando en lo que se conoce cómo “pesca al golpe”, tanto carnadas como artificiales a los posibles puntos de acecho: palos, correderas, barrancas y bocas. Incluso combinando estilos, un pescador con morena y otro con señuelo para ver que estimulaba y despertaba más a los dorados. La ayuda del motor eléctrico es vital para mantener la embarcación a distancia de lance y en silencio para no alterar el ámbito. A pesar de eso, el viento reinante se empeñaba en arrimarnos demasiado a la costa y agregaba una nueva dificultad.

Por la mañana

Los primeros piques de doradillos se dieron en las morenas, y no fueron con la violencia habitual de la especie. Evidentemente el agua fría y el bajo metabolismo que eso implica los volvía remolones a la hora de comer. Ninguno de los dorados capturados por la mañana fue de porte interesante y hubo que darles mayor corrida que la habitual. El dorado cuando no está activo al 100 por ciento es cauto y remiso, aborda el cebo entre las quijadas y se aleja un poco del lugar donde lo tomó, nada unos cuantos metros y ahí recién engulle. Eso hace que se pierdan muchos piques por anticipar la clavada cuando todavía no la tragó.

Por la tarde, con un día pleno de sol que entibió el ambiente y el río (la temperatura del agua marcaba 16 grados), la cosa fue muy distinta. Empezaron a moverse peces de mejor porte y a atacar los señuelos. Los reeles de spinning y bait salieron del letargo, al igual que los dorados, y empezaron a trabajar con mayor frecuencia. Usamos en esta oportunidad carretes de relaciones de recuperación de 7,2 a 8,5 a 1, es decir que con cada giro completo de manivela, el tambor da 7 o más vueltas, eso aporta ventajas a la hora de accionar el artificial y durante la pelea con el pez.

El hilo multifilamento en reeles pequeños se impone ya que, a igualdad de resistencia, debido al menor diámetro, la carga total en metros será mucho mayor, imprescindible en el caso de prender uno de los grandes –que saque mucho hilo– o de estar actuando en una correntada fuerte que magnifique la oposición y la resistencia del pez. La ventaja de estos equipos sobre los más pesados es que, además de disfrutar mucho del combate, merced a su mayor sutileza, se pueden lograr lanzamientos bastante más exactos, una de las claves para dar con los peces que se refugian de la correntada acechando en localizaciones muy precisas. Debido a que los peces, a pesar del incremento de temperatura, no exhibían toda su proverbial ferocidad, privilegiamos los señuelos de media agua con colores más llamativos, de mayor efecto vibrante y en lo posible con bolillas o rattles en su interior.

Otra estrategia que utilizamos fue la de pindacear (actuar con embarcación a la deriva) por sobre la zona de bancos y veriles con carnadas naturales y sin lastrar los aparejos para que viajen por el fondo con mayor soltura. Tengamos en cuenta que si el hilo multifilamento nos permite sentir todo, hasta el más mínimo toque o movimiento del cebo, del otro lado el pez también “siente todo” y se percata más fácilmente del engaño. Esto nos llevó a usar reeles rotativos medianos con al menos 200 metros de nailon monofilamento del 0,37 al 0,40 con excelente performance, ya que sobre los bancos logramos capturar algunos de los mejores dorados de este relevamiento. También el spinning dio lo suyo en la zona de bancos.

La segunda jornada fue casi un calco de la anterior, en horarios de pique y en tamaño de las capturas de dorados, siempre in crescendo por la tarde, solo que en este segundo día intentamos el trolling con señuelos de media agua -que por la escasa profundidad del río llegaban bien al fondo- y así dimos con la otra especie ambicionada por muchos aficionados, el surubí, para coronar un relevamiento que a priori se presentaba como difícil y que nos terminó por convencer de que el Paraná Medio, aun con parámetros que no son los ideales para la pesca, difícilmente defraude.

Nota completa en Revista Weekend del mes Septiembre 2018 (edicion 552)

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