Lionel Messi le hace un favor a la Selección

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Pep Guardiola convivió durante cuatro temporadas con Lionel Messi. Y si bien los dos siguieron haciendo historia cuando el entrenador dejó el Barcelona, no hay dudas de que fue quien mejor

entendió a la Pulga y el que más aprovechó su inmenso talento. Pekerman, Basile, Maradona, Sabella, Martino, Bauza y Sampaoli, uno detrás del otro, intentaron lograr algo similar. Aunque todos fracasaron. Ahí nació aquello de que el crack no eran tan crack con la camiseta de la Selección. Una historia que lo persigue hasta hoy más allá de haber llegado a una final de Mundial y a los partidos definitorios de las últimas dos Copas América.

La negativa de Messi a jugar para la Argentina, por lo menos, hasta fin de este 2018 está lejos de ser una sorpresa. Lo llamativo es encontrar a aquellos que cuestionaron al capitán preguntándose qué será de la Selección sin él. Una mirada rápida es que después de Leo no hay nada. Ni proyecto, ni plan B, ni esperanza. La otra es que la decisión de Messi es una muy buena noticia para la Argentina.

La aclaración es necesaria: nadie pretende jugar sin el mejor del mundo. Pero la situación es inmejorable para empezar de cero, para asentar las bases y edificar un seleccionado serio, para darles la chance a futbolistas que viven encandilados por Messi, que antes de pensar en cómo defender la camiseta se preguntan cómo hacer para sacarse una foto con el crack sin molestarlo...

La bendita y esperada renovación debe llegar. No lo marca la urgencia, pero sí el calendario, ya que muchos de los integrantes del círculo íntimo de Messi llegarán pisando su fecha de vencimiento a Qatar 2022. Lo de Leo fue, es y será diferente, porque así es él: distinto. Un tipo que puede correrse a un lado dentro del campo de juego, caminar la cancha, dar la sensación de que no está en el partido para, de pronto, aparecer y desnivelar a quien se le ocurra.

No tener a Messi hasta fin de este año e incluso no poder contar con él para la Copa América 2019 no es el fin del mundo. Los números sirven para entenderlo: desde que debutó en la Selección, con él en cancha se consiguió el 67% de los puntos en disputa; sin él, la cosecha fue del 61%. Una diferencia mínima.

Así que no viene mal animarse, soltar, dejar que Scaloni o quien asuma el timón pruebe, se equivoque, arme y desarme hasta que llegue el día en que Leo se sienta cómodo, con ganas y vuelva a salir a la cancha encabezando a la Selección.

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