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Los máximos dirigentes del heterogéneo arco opositor sumaron otra coincidencia parlamentaria
: dejar caer a mediados del mes próximo las facultades delegadas en el
Poder Ejecutivo. Eso sucederá el martes 24 siempre y cuando el
kirchnerismo no proponga algún proyecto para que, al menos, algunas de
esas facultades – ¿la fijación de las retenciones?– no sigan en la órbita de Cristina Fernández. (En la imagen: Diputada de la Coalición, Elisa Carrió)
Restan algo más de tres semanas y no existe ninguna señal del oficialismo que permita vislumbrar la posibilidad de un acuerdo. El diálogo está quebrado
en Diputados por algunas posturas extremas, en debates recientes, del
jefe de los legisladores kirchneristas, Agustín Rossi. La realidad es
más fluida en el Senado, pero Miguel Pichetto, el mandamás kirchnerista,
consumió otra porción de su capital cuando logró la sanción de la ley
del matrimonio igualitario.
La coincidencia opositora, alumbrada
en el ámbito de la Exposición Rural, pareciera la continuidad de un
proceso que no tiene demasiada antigüedad. Arrancó con la eliminación de
los superpoderes en Diputados –que el Senado debe ratificar o corregir–
e incluyó una cadena de medias sanciones y dictámenes de comisión
que empezaron a intranquilizar a los Kirchner. La semana que viene el
Senado podría iniciar en el recinto el tratamiento del 82% para las
jubilaciones mínimas que, al decir repetido de Kirchner, conduciría a la
nación a la quiebra. Esperan, agazapados, la normalización del INDEC en
150 días, la reforma al Consejo de la Magistratura, también la reforma a
la ONCCA. Tampoco las investigaciones sobre el escándalo en las
relaciones con Venezuela han concluido.
Está claro que desde hace alrededor de 60 días la oposición ha marcado la agenda parlamentaria y, por ende, tomado el timón de la iniciativa política.
Una realidad que se venía postergando desde junio del 2009 cuando
aquella oposición le propinó al Gobierno un duro golpe político en las
elecciones legislativas.
El progreso de la oposición, sin embargo, tropieza todavía con límites claros cuando pretende avanzar hacia un estado superior: la construcción de una alternativa de poder
para los comicios presidenciales. Aquellos límites, en muchos casos,
se levantan por maniobras del kirchnerismo. En otros, parecieran
producto de la inhabilidad de sus dirigentes para crear condiciones para
sellar pactos sustentables. Se mezclan las diferentes visiones
políticas con vanidades personales que, muchas veces, derivan en un
estancamiento o en un retroceso.
El doble procesamiento a Mauricio
Macri por la causas de las escuchas ilegales –y la reacción de impulsar
en la Legislatura su propio juicio político– obró como una diáspora
en el campamento opositor. Podrá ponerse en duda si, en efecto, los
fallos de Norberto Oyarbide y de los tres jueces de la Cámara Federal
estuvieron, en su totalidad, inducidos por las necesidades de los
Kirchner.
Pero el marco político general fue pergeñado por el matrimonio y sus huestes.
La
reacción del radicalismo, con Ernesto Sanz a la cabeza, y de la
Coalición, de Elisa Carrió, se pudo comprender desde la convicción y, en
parte, desde la especulación política.
Macri no fue nunca un hombre confiable para los radicales ni para la diputada
. Pero estaría claro que las dificultades del jefe porteño para
consolidar una alianza electoral con el peronismo disidente podría
beneficiar, a futuro, las posibilidades del Acuerdo Cívico.
El peronismo disidente estuvo más contemplativo
con el infortunio de Macri. Pero lejos de la intención de indultarlo.
Algunas posturas de los disidentes no resultaron más severas porque
Eduardo Duhalde se ocupó, con paciencia, de levantar un dique de
contención.
En esa geografía influyen viejas disputas personales.
Entre ellas, las que fueron filtrando el vínculo entre Macri, Francisco
De Narváez y Felipe Solá luego de que esa triple alianza se adjudicó el
éxito político del 2009.
El jefe porteño hizo poco y nada para
neutralizar aquellas diferencias. Se acordó tarde: recién cuando De
Narváez le empezó a retacear el apoyo de sus dos legisladores para
impulsar el juicio político en la Legislatura y cuando Solá, con
reparos, avaló el procesamiento de la Cámara Federal.
De Narváez juega con el riesgo político de Macri.
El diputado trabaja para consolidar su poder en Buenos Aires pensando
en la gobernación. Pero no quedará de brazos cruzados si el proyecto
presidencial de Macri, anclado en el PJ disidente, se termina de mancar.
Solá pensaría de igual modo: pero se estaría interrogando sobre la conveniencia de permanecer en un espacio atravesado por el frío notorio en sus lazos con Macri, De Narváez y Duhalde.
Carrió, en los últimos días, desató un diluvio en el Acuerdo Cívico aunque enseguida abrió el paraguas. Sus injustas críticas
a Ricardo Alfonsín, por haber compartido un acto con Cristina y
funcionarios kirchneristas, desnudaron un serio inconveniente en ese
espacio, de cara a la sociedad: cualquier gota corre siempre riesgo de
convertirse en un océano.
El radicalismo tiene hoy los dos candidatos mejor ponderados en imagen del país
: Alfonsín y Julio Cobos. Viene afianzando la alianza con los
socialistas y aceptó arrimarse a Carrió. Pero debería dotar a esa
entente, para afrontar el 2011, de garantías y seguridades políticas.
Ninguna confianza se gana en un santiamén. Menos, cuando después de cada paso sobreviene un tropezón.
Fuente: Eduardo Van Der Kooy - La Nación
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