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La liberación de Clara Rojas y Consuelo González de Perdomo por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en la selva colombiana ha generado alguna esperanza para los familiares de los más de 700 rehenes en poder de ese grupo guerrillero, un alivio para el matrimonio Kirchner y numerosos interrogantes sobre el papel del presidente venezolano, Hugo Chávez. lanacion-tna
En un mundo con cada vez más consumidores que ciudadanos, tal vez importe más la presencia de un camarógrafo en el momento en que guerrilleros con uniformes verdes entregaron a las dos mujeres secuestradas a voluntarios de la Cruz Roja que un ajustado análisis que ponga al descubierto las flagrantes violaciones a los derechos humanos de las FARC. El aspecto emocional, vinculado con el reencuentro de las dos colombianas con la libertad, transmitido a todo el planeta por las cámaras venezolanas de Telesur, le otorgó un barniz de humanitarismo al hecho, puso de manifiesto el papel clave que jugó el mandatario de Venezuela en el rescate y hasta pudo llevar a preguntarse al público menos informado si, después de todo, las FARC eran tan salvajes. Lo cierto es que ni siquiera para los líderes de la organización terrorista colombiana se trató eso de un gesto humanitario. Desde un principio, la liberación de Clara Rojas y Consuelo González de Perdomo fue presentada como un acto de desagravio a Chávez, tras las diferencias públicas entre los mandatarios de Venezuela y de Colombia. El escaso humanitarismo de los guerrilleros quedó plasmado en las primeras declaraciones de la ex candidata vicepresidencial de Colombia, que relató la cruel forma en que fue separada de su hijito cuando éste tenía apenas ocho meses de vida. También en el hecho de que no sabe desde hace tres años nada de Ingrid Betancourt, rehén de las FARC desde hace seis años, ni de las condiciones en que ésta se encuentra. Las FARC están lejos de ser un grupo de soñadores románticos y esto debería ser destacado por las autoridades de los países que han contribuido en la misión para rescatar rehenes. Lo más grave, a estas alturas en las que el populismo parece crecer en América del Sur, no es que se utilice la política exterior con el propósito de obtener réditos políticos de corto plazo en el plano doméstico. Lo realmente peligroso es que ciertos gestos terminen confundiendo a la opinión pública, llevándola a pensar que las FARC son algo distinto de lo que son: una agrupación terrorista. Uno de los tantos interrogantes que deja el episodio concluido ayer con el rescate de las dos mujeres colombianas es si el objetivo de Chávez pasa por la liberación de los rehenes en poder de los guerrilleros o por un "canje humanitario", como siempre lo planteó el presidente venezolano. Es obvio que el adjetivo "humanitario" sólo puede aspirar a justificar la liberación de efectivos del grupo terrorista que están y deberían seguir presos hasta ser juzgados de acuerdo con las leyes de Colombia. Ese interrogante no puede dejar de asociarse con versiones periodísticas que dan cuenta de la sistemática cooperación que autoridades venezolanas les prestarían a las FARC en sus operaciones de narcotráfico y en la utilización de la frontera de Venezuela con Colombia como refugio. Una razón como para entender por qué los guerrilleros colombianos se proclaman desde hace un tiempo como "bolivarianos". Un último interrogante tiene que var más con la Argentina. Si en la víspera fue posible la liberación de rehenes con la sola presencia de efectivos de la Cruz Roja, ¿era tan necesaria la participación activa de la comisión de garantes internacionales encabezada por el ex presidente Néstor Kirchner en la frustrada Operación Emmanuel? Quizás era tan innecesaria como la del cineasta norteamericano Oliver Stone.
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