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Con sabor amargo, se inaugura hoy La Rural No habrá representación oficial en la ceremonia. El titular de la entidad, Hugo Biolcati, pronunciará un discurso "crítico, pero medido". Cobos no irá. Desde las 11 de la mañana se llevará a cabo hoy la inauguración oficial de la 123o Exposición Rural de Palermo.
El acto tiene como telón de fondo la reunión que ayer se realizó entre los integrantes de la Mesa de Enlace y el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. Hugo Biolcati, plantado irreversiblemente en la oposición, pronunciará su primer discurso como titular de la entidad. “Será un discurso crítico pero medido, que no sólo apuntará a la coyuntura”, confiaban ayer en su entorno. El texto fue finalizado antes del encuentro en la Casa Rosada. Una vez más, y en forma ampliamente previsible, Cristina Fernández de Kirchner desistirá de la invitación a participar de la ceremonia y se descartan otras presencias del oficialismo. “No va a ir nadie”, decía anoche una alta fuente de la Casa Rosada. De ese modo, la jornada será nuevamente un escenario propicio a la oposición. Pero apenas confirmaron su presencia el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri; su socio bonaerense, Francisco de Narváez; el gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saa, y Ricardo López Murphy. El vicepresidente Julio Cobos no asistirá a la cita, de acuerdo con lo que decían ayer sus colaboradores. Cleto, quien tampoco estuvo en la anterior ceremonia, sólo tenía previsto para este fin de semana participar de una maratón que se correrá mañana en los bosques de Palermo. Tampoco estará el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, distanciado del campo luego de su esporádica visita durante la cual prometió llevarle los reclamos del sector a la jefa de Estado, algo que finalmente no cumplió. Otro ausente será Felipe Solá. Siete años de sillas vacías. En el primer año del gobierno kirchnerista, la entrada a la Sociedad Rural costaba ocho pesos. En la actual edición, el precio es de 15, es decir, casi un cien por ciento más. Ése es apenas un indicio más de que el campo mide la realidad con una vara que no tiene nada que ver con la del Gobierno. Pero la relación de los Kirchner con la Sociedad Rural no fue buena desde el principio. De entrada, en 2003, Néstor cargó con la convicción de que la Sociedad Rural había sido un sostén del menemismo y parecía dispuesto a ajusticiarla. De hecho, la entidad había despedido al riojano con aplausos en su última visita. Pero la apreciación no era del todo exacta. El campo, ya antes de 1999, había llevado a cabo un paro y un “camionetazo” a la Plaza de Mayo. Sin embargo, fiel a su convicción, Kirchner evitó asistir a la ceremonia de inauguración oficial en su primer año de Gobierno y cosechó gran cantidad de críticas por esa decisión. Aceptó, de todos modos, ir un día después a recorrer la exposición. Lo hizo acompañado por su esposa, la senadora Cristina Fernández, y llegó intentando aclarar: “No tengo ningún problema con los dirigentes de la Rural y si los tuviera se los diría”. Por entonces, entre toros, vacas y caballos, todavía había algunos aplausos para el patagónico. Otros, en cambio, ya empezaban a equiparar su figura con la de Raúl Alfonsín y ensayaban algún silbido a su paso. Es que ya en el inicio de la presidencia kirchnerista se vislumbraba lo que luego se conocería como la “guerra gaucha”. Los ruralistas empezaban a reclamar una disminución de las retenciones que había impuesto el presidente de transición Eduardo Duhalde, con la excusa de financiar el plan Jefes y Jefas de Hogar. “No vengo a hacer demagogia ni a prometer lo que no puedo cumplir. Conozco el problema, pero vivo con los pies en la realidad”, decía Kirchner para abortar la discusión. A lo largo de toda su gestión, Kirchner nunca participó de la ceremonia más tradicional del campo argentino. Y las posibilidades de que eso sucediera se fueron diluyendo con el paso del tiempo. Por su parte, Cristina renunció a torcer el timón que le había transferido su esposo y profundizó la embestida fiscal contra el campo. Lanzó el proyecto de retenciones móviles que la conduciría a una fuerte derrota en el Congreso de la Nación y minó para siempre la relación con los ruralistas. El año pasado, a poco de haber caído la resolución 125 en el parlamento nacional, la estrella de la muestra rural fue el vicepresidente Julio Cobos y el primer toro que entró al predio fue bautizado con su segundo nombre, “Cleto”. Fue un homenaje al “voto no positivo” que mereció maldiciones en la alcoba de Olivos. La relación del matrimonio santacruceño con “los hijos de Martínez de Hoz”, como los bautizó Néstor, ya no tendría retorno. Critica
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