En las escuelas se dictan pocas horas de ciencia y con un bajo nivel de exigencia

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Hace años se viene hablando sobre la necesidad de que los chicos terminen la escuela dominando bien las matemáticas y la Lengua. Incluso se insiste en que aprendan un segundo idioma,

que tengan suficiente “computación” y una nutrida cantidad de educación física. Todo bien, pero ¿y las ciencias? En los discursos de funcionarios y especialistas estas disciplinas parecen olvidadas y, a juzgar por un nueva investigación, en el aula parece que también.

El estudio fue realizado en las escuelas estatales de la Ciudad y muestra que allí se dicta menos ciencia que la programada: apenas 1,75 horas de clase semanales en promedio frente a las 4 horas estipuladas. Además, el 81% de las actividades que se plantean en el aula promueven “capacidades de pensamiento de orden inferior” de los chicos, dice el informe. En pocas palabras, poco razonamiento y pensamiento científico y mucha memorización y conocimientos “enciclopedistas”.

La investigación fue realizada por expertos de la Universidad de San Andrés y publicada en la revista especializada “Enseñanza de la Ciencias”. Estudiaron 36 cursos de séptimo grado de 19 escuelas estatales de la Ciudad durante 2016. Esa muestra es representativa del conjunto de las escuelas públicas porteñas. El estudio analiza el tiempo que le dedican los docentes a las ciencias y, sobre todo, el tipo de actividades que presentan a sus alumnos, así como las devoluciones que le hacen a las producciones de los chicos.

Los resultados mostraron un muy bajo desempeño de los alumnos en estas disciplinas, con un rendimiento promedio de 3,78 sobre una escala de 10 puntos, por debajo de la nota de aprobación (4/10); así como “la ausencia de devoluciones escritas” de los docentes hacia los alumnos.

En los cuadernos de clase, observaron muy poca actividades que apunten al “análisis de situaciones desconocidas, la resolución de problemas complejos y la toma de decisiones informadas”. Todas actividades que, afirman, activan el pensamiento “de orden superior”.

“Esta investigación forma parte de un proyecto más grande que estamos haciendo junto al gobierno de la Ciudad. El punto de partida fue conocer cómo se usa el tiempo de enseñanza de ciencias en el aula, lo que hasta ahora era como una ‘caja negra’. Además de esas escuelas analizadas, después tomamos otros dos grupos de escuelas: unos trabajaron con guías didácticas para la enseñanza de la ciencia y otros con las guías más tutores. Pudimos ver que aquellos que usaron la guía, hicieron buenas secuencias didácticas, clases más activas, promovieron la investigación y, como consecuencia, mejoraron los resultados”, le dijo a Clarín Melina Furman, bióloga, doctora en Educación y una de los autores del estudio.

Furman explica que lo que muestra el estudio es el predominio de clases de ciencias del tipo “enciclopedista”, en la que los alumnos simplemente están sentados, copiando lo que el maestro escribe en el pizarrón, recordando algunas definiciones y respondiendo preguntas sin que se motive el interés por la investigación y el pensamiento científico.

Desde el gobierno porteño afirmaron que desde 2015 el Ministerio de Educación está haciendo un fuerte trabajo para mejorar la enseñanza de las ciencias, a través de un conjunto de medidas, que incluye capacitaciones intensivas y situadas a los docentes, espacios de ciencias en las jornadas extendidas, laboratorios y clubes de ciencia en las escuelas, y ferias de ciencias. “Con el conjunto de estas medidas, en los últimos años los resultados van mejorando”, dijo a Clarín Andrea Bruzos, subsecretaria de Coordinación Pedagógica del ministerio de Educación porteño.

“Los docentes de la Ciudad tienen capacitaciones intensificadas en Ciencias que se combinan con otras en las escuelas. Y en febrero se hace una capacitación masiva y muy focalizada”, dice Bruzos. La funcionaria agrega que en dos años se pasó de 80 trabajos presentados en las ferias de ciencias a casi 400, “muchos de los cuales obtuvieron premios”. Y que en la jornada extendida para los chicos de sexto y séptimo grado hay un espacio de ciencias. Y 34 sedes en las escuelas con clubes de ciencia.

En las conclusiones, el estudio señala como uno de los inconvenientes “la falta de confianza de los docentes respecto del área”. También mencionan la necesidad de “fortalecer la gestión pedagógica de los directores”. Y se pregunta “qué sucederá en otras jurisdicciones, teniendo en cuenta que la Ciudad de Buenos Aires presenta, según diversas evaluaciones estandarizadas, los mejores resultados de Argentina”.

Alberto Rojo es científico y escritor, autor de libros que combinan ciencia con literatura. “Siempre que tuve la ocasión de dar clases de física a niños de primaria pude constatar que son ellos quienes hacen las mejores preguntas porque todavía no han adquirido el miedo a equivocarse”, dice. Será cuestión de darles más oportunidades de sumarse a la aventura del conocimiento.

Sin devoluciones a los alumnos

A los autores del estudio les llamó la atención “la ausencia de devoluciones escritas por parte de docentes a alumnos” tanto en el cuaderno de clases como en las evaluaciones. Un 95,3% de las actividades no tenían devolución o solo un “visto”. Menos del 5% una “devolución formativa” o fueron autocorregidos por los chicos. Para los expertos, así se pierde “una oportunidad de usar esos registros para que los alumnos avancen con su aprendizaje y reflexionen sobre sus errores o dificultades”.

Melina Furman, autora del estudio, cree que puede deberse a las “condiciones laborales de los docentes”. “Hoy están en debate herramientas para que los chicos aprendan a corregirse solos. Pero requieren más trabajo para los docentes. Cuando se hace bien, la autocorrección es maravillosa”, dice. “Hay docentes que optan por reforzar contenidos en clase. Todo depende del enfoque”, opina Andrea Bruzos, del ministerio de Educación.

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