El abogado acusado de lavar dinero para narcos colombianos ya había estado preso

Narcotrafico & Terrorismo
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Mateo Corvo Dolcet está detenido como parte de la banda del Café de los Angelitos. En los 90 trabajaba con el juez Remigio González Moreno y cayó por las coimas del Sanatorio Güemes.

 

El 29 de septiembre pasado el empresario Mateo Corvo Dolcet (53) amaneció en su coqueta casa del country Ayres de Pilar y finalizó el día durmiendo tras las rejas en la Delegación Morón de la Policía Federal luego de ser detenido como cabeza de una organización acusada de lavar millones de dólares del colombiano José Piedrahita Ceballos señalado por Estados Unidos como un capo narco.

En apenas unas horas, Corvo Dolcet pasó de ser un importante desarrollador inmobiliario -con conexiones tanto kirchneristas como macristas- a integrante clave de una banda con ramificaciones internacionales que, en nuestro país, fue bautizada como “la banda del Café de los Angelitos”, por uno de los negocios investigados por lavado de dinero.

Su nombre terminó enchastrado y su procesamiento con prisión preventiva -firmado a principios de semana por el juez federal Néstor Barral- sólo le sumó más dolores de cabeza. Sin embargo, ni leer su nombre en la sección Policiales de los diarios, ni dormir en una celda resultó una experiencia nueva para Mateo Corvo Dolcet.

Hace casi 30 años, cuando era un joven empleado en un juzgado de Instrucción de Capital Federal, fue señalado como uno de lo principales actores de uno de los mayores escándalos judiciales de la era menemista: la extorsión a los directivos del Sanatorio Güemes denunciados por encubrir el reciclaje de jeringas y filtros de diálisis en su institución.

Durante su corto paso como empleado por los Tribunales de Talcahuano al 500, Corvo -hijo de un reconocido penalista- trabajó en una de las dos secretarías del juzgado de Instrucción 18 que estaba a cargo del juez Remigio González Moreno. Los rumores sobre los negociados de todo tipo del juez, con Corvo como su mano derecha, eran un rumor extendido en la familia judicial, pero todo estalló por los aires en 1990.

Corvo fue de los primeros en caer -junto con algunos comisarios de la Policía Federal, ver facsímil- acusado de irregularidades con autos secuestrados en procedimientos policiales y también de cobrar coimas para influir en decisiones judiciales.

Remigio zafó de esa primera ola de acusaciones pero terminó sin fueros y preso cuando se hizo público el escándalo del Güemes. Puntualmente se lo acusó de extorsionar a parte del directorio del sanatorio.

El tiempo llevó la causa a la prescripción en un oscuro juzgado residual de Sentencia y le otorgó a Mateo Corvo Dolcet el beneficio del olvido.

Su nombre recién volvió a aparecer en los medios en 2006, y en el papel de triunfador: como abogado representó a 200 ahorristas del quebrado Banco Mayo, de Rubén Beraja, y logró que se les devolvieran los ahorros. Paradojas de la vida, en ese entonces Corvo se hizo millonario denunciando maniobras de lavado de dinero, delito por el que ahora está preso.

El propio abogado/empresario, al declarar en indagatoria ante el juez Barral, sostuvo como argumento a su favor que el dinero para el mega emprendimiento que ahora tiene en Pilar lo arrancó comprando terrenos con “parte de sus ahorros personales declarados en la AFIP, por cerca de 3.000.000 de dólares, producto de su labor como abogado siendo que la mayor parte de ellos los obtuvo cuando ganó el juicio penal del ‘Banco Mayo’ en el que representaba a los querellantes”.

El abogado acusado de lavar dinero para narcos colombianos ya había estado preso

Facsímil. El “contradocumento” de la falsa recompra de acciones del empresario argentino Mateo Corvo Dolce al narco colombiano José Piedrahita Ceballos.

Según contó Corvo, en 2007 comenzo a planear un “proyecto inmobiliario de usos mixtos (departamentos, comercios, universidades, etcétera) sobre doscientos mil metros cuadrados de tierra en Pilar, frentista a la Ruta Panamericana, a la altura del kilómetro 46.5”.

Con la mira en eso, fue comprando tierras pertenecientes a cuatro sociedades que terminaron unidas en una sola, Insula Urbana S.A. A esa sociedad se sumó luego Pilar Bicentenario S.A, creada para construir cocheras y una estación de trenes vip, que quedó trunca.

Con este proyecto logró en 2012 seducir al entonces secretario de Transporte de la Nación, Juan Pablo Schiavi, y luego al actual intendente de Pilar, Nicolás Ducote, a quien ahora algunos le recriminan ese apoyo.

Para 2012 ya hacía cuatro años que Corvo Dolcet venía cultivando la amistad del colombiano José Piedrahita Ceballos, a quien había conocido en 2008 en Puerto Madero. El empresario colombiano se presentaba como uno de los ganaderos más importantes del Cauca.

El argentino conoció al colombiano gracias a los buenos oficios de la viuda y del hijo del legendario capo narco colombiano Pablo Escobar Gaviria (quienes cobraron una comisión por hacer de nexo, que quedó documentada) y la ayuda logística del ex futbolista de Boca Juniors, el también colombiano, Mauricio “Chicho” Serna.

En su indagatoria Corvo sostuvo que Piedrahita le compró acciones (10,6% de Insula Urbana y 2,86 de Pilar Bicentenario) pero aseguró que luego él las recompró en 2011 cuando la empresa “Price Waterhouse SRL” se negó a firmarle los balances si seguía apareciendo el colombiano en las sociedades.

Este argumento quedó totalmente desacreditado por un documento que Dolcet y Piedrahita firmaron (y que está secuestrado en esta causa) para que quedara escrito en algún lado que Dolcet sólo actuaba como testaferro del colombiano.

El secuestro de este documento fue un verdadero golpe para un hombre que se reinventó varias veces. Esta vez, para afrontar este nuevo desafio, eligió como abogado defensor a un amigo y ex compañero de aquellos turbulentos días en Tribunales: el ex secretario del juzgado de Instrucción 11, Mariano Cuneo Libarona.

fuente clarín

 
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