La guerra narco no cede en Río y la mayor favela de Brasil seguirá bajo control militar

Narcotrafico & Terrorismo
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Casi 1.000 militares continuarán por tiempo indefinido en la Rocinha, anunció el gobierno. Buscan frenar los tiroteos entre bandas rivales de narcos que aterrorizan a sus habitantes. Por Eleonora Gosman

 

 

Son las cinco y media de la tarde y en la favela la Rocinha empieza a obscurecer. Aunque es sábado, no habrá fiestas. La orden que corre entre los vecinos atemoriza: “Nadie sale de su casa”. Es un alerta de los capos narco, que dominan a sus anchas la comunidad. A veces el aviso llega a las puertas por transmisión oral. Pero en esta época tecnológica se usa la difusión por WhatsApp. En el barrio nadie irá a aventurarse por los pasadizos que descienden la ladera del morro. Saben, porque lo sufren desde hace días, que en cualquier momento podrán estallar los tiroteos. Para eso no hay horarios.

 

Ayer no había amanecido todavía cuando los moradores de la favela despertaron aterrorizados. Un estruendo de balas venía desde “arriba”, del tope del cerro donde viven los jefes en fortalezas bien construidas, luego de que se enfrentaran a balazos narcos de bandas rivales. Los soldados y policías no llegarán hasta allí; sufrirían bajas considerables.

 

Los 950 soldados, suboficiales y oficiales, que fueron destinados el viernes a la tarea de bloquear la favela, permanecen en las entradas de las vías principales: son suficientemente anchas como para permitir algún desplazamiento de tanquetas. Pero no avanzan mas de mil metros.

 

El grueso de las tropas permanece en la base de la serranía, donde “conviven” con periodistas, curiosos y moto-taxistas. Por la mañana, el secretario de Seguridad de Río, Roberto Sá, anunció que la presencia del Ejército continuaría “por tiempo indeterminado”.

 

Horas más tarde, a las 13 de ayer, se reanudó el estampido de las balas. Todos, sin excepción, corrieron a protegerse en el edificio de una comisaría cercana. Bien lejos de allí, en la Isla del Gobernador, en un operativo comandado por el comisario Mauricio Mendonca era detenido el narco Luiz Alberto Santos, alias “Bob”. “El delincuente no reaccionó a la orden de prisión. Portaba una pistola y varias armas”, dijo el comisario.

 

Llevaba, según el informe oficial, un pequeño arsenal con 10 fusiles ametralladoras y numerosas granadas. A Bob se lo acusa de ser uno de los hombres que el domingo anterior había ordenado a sus esbirros invadir la Rocinha para destituir al actual comando que encabeza Rogerio157, el capo.

 

Dicen, en la comunidad, que este jefe continúa en la punta del morro. Según las fuerzas de seguridad, el hombre estaría escondido en el bosque selvático tropical que se extiende al costado de la favela. Otros cinco fusiles se encontraron en un taxi donde, según la policía, “cuatro hombres intentaban entrar en la Rocinha”. Al taxista lo habían secuestrado y huyeron después de un tiroteo con los soldados del Batallón de Operaciones Especiales (Bope).

 

En la entrada de la Rocinha se despliega la zona comercial. Cuenta con todos los servicios y tiendas imaginables, además de sedes bancarias y cajeros electrónicos. Y los sábados son días de intensa actividad. Esta vez casi no hubo movimiento. No sólo por la orden de quedarse en las casas. También por la incomodidad que representa ser parado por los militares y revisados como un potencial delincuente. Con todo, para las autoridades brasileñas “en Río no hay ninguna guerra”.

 

Para el secretario de Seguridad fluminense, Roberto Sá –un hombre cuestionado en Brasilia por su ineficacia—“con el contingente que tenemos allí hemos logrado mantener la situación estable. Y entretanto continuaremos buscan delincuentes en la mata (el bosque tropical)”. El funcionario negó que exista la orden de detención y allanamiento de los jefes narcos en la favela.

 

Semejante instrucción daría lugar a que la policía rastrille manzana por manzana, un sufrimiento adicional para los castigados habitantes de la Rocinha. La metodología es criticada por los organismos de defensa de los derechos humanos porque da lugar a excesos. Para limpiar la imagen de los policías provinciales, el secretario Sá se jactó de haber liberado patrullas en los barrios aledaños, como Leblón y Sao Conrado, donde viven ricos y famosos.

 

Los militares, en tanto, sienten algún pudor por el trato que dispensan a una comunidad donde predominan los trabajadores y la clase media con un bajo porcentaje de miseria (20%). El general Mauro Sinott, comandante de la primera división del Ejército, juzgó “inevitable” hacer un control más fuerte en la Rocinha.

 

La “revisación” de los vecinos ha generado la sensación de que el territorio fue “invadido” por las tropas. Los militares intervienen en las operaciones con sus rostros cubiertos. En uno de los tiroteos, un chico de 13 años cayó herido por las balas y fue rescatado por los soldados, que lo trasladaron a un hospital cercano.

 

Otras operaciones de la policía se hicieron en algunas otras favelas, donde se afirma que hay bandas narcos que actuaron en la invasión de la Rocinha el domingo anterior. Las fuerzas del Bope entraron en el Morro de los Placeres, en Santa Teres, en la región central de la capital carioca. Allí también hubo tiroteos, al igual que el morro de Dona Marta.

 

El gobierno de Río afirma que las “tropas llegaron para quedarse”. Y que hay en curso una “operación asfixia” que pretende expulsar el tráfico de drogas a través de un cerco progresivo. Anoche a través de WhatsApp y de Facebook comenzó a circular una denuncia de allanamientos ilícitos por soldados, que habrían entrado en varias casas luego de romper las puertas a golpes de bayoneta.

 

fuente clarin

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