Los liberaron luego de participar en el secuestro de Cristian Shaerer: cayeron presos por narcos

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Secuestros, asesinatos, narcotráfico. Todo es válido cuando se transita debajo de la línea de la legalidad. La voracidad delictiva muta según las circunstancias. El crimen organizado encuentra siempre un lugar por dónde filtrarse. Además, el mundo de sombras por el que se mueven, es mucho más sencillo si en el camino encuentran jueces que los benefician, por ejemplo, con libertad condicional hasta que sus condenas queden firmes, a pesar de la fiereza de sus actos.

Es el caso de los hermanos "Caniche" y "Tío", que pasaron de formar parte de una red mafiosa y violenta que el 21 de septiembre de 2003 secuestró e hizo desaparecer en Corrientes al joven estudiante Cristian Schaerer a otra dedicada al tráfico de alcaloides en la misma provincia.

El 22 de agosto pasado, el Tribunal Federal de Paso de los Libres les dictó la prisión preventiva a Oscar y Sergio Salgán, de ellos se trata, por formar parte de una "asociación ilícita" integrada por doce personas que traficaban y distribuían marihuana y cocaína en varias localidades correntinas.

Justicia ciega

La banda narco era investigada desde el año 2012, pero la pesquisa recién tomó impulso en 2016, y las tareas de inteligencia se materializaron en el expediente a principio de este año.

Durante buena parte de ese lapso, los jueces conocían los antecedentes de los hermanos secuestradores que continuaban transitando por la autopista del delito porque, gracias a los vericuetos judiciales utilizados por sus abogados defensores, las condenas a 17 años de prisión no están firmes.

Sucede que aún tramita un "recurso de queja" ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación para que sea el máximo tribunal del país quien revise las penas ya confirmadas por la Sala III de la Cámara de Casación Penal porteña, integrada por los jueces Juan Carlos Gemignani, Ángela Ledesma y Ana María Figueroa.

En ese fallo, los magistrados entendieron que los Salgán "favorecieron el ocultamiento" de Schaerer, y que "además brindaron información sobre la actividad de los investigadores que procuraban descubrir el lugar en que se encontraba retenida la víctima y para lograr el cobro del rescate".

Desesperación de madre

Hace años que Pompeya Gómez, la madre del joven de 21 años secuestrado y desaparecido, exige que los "asesinos" de su hijo "estén presos de una vez por todas".

Es la misma mujer desesperada que durante el juicio oral y público celebrado contra "la Banda del Caniche" por el secuestro de Cristian, señaló el 5 de septiembre de 2003, que quienes recibieron el pago de 277.300 mil dólares de rescate en la ciudad paraguaya de Ciudad del Este, fueron Oscar y "Caniche" Salgán.

Sin embargo, el joven nunca fue liberado y hasta hoy se desconoce qué ocurrió con él. Los líderes de la banda de secuestradores, Rodolfo "El Ruso" Lohrmann, y José Maidana, permanecieron prófugos hasta el 3 de febrero pasado. Es decir, durante 14 años.

Ese día fueron detenidos por la policía portuguesa después de cometer un robo a una joyería ubicada en la ciudad de Aveiro. La Justicia argentina ya solicitó la extradición de ambos.

Pompeya Gómez aún mantiene la esperanza de que los delincuentes se apiaden de ella y le digan dónde está el cuerpo de su hijo.

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Antes de fugarse a Portugal, Lohrmann y su lugarteniente permanecieron varios años ocultos en Paraguay gracias al amparo de una banda narco para la cual traficaban marihuana a gran escala.

A diferencia del "Ruso" Lohrmann, los hermanos "Caniche" y "Tío", traficaban cocaína y marihuana, ingresada desde Paraguay, a una escala menor, y fronteras adentro.

Así quedó demostrado en la resolución que dictaminó la prisión preventiva contra los narcos secuestradores fechada el 22 de agosto.

Tan solo unas semanas antes, el 15 de julio, la Sala III había dejado firme las condenas de los hermanos Salgán, pero sus abogados apelaron la resolución, y por eso continuaban traficando estupefacientes libremente.

La causa contra la nueva red mafiosa integrada por los narco-secuestradores está cruzada por escuchas telefónicas y mensajes de WhatsApp que para los jueces son parte de las pruebas en su contra.

Por ejemplo:
-"¿Cuanto sale una tiza? soy Pancuca".
-"Puedo ir a buscar algo porque con el material de ayer no pude hacer nada".
-"¿Tenés algo de verde por un 100?".
-"Soy Marisa, tengo 6 tizas a 250 si me podés comprar o venderme por algún lado te voy agradecer".
-"Compa ahí te mando 400. Mándame una porque enseguida me van a venir a comprar una entera. A mí me queda cortada, ni bien me compran te pago lo que falta".
-"Te vamos a proveer de la buena".
-"Mirá amigo si no confías cien es imposible hacer negocio. Yo, como te expliqué, soy grande y tengo buena estructura acá. Pero no pasa nada, dejamos para cuando nos juntemos nomás. Ya nos vamos a juntar y ahí vas a ver como soy y que podemos trabajar tranquilos. Yo hace muchos años que estoy en el ambiente y todos me conocen y saben cómo soy".

Según la causa penal, la última conversación fue mantenida con un presunto narco de la ciudad de Buenos Aires a quien "La banda del Caniche" le confirma "el envío por la empresa Flechabus desde Clorinda".

Triste, solitario y final

Oscar "Caniche" Salgán, tal como explica el expediente, también fue fotografiado mientras realizaba "el intercambio de una bolsa –que contendría drogas- con otro individuo, mientras terceras personas en dos motos aparecían en la escena a modo de custodia, quienes continuaron cumpliendo ese rol, puesto que luego se movilizaban por detrás del auto en el que se trasladaba Salgán".

Cuando "Caniche" y "Tío" fueron indagados por los cargos de narcotráfico, negaron cada una de las acusaciones y desconocieron a sus socios en el delito.

Lo mismo hicieron en el juicio en el que la madre del joven estudiante correntino los señaló como parte de la banda de secuestradores de su hijo.

Oscar "Caniche" Salgán dijo que no trafica drogas, y que solo conoce a su hermano, Sergio, alias "Tío", y a Damián Vargas, su primo.

Contó que desde 2010 compró tres autos para hacerlos trabajar de remís; que después los vendió y puso un maxi kiosco y que también se dedicó a la compra y venta de vehículos, y que, en algunas ocasiones, no realizaba la transferencia.

También abrió una zapatillería, y hasta se dedicó a la usura prestando dinero. Es decir que, después de secuestrar al joven estudiante, hizo de todo un poco, menos traficar alcaloides.

Sergio, su hermano, transitó por el mismo discurso. Aseguró ser comerciante y dedicarse a la compra venta de ropa y de vehículos. Y que como "Caniche" también trabajó como remisero frente a la Plaza Garavano.

En la causa por la que ahora están presos, los gendarmes y efectivos de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) que realizaron las tareas de inteligencia y allanamientos en los domicilios y bunkers donde vendían las drogas, destacaron y dejaron por escrito que los hermanos investigados por violar la ley de estupefacientes "tenían antecedentes policiales vinculados con el secuestro y homicidio de Cristian Schaerer".

Es decir que mientras realizaban la investigación, todos, incluidos jueces y fiscales, conocían que los Salgán estaban violando desde hacía más de cuatro años su "libertad condicional", pero los dejaban seguir delinquiendo, sin dar aviso al tribunal que los condenó y concedió el beneficio de la excarcelación.

La respuesta nunca llegará porque ningún magistrado o fiscal se lo preguntará. Quizás porque está muy claro que, al menos 10 jueces federales miopes, fallaron en su criterio y dejaron en la calle a dos peligrosos secuestradores y posibles asesinos, ahora devenidos en narcos.

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