Pongamos el tema en términos futboleros que es más fácil. Un marcador de punta es un tipo que juega de defensor bien pegadito a la raya y se ocupa de parar a los delanteros que vienen por las puntas.Por Alejandro Borensztein

Todos definen las listas con formas de la vieja política. El “piletazo” de Massa con Randazzo. Por Roberto García

Los Kirchner gobernaron negando la realidad y esa confusión los llevó a dejar una herencia difícil de remontar. Néstor era un hombre que atraía la suerte. Por eso ocurrió lo mejor que le pudo pasar a su memoria...Por Carlos Leyba -Envío especial para TNA-

Hoy más que nunca debemos consolidar el cambio. Claro que hay enormes resistencias y personajes del pasado que hacen mucho ruido, pero no nos confundamos: como dijo Hipólito Yrigoyen, todo taller de fragua parece un mundo que se derrumba.Por Jorge R. Enríquez*

Parafraseando el Manifiesto Comunista podría decirse que un fantasma recorre las elites argentinas: la posibilidad de que Cristina Kirchner se presente en las elecciones de la provincia de Buenos Aires y las gane.Por Eduardo Fidanza

Por Rubén Torres.

En 1971 se pensó estar dando un salto social: un segmento muy vulnerable recibiría cobertura médica; hoy, una de cada 10 personas tiene PAMI.

Festejamos el metrobus como si fuera la obra del Eurotúnel que pasa por abajo del Mar del Norte uniendo Francia con Gran Bretaña. Por Alejandro Borensztein

La explosión de la posverdad es atribuida a Trump, pero no hay que olvidarse de Guillermo Moreno.Cuando un tipo no sabe como explicar que las cosas no salieron como debían salir o como él dijo que iban a suceder, suele justificarse con la deplorable frase “lo que pasa es que, en este tema, no siempre dos más dos es cuatro”. Un clásico.Por Alejandro Borensztein

Un buen sector de los políticos, especialmente entre los peronistas, preferirá eludir los grandes riesgos, limitarse a cambiar las cosas ligeramente, eliminar lo más escandaloso, mejorar el diálogo, hacer una limpiada de cara y mantener lo sustantivo de un estado de cosas caótico pero altamente productivo para quienes lo gobiernen. Suele llamarse a esta alternativa “transformismo”: el famoso “cambiar algo para que nada cambie”.