Finalmente hubo fumata blanca entre gobernadores y poder central. Siguiendo la línea de Mendieta, el perro  vizachiano que inventó Roberto Fontanarrosa (“Negociemos, Inodoro”), tanto el  poder central como las provincias y la CGT , pese a  chumbarse por los medios, consiguieron  acortar sus diferencias. Por Jorge Raventos

 El Papa Francisco suele hacerse escuchar a través de voceros informales. Algunos de ellos abusan de esa franquicia circunstancial en beneficio propio y así, más temprano que tarde, cesan en esa función. Por Jorge Raventos. Envío espacial para Total News-

En Mar del Plata, en las sesiones de IDEA pobladas de empresarios y ejecutivos entusiastas, el gobierno de Mauricio Macri  recibió el espaldarazo del “círculo rojo”.  El presidente atraviesa una etapa en la que   esos ambientes  lo  ven unánimemente rubio y de ojos celestes, lo vaticinan ganador y  lo imaginan como adelantado de una nueva era. Por Jorge Raventos-Envío especial para Total News-

¿Quién filmó y filtró a los canales de noticias las imágenes de un Amado Boudou lagañoso, desgreñado y descalzo escuchando el  largo fraseo de un funcionario judicial en la antesala de su detención? Por Jorge Raventos. - Envío especial Total News-

La cuarta semana de octubre de 2017 se caracterizó por una formidable aceleración política. En ese breve período ocurrieron hechos que probablemente determinarán el escenario de los próximos años. Por Jorge Raventos-Especial Total News-

Ingresando ya en el mes de las elecciones, todas las proyecciones de los encuestadores vaticinan (con diferencias levísimas) que la lista de Cambiemos se quedará con el triunfo en la decisiva provincia de Buenos Aires.Por Jorge Raventos-TNA-

En  las filas del kirchnerismo, resignado  a una derrota en la provincia de Buenos Aires,  se especulaba últimamente con  el albur de un cisne negro, algún suceso inesperado  que pudiera  modificar un destino que  se consideraba ineluctable. Por Jorge Raventos

 

Un enigma politizado

 

El descubrimiento de  un cadáver en el Río Chubut,  a metros del último escenario en el que había sido visto  el desaparecido Santiago Maldonado, pareció por un instante una  encarnación de  esa quimera.

 

La suerte del joven artesano  estuvo, en sus últimos capítulos, enigmáticamente conectada con  la circunstancia electoral: su  desaparición  fue noticia días antes  de las PASO y  el cadáver del Río Chubut (que, antes aún de ser  inequívocamente identificado por peritos y familiares, todo el mundo presumía  que era  el  de Maldonado) apareció  en la semana  del comicio del domingo 22.

 

En el contexto de una puja por los votos que, si bien no entusiasma a  la sociedad, enardece los ánimos más susceptibles al fanatismo, la  trágica peripecia de Maldonado quedó aprisionada en la lógica  de la llamada “grieta”.

 

Para  los  sectores más radicalmente enfrentados  con el gobierno,  el artesano, simpatizante del  irredentismo  mapuche,  fue considerado desde el principio víctima de una “desaparición forzada” comparable con las que se practicaron sistemáticamente durante la tiranía militar: una manera  de enfatizar  la interpretación  de esas facciones que dibujan a Mauricio Macri como  “cría del Proceso” y que resumen en la consigna: “…vos sos la dictadura”.

 

Falta de reflejos o insensibilidad

 

El oficialismo no  tuvo reflejos  políticos para comprender  a tiempo la densidad  y potencia erosionante  de esa acusación.  Siempre  consideró que  ella  era tan descabellada que  se neutralizaba a sí misma y, de tan increíble, resultaba  contraproducente para quienes la esgrimían.

 

El gobierno empezó tarde a comprender  que esa actitud  generaba inquietud inclusive en una parte considerable de su propia base electoral que,  con el paso de los  días, ante la irresolución del caso y la pasividad argumentativa  oficial, se sentía  crecientemente inerme frente al  activismo  de los acusadores.

 

Es cierto: las encuestas, a las que el oficialismo presta una atención principal,  no reflejaban   motivos acuciantes para la alarma. El tema Maldonado constituyó durante algunas semanas  un hecho incómodo antes que un asunto que  fuera a determinar  cambios de adhesión. Por otra parte, las opiniones favorables sobre el gobierno  no decrecían, sino que se incrementaban pese a  que la investigación  sobre  el desaparecido y  las circunstancias que rodeaban el suceso continuaban  sin dar frutos; algún desahogo económico sumado a la circunstancia de que la prensa  se mostraba más interesada en escarbar el tema de la corrupción en tiempos K que a destacar el caso del joven artesano alentaron esasensación.

 

En el seno del oficialismo, la inquietud  que de pronto crearon  varias incoherencias de la narración de los gendarmes coincidió con el desarrollo discreto de una tesis  que primero se sopló a voceros periodísticos informales y finalmente  la incontinencia de Elisa Carrió  aireó sin prudencia,  oficialmente, esta semana: Maldonado –decía esa conjetura-  estaba oculto, había pasado a Chile con ayuda de los grupos mapuches radicalizados. “Hay un 20 por ciento de probabilidades”, asignó Carrió a esa presunción.

 

¿De dónde sacó el arbitrario porcentaje (para no hablar de la corazonada misma)? La jefa de la Coalición Cívica no sigue las instrucciones de discreción de Jaime Durán Barba pero, socia prominente del oficialismo como ella es,  sus desbarres verbales  también aportan al patrimonio de Cambiemos,  del mismo modo que sus  filípicas y absoluciones morales.  Ella aporta en el activo y también en el pasivo.

 

En este caso, y a la luz de la aparición del cuerpo en el Río Chubut, aquel  diagnóstico y los comentarios pretendidamente graciosos sobre el hallazgo que  lanzó en un programa de cable incrementaron  la reputación de insensibilidad  que rodea a la (para decirlo con los términos  nada complacientes de la oposición) “coalición de la ceocracia”.  La demora del Presidente   en  tomar contacto directo  con la familia de Maldonado también contribuyó a esa fama. Lo hizo  cuando se constató que el cuerpo hallado en el sur era el del artesano, pero en verdad  el sufrimiento de la familia que buscaba al joven desde más de dos meses antes podía haber merecido una palabra directa de consuelo desde el poder (de Macri, o de su vice, Gabriela Michetti; o del jefe de gabinete) sin necesidad de aguardar a aquella luctuosa  confirmación.

 

Acuerdos versus grieta

 

La familia de Maldonado pidió que no se use políticamente la muerte del artesano.  Es más fácil reclamarlo que conseguirlo. Los ejércitos internéticos enfrentados convirtieron las redes en escenario de una guerra sucia informativa, deformando datos, extremando interpretaciones, subrayando  detalles: cada facción en detrimento de la otra.  Otros sectores convocan a guerras menos metafóricas: el vandalismo practicado el viernes en la ciudad de Mar del Plata contra el Palacio Municipal o las consignas  violentas difundidas por algún líder de la llamada Resistencia Ancestral Mapuche son  expresiones minúsculas pero inquietantes de una atmósfera que es preciso serenar rápidamente.

 

Por su propio interés, el gobierno le clausuró el micrófono a la señora Carrió hasta  que  pase la elección: que ella pierda votos en la Capital no es dramático, ya que  tiene una ventaja amplia sobre  sus seguidores. Pero  sus ocurrencias intempestivas  pueden dañar  al oficialismo  en la provincia de Buenos Aires, donde la  ventaja es más estrecha.  

 

En cualquier caso, el tema Maldonado no fue el cisne negro que el kirchnerismo  anhelaba. Los primeros datos confirmados que han trascendido (en cuya gestación tuvieron parte todos los sectores involucrados en el caso)  excluyen hasta el momento la hipótesis de una muerte provocada y admiten, más bien,  la de una desgracia. Eso no libera de responsabilidades por ineficiencia investigativa, manipulación informativa  y eventualmente mala praxis o inclusive excesos en los procedimientos de seguridad.  El juez del caso parece estar actuando con  plena independencia y con un criterio de razonabilidad  elogiable: habrá que dejar que siga haciéndolo y esperar con paciencia los resultados  de su trabajo.

 

Lo que el caso ha puesto sobre la mesa dramáticamente es una interpelación al conjunto de las fuerzas políticas. Cuando se conoció la desaparición señalamos en esta columna: “Conviene  no juzgar el  caso Maldonado  ni exclusiva ni centralmente por el  uso  político-electoral  que se le  está dando. Hay dimensiones más trascendentes para analizarlo. Está el ángulo de la  inseguridad y de las dificultades que afronta el Estado para  garantizar desde la vida de las personas al orden público, así como para investigar y resolver  delitos o siniestros.  La suerte de individuos, familias, aviones o mercancías puede  convertirse durante plazos indefinidos  en un agujero negro inescrutable.”

 

Ese plano requiere un esfuerzo de conjunto, institucional: porque se trata de recuperar la capacidad de acción del Estado, la confianza de la sociedad en su autoridad así como en la eficiencia, la decencia y la ecuanimidad de los procedimientos de sus agentes civiles y uniformados. Es un plano esencial para el cambio que proclama el oficialismo.  

 

Y para encararlo es imprescindible  afrontar  los acuerdos de Estado de los que el oficialismo habla menos. Atravesada la hora de la urna y conocidos los resultados de la voluntad ciudadana habrá que poner manos a la obra.

Si  bien en las operaciones electorales sigue imperando la lógica de la polarización, conviene observar un poco más atrás para comprender  cuál será el clima político después de las urnas de octubre.Por Jorge Raventos-TNA-