Default moral y anímico

Ernesto Bobek Cáceres
Lectura

 

La sucesión de acontecimientos y las medidas que se tomaron en consecuencia desde el gobierno, van dejando en evidencia el impacto negativo que están provocando en todos los niveles de la actividad productiva: Las grandes empresas, la industria, las pymes, la actividad profesional y la de cuentapropistas. Ni hablar de los asalariados -salvo gremios puntuales mimados por el oficialismo- y menos aún de los jubilados.
 
El viceministro de economía, Álvarez Agis reconoció fragilidades en la economía con problemas de empleo puntuales. También admitió que hay complicaciones con los holdouts. Pero fiel al relato oficial al que responde, mencionó que la desocupación está apenas unas décimas por sobre la del año anterior, evitando referirse a la caída de la producción y del consumo, ni a los cierres de comercios y restaurantes hasta en zonas favorecidas de la ciudad. Tampoco a las suspensiones y despidos en las industrias automotriz,  autopartista y de la construcción.
 
Muchos expertos y analistas venían señalando la fragilidad de nuestra economía, afectada por la carencia de una política económica coherente y sustentable que atraiga inversiones, y por una desaforada voracidad fiscal para atender el gigantesco gasto público mayormente tan inútil como corrupto, con único sustento en la fidelización política. 
 
La exposición de lo previsible se dio cuando la cámara de Nueva York confirmó el fallo del juez Griesa y la Suprema Corte de los EEUU entendió que no le correspondía intervenir. En el gobierno esperaban exactamente ese mismo resultado, pero recién para  2015. El error de cálculo desató la tormenta, ya que se aceleraron cuestiones políticas cuando aún faltaban unos 500 días para las elecciones.
 
Aquí entonces una de las claves de lo acontecido: Un tema económico de mora con sentencia firme en jurisdicción elegida por nuestro país, fue artificial y artificiosamente manipulado para fabricar y demonizar a nuevos enemigos, y desde esa óptica instalar un tema político de soberanía mal entendida. Seamos claros: Tampoco es que el gobierno de los últimos 11 años no entendió la democracia o la Constitución Nacional, sino que gobernó ignorándolas, y ahí tenemos los resultados.
 
Habida cuenta que al menos de momento la insolvencia en materia internacional no transita el procedimiento de un concurso o una quiebra en nuestro país, lo que disponga una mayoría de acreedores no obliga al resto. Traducido: Si el carnicero, el diariero y el panadero deciden buenamente rebajarme el 65 % de lo que les adeudo y me permiten pagarles en cuotas durante muchos años, ello no obligará al almacenero a hacer lo mismo. No es tan complicado de comprender.
 
Cuando todo, -pulgar en alto de Kicillof antes de hablar desde Nueva York incluido- hacía prever que se había llegado a un acuerdo, tras un elíptico y extemporáneo análisis de lo acontecido en largos y tensionantes días, el ministro derivó el discurso a la diatriba contra los fondos, Griesa, la cámara de apelaciones e indirectamente contra el sistema judicial norteamericano y el mismo Obama. 
 
El último desafío lo constituyó el discurso de nuestra presidente anunciando el cambio de domicilio de pago de la deuda. Es sabido que va contra la letra de lo firmado en 2005 y 2010. Pero así como en la televisión el rating manda, en la peor política lo hace la medición estadística de visión positiva ante hechos puntuales. Algún día tal vez entenderemos que un gobernante debe hacer lo mejor para el país y su gente y no lo que a la gente le gusta. El populismo produce falsos líderes, feriados y aumentos de sueldo por debajo de la inflación que genera. Quién haga producir al país y quién pague los sueldos tras los dislates es problema del siguiente gobierno. 
 
La ley que buscan dicte el Congreso, será en tal caso legal pero no legítima, ya que contradice lo acordado contractualmente con los bonistas, tanto los reestructurados como los holdouts.
 
El riesgo es enorme ya que el corto circuito se produjo con el 1 % de los acreedores. Pero al no pagar al 92% de los tenedores de bonos, y/o cambiarles el lugar de pago podrían reclamar el pago del total en forma inmediata, lo que transformaría un problema que era solucionable en una tragedia. 
 
El mal humor se instala en los ciudadanos. Aumentos inusuales en todos los rubros, como alimentación básica, transporte, electricidad y gas, expensas comunes en departamentos, indumentaria, salud, hasta esparcimiento. Las posibles soluciones a los problemas que se generan está haciendo estragos hasta en el arco opositor. Lo vemos en la fractura de UNEN que como lo sostuve antes fue siempre inviable con tantos y tan variados participantes. 
 
Tres rubros crecen incesantemente: Los delitos violentos, las causas penales contra el vicepresidente y el dólar paralelo. Aún cuando éste no es oficial y es negado por el gobierno, va señalando el humor del mercado ante los desaciertos políticos traducidos a la economía en inflación y desocupación. 
 
Estamos en un camino que conduce a la chavización de nuestra Patria. En Venezuela antes de fin de año para comprar alimentos en supermercados se deberá estampar la impresión digital. Concomitantemente en nuestro país el conjunto de la sociedad entró en una situación de default moral y anímico al no avizorar un futuro previsible de estabilidad, trabajo y paz social.
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