Con las manos en la masa y el agua al cuello

Ernesto Bobek Cáceres
Lectura

 


Así, quienes desde la política recurren al engaño para seducir al electorado y robarle el voto con falsas propuestas quedan prontamente en evidencia. Las consecuencias del accionar varían de acuerdo al nivel cultural y ético de cada comunidad. 

 

Alexis Tsipras convenció a los griegos de la posibilidad de proseguir el sueño de un eterno pagadiós y la vendió bien en su mercado interno.

 

 

 

 Pero la comunidad internacional se cansó de promesas incumplidas, Tsipras debió renunciar a menos de 7 meses de asumir y Grecia enfrenta ahora el costo de una larga fiesta de grosero derroche.

 

 

 

Más cerca de nuestras costas podemos apreciar cómo terminaron las aventuras del “petrolao”, ese saqueo a Petrobras para pagar sobornos y financiar campañas políticas. Quedaron salpicados políticos de seis partidos y funcionarios directamente vinculados a Lula Da Silva. La estabilidad de Dilma -ajustada ganadora de su reciente reelección- pende de un hilo a medida que se multiplican los pedidos de renuncia y destitución.

 

 

 

¿Y por casa cómo andamos? Dejando de lado a China, Rusia y Venezuela cuyos gobernantes han hecho lo que les vino en gana sin que nadie ose reclamar sin atenerse a terribles consecuencias, parece que quedamos en solitario respecto a la investigación y castigo de notorios hechos de corrupción y permanente violación de la Constitución desde el propio poder.

 

 

 

Hechos de la gravedad del homicidio del fiscal Nisman, ahora el de Ariel Velázquez, y la confirmación de los negocios de la familia presidencial a través de su fiel empleado Lázaro Báez, por solo mencionar unos pocos, no serían posibles sin un “bill de impunidad” que rige desde lo nacional atravesando lo provincial y municipal. 

 

 

 

Impunidad que se garantiza desde el ilícito accionar de la Procuración General y un Consejo de la Magistratura modificado “a medida” que funciona a control remoto desde el ejecutivo.

 

 

 

Estamos ya muy próximos a elecciones que seguramente definirán la fortuna del país por larguísimo tiempo. 12 años de fracasos siempre negados desde el gobierno se traducen en mayor pobreza, narcotráfico, inseguridad, caída de todo tipo de actividad, sumadas a una inflación que de momento no es mayor por el cepo cambiario -a la vez una de las causas de nuestro atraso comercial- han llevado a la casi extinción de nuestras reservas monetarias. 

 

 

 

A muchos les cuesta entender cómo con esta acumulación de atrocidades que arrastra el populismo, pueda el candidato oficial tener siquiera posibilidades de triunfar cuando todo lo que tiene para ofrecer es más “modelo”. La respuesta pueden tal vez encontrarla en los 3.300.000 empleados públicos, 3.600.000 planes sociales sin contraprestación alguna, y 6.600.000 jubilados de los cuales un tercio jamás aportó una moneda. 

 

 

 

Nos encontramos en un perverso sistema en el cual el 50 % de la población activa produce para mantener al 50 % que no hace nada. Así cada vez más “motores productores” buscan soluciones políticas clientelares para librarse de ser de los pocos que aportan y perciben un futuro sombrío al momento de retirarse con una ridícula jubilación que no justifica su esfuerzo.

 

 

 

Ante un panorama tan sombrío desde lo político y lo económico, con un país con grandes áreas aun sufriendo la criminal inacción que agravó los efectos de las ya no tan inusuales lluvias, si pretendemos no repetir que la única salida sea Ezeiza la solución es desterrar al populismo llenando las urnas con votos republicanos que limiten el poder del Estado tal como sabiamente lo prescribe nuestra Carta Magna.

 

 

 

Abogado (Justa Causa)

 

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