Los ajustes de Mauricio Macri, las tensiones internas y la analogía con la Selección

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“Por suerte tenemos otra oportunidad”, les dijo Mauricio Macri a los integrantes de la mesa política que estaban reunidos, el viernes, en la residencia de Olivos. El Presidente venía de festejar

los goles de Nigeria y a eso se refería cuando pasó a saludar y se entretuvo con las ocurrencias de Gerardo Morales. La frase, sin embargo, sonó como una analogía. Su administración tampoco produce los resultados que se esperaban, aunque, como Sampaoli, Macri esté obligado a mirar la parte medio llena del vaso. A la Selección liderada por Messi le queda la esperanza de ganar el martes para pasar a octavos de final y volver a soñar con traer la Copa. La Casa Rosada acaba de recibir el primer desembolso del préstamo del FMI, casi en sintonía con la recategorización a país emergente y cierta calma en los mercados. La Selección tiene por delante 90 minutos para evitar el papelón de quedar eliminada en primera fase. A Macri le queda un año, y no mucho más, para mejorar las variables económicas y encarar con expectativas las primarias electorales de agosto, último paso para la batalla final de octubre por la reelección.

Jorge Sampaoli VIVA

Jorge Sampaoli y Mauricio Macri se reunieron en febrero. Ambos tenían otro panorama por delante.

La crisis del seleccionado y del país no son semejantes ni tienen el mismo impacto en la vida cotidiana, desde luego. Lo que sí es indudable es que Macri y Sampaoli buscan huir de la tormenta perfecta que se fue cerrando sobre ellos y que ninguno imaginaba cuando en febrero se vieron a solas para conversar de los desafíos que tenían por delante. “Es cierto que hoy los dos liderazgos están siendo interpelados, pero hay dos diferencias centrales. La primera es que Mauricio conduce y toma decisiones todo el tiempo: nadie le impone nada. La otra es que en el Gabinete no hay ningún Messi, al contrario: él siempre quiso colaboradores que no sean estrellas”, dice un alto funcionario que vio con Macri la derrota ante Croacia en el comedor contiguo a su despacho de la Casa Rosada.

El primer mandatario, además de armar un gabinete con estilo moderado, se aseguró siempre -incluso en la Ciudad- de que sus ministros supieran que hoy están y mañana no se sabe. Juan José Aranguren le había presentado la renuncia varias veces el año pasado. Francisco Cabrera le transmitió sus dudas cada vez que su nombre sonaba entre las posibles modificaciones. Cuando Macri finalmente decidió prescindir de ellos, una semana atrás, les dijo que era un pedido fuerte de distintos actores de poder. Sus salidas hicieron ruido en la interna de Cambiemos. Más del que trascendió y dejará secuelas.

Mauricio Macri y Juan José Aranguren, el día de la despedida.

Mauricio Macri y Juan José Aranguren, el día de la despedida.

Hay quienes acusan a Horacio Rodríguez Larreta de ser el encargado de fatigar a Macri con Cabrera. “Lo quería echar desde 2008. Tardó diez años pero lo consiguió”, dispara un funcionario que viene de aquella época. El ex ministro de Producción y su entorno están que trinan contra el jefe de Gobierno. En privado le dedican frases de las más hirientes. María Eugenia Vidal también había hecho su aporte. Larreta y Vidal se movieron, como suelen hacerlo, en tándem. La salida de Aranguren tampoco les fue ajena, aunque el ex ministro de Energía tenía incluso más enemigos internos. Elisa Carrió, por caso, fue la primera en pegar el grito cuando se conoció la suba de tarifas de este año. Jaime Durán Barba la acusa de haber disparado la crisis que sobrevino semanas más tarde con la oposición.

A nadie se le escapa, de todos modos, que Aranguren hizo lo que Macri quería. Pero vienen nuevos tiempos. El Gobierno designó a Javier Iguacel para que haga una revisión de los aumentos de los servicios ya pactados y de los futuros. “Mauricio dijo que va a seguir haciendo lo que hay que hacer, pero no come vidrio”, dice uno de sus asesores principales. Entre ese “hacer lo que hay que hacer” figura ganar en 2019.

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Jaime Durán Barba, en una de sus últimas apariciones públicas. El asesor estuvo en la Casa Rosada el jueves.

El rol de Vidal y Larreta empieza a ser mirado con cierto recelo por algunos integrantes del Gobierno. No es que ignoren el peso que tuvieron desde que Cambiemos llegó al poder, pero observan otra determinación desde que se disparó la inflación y la crisis cambiaria. Pidieron y siguen pidiendo cambios.

El principal: que se reduzca la cantidad de ministerios como señal de ajuste, pero a la vez para que solo queden ministros con perfil propio y más peso. Hay inseguridad en distintas carteras: desde Agroindustria y Medio Ambiente hasta Cultura y Ciencia y Tecnología. Acaso eso hizo que Macri ordenara instalar la idea de que no habrá más cambios, algo que ya se le habría transmitido a sus socios. Aunque a esta altura, después de tantas veces que se dijo no y terminó siendo sí, hay que afirmar que lo único seguro es que no habrá cambios por ahora.

“Esta semana tomamos un poco de aire, pero nos hacemos a la idea de que no tendremos paz hasta el año próximo”, advierten distintos protagonistas del Ejecutivo. El humor se mueve al compás de las encuestas. El jueves, después de una estadía laboral en México, Durán Barba volvió a la Casa Rosada junto a su socio, Santiago Nieto. Ambos se reunieron con Marcos Peña y el equipo de comunicación. Analizaron cómo encarar la etapa post acuerdo con el FMI.

Congreso del PRO en Parque Norte

María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta se mueven en tándem.

Vidal constató hace al menos dos meses una merma en su imagen en y en su entorno lo atribuyen a las dificultades que hay en el Conurbano, pero también en ciudades del interior como Mar del Plata o Bahía Blanca, pese a que sigue siendo -lejos- la política con mejor imagen del país.

Los que suelen tener acceso a las encuestas de Rodríguez Larreta admiten que hace tiempo que no las comparte. “Eso es porque él también cayó. Lo desespera porque considera que la gestión es excelente y que la caída viene por el arrastre de la Nación”. No es pronunciada, acaso otro político le prestaría menos atención. No él. Es el respeto que aprendió a tenerles desde que caminaba en soledad la Ciudad para sustituir a Macri. Entendió que hay tiempo de que se reviertan. Él hizo con Gabriela Michetti.

Dante Sica y Javier Iguacel, las últimas incorporaciones del Gabinete macrista.

Dante Sica y Javier Iguacel, las últimas incorporaciones del Gabinete macrista.

Larreta es un cultor permanente de su imagen. Quiere ser presidente y a diferencia de Vidal, que nunca habla del tema con sus colaboradores, el alcalde porteño no lo oculta. A Macri no le molesta, salvo cuando lo ve ingresar en territorio de la especulación. De ahí viene, cada tanto, su enojo por la inacción frente a los piquetes y los cortes de calle. “Horacio no quiere hacer nada que le pueda jugar en contra y Mauricio no se banca esa actitud”, dice una de las mujeres fuertes de Cambiemos.

El Gobierno esperaba el Mundial para lograr un poco de paz. Pero ni el embate opositor ni las internas en Cambiemos parecen ceder.

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