Las dudas por Pichetto, la mesa de Carrió y Dujovne en el estribo

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Expertos en Pichettología, se buscan

La ciencia más cotizada en estas horas es la Pichettología. ¿Qué le ha pasado a Miguel, dicen en el Gobierno, que dejó de ser el

sensato hombre de Estado, con códigos, y se ha corrido a la oposición más despiadada? Estas dudas abundaron en sedes del poder durante el fin de semana, como la quinta Los Abrojos, o en la distante Mendoza. En la casa del Presidente almorzó el sábado Elisa Carrió, apenas con acompañantes familiares. En la provincia de Alfredo Cornejo se apareció el viernes el ministro Rogelio Frigerio para un corte de cintas sanmartiniano, seguido de un descanso familiar.

La jefa de la Coalición fatigó los teléfonos desde ese encuentro con Macri para ponderar la vehemencia del anfitrión en sostener la parada de las tarifas y, por si las moscas, avisar que por ahora no se tocarán suba las retenciones a la exportación de granos. En Mendoza, distrito de radicales con chapa, Frigerio parlamentó con el presidente de la UCR, el gobernador Cornejo, sobre la crisis de la semana, que se ventilará en el Senado con los dos dictámenes de tarifas.

Están de acuerdo en IVA, pero se pelean por la foto

La pregunta por Pichetto, ante quien parlamenta en nombre del Gobierno, Ernesto Sanz, interroga sobre su gesto fierro y despierta hasta pánico en algunos. “Hay que cuidarlo a Miguel más que al proyecto de tarifas”, me dice un hombre del Gobierno que está en todas. Hasta ahora el senador “federal” insiste en el que su bloque y el de Cristina de Kirchner van a apoyar el proyecto "massista" -así lo califica el Gobierno- de congelamiento de tarifas que votaron los diputados hace dos semanas.

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Miguel Pichetto, jefe del bloque de senadores peronistas y el hombre más apuntado por el Gobierno.

Entre los misterios de la política argentina figura, al tope, el siguiente: si Pichetto, los gobernadores y Cambiemos coincidieron la semana pasada en un proyecto de baja del IVA a las tarifas durante un año, ¿por qué no se ponen de acuerdo para aprobarlo en el Congreso? Ese enigma figura junto a otros, que nadie ha desentrañado en décadas, como quién se queda con las chicas más lindas o a dónde van a morir los pajaritos. La respuesta está en la inquina electoral, que mueve a los protagonistas a evitar la foto inoportuna para una campaña electoral que ya está en marcha.

Que el Gobierno llame a los gobernadores

Pichetto responde que el dictamen de Diputados se vota el miércoles, a menos que el Gobierno ofrezca algo más que el proyecto de IVA. Por ejemplo, que junte a todos los gobernadores y que éstos se comprometan en una política unificada que reparta el costo político del "subi-baja" de las tarifas en el público. Eso se lo reclama a Frigerio, el encargado en el Rosada de manejarse con los mandatarios provinciales. Pichetto es víctima de un desentendimiento de éstos con los legisladores que decían controlar, pero también de ellos entre sí.

El presidente Mauricio Macri recibió días atrás en la Rosada al gobernador salteño Juan Manuel Urtubey.

El presidente Mauricio Macri recibió días atrás en la Rosada al gobernador salteño Juan Manuel Urtubey.

El proyecto de baja del IVA tiene al apoyo, dice el senador, de mandatarios como Juan Schiaretti, Juan Manuel Urtubey y Gustavo Bordet, pero los demás lo desalientan porque castiga los impuestos coparticipables. En ese trámite, el Gobierno responde que puede intentar el concilio de gobernadores, pero que Pichetto tiene que vestirse de nuevo el traje del peronista racional y atento a la gobernabilidad. Querrían, para decirlo peronísticamente, un Pichetto menos atento a las tácticas de Sergio Massa.

Si no acordás, te ajusto

El nervio de la situación es tan tenso que sólo puede anunciar un acuerdo, que irá por el lado de que en medio de la sesión se modifique el dictamen que el Gobierno cree que lo perjudica más y se incluyan pedidos de las provincias. Por ejemplo, que pasen a la provincia de Buenos Aires y a la Ciudad el pago a los subsidios de Aysa, Edenor y Edesur. Acá el Gobierno se divide: los gobernadores Vidal y Rodríguez Larreta piden a los senadores de Cambiemos que resistan. El Ejecutivo, través de Frigerio y Humberto Schiavoni (presidente del PRO) están dispuestos a poner esto sobre la mesa, si eso asegura un entendimiento sin derrotados. ¿Y si eso no ocurre? El Gobierno amenaza con el veto a la ley mala. “No me gusta legislar para un veto –dice Pichetto– pero el Congreso, en todo caso, estará dando una señal”.

¿Señales? El Gobierno tiene enfundada una lapicera para responder con señales. Esta semana Dujovne y Andrés Ibarra darán detalles del recorte del gasto político –prebendas de aviones, viáticos y otros perks de los funcionarios–. Son $ 20.000 millones que se pueden dar de baja, pero ocurrirá recién en el presupuesto 2019. Una señal, por ahora. Pero no la única, porque se reserva el Gobierno otra si la guerra es total: revisar también en el cálculo para 2019 las partidas que envía la Nación a las provincias para atender el área educativa. Los fondos del incentivo docente son este año $ 25.000 millones y el Gobierno los ha puesto en la carpetita del ajuste. Sirven para ponerles piso a los sueldos de los docentes provinciales, pero si la pelea es a cara de perro, entrarán también en debate, como otras remesas que el presupuesto prevé para salud.

Mesas hay muchas, pero para Carrió domina una sola

A la espera de estos acontecimientos, el Gobierno ordena los cajoncitos y Macri se aferra a lo único que puede ayudarlo en política, que es la política. Dedicó buena parte del fin de semana a fidelizar Cambiemos con gestos y palabras. Entre los gestos, invitarla el sábado a almorzar a Elisa Carrió a su casa. Son frecuentes esos encuentros casi familiares, pero ganan significado cuando el contexto es turbulento.

En cuanto a las palabras, parlamentó por teléfono largamente con Mario Negri, a quien pondera por sus apariciones por TV y sus discursos en el Congreso. Cuando elogia, Macri se disculpa ante sí mismo, dice que no es lisonjero, pero le ratificó la confianza como uno de los CEOs del radicalismo, ahora que merodean en la multitud de mesas otros radicales, y el cordobés no está en ninguna. Carrió suele decir, para consuelo de quienes la escuchan, que podrá haber cien mesas, pero que siempre la que manda es en la que sienta Macri con ese dúo, Carrió-Negri.

Dujovne esta semana con delegación de radicales

La preocupación del jefe del interbloque es que no se extienda esa mancha venenosa que sale del Palacio de Hacienda, y que les atribuye a los radicales tener un plan económico distinto al de Nicolás Dujovne. Una manera de sacar un seguro, por si es necesario algún chivo expiatorio con culpas bíblicas sobre sus espaldas. Eso le aclarará esta semana al ministro el grupo de radicales que tiene citado para día a determinar, porque tiene que desbaratar un viaje a París. Lo integran Alfredo Cornejo, Ernesto Sanz y alguno más.

Los radicales que se reúnen para hablar de economía no tienen ningún plan, sino que discuten y analizan para acercarle al Gobierno iniciativas que entran en la mezcladora de las decisiones. Pretenden, en todo caso, que los comprometan en las medidas, y no que sólo los llamen para apagar el fuego. Para eso tienen más grupos de trabajo que mesas de discusión tiene el Gobierno. Si hay alguien que tiene precedencia sobre los demás es Jesús Rodríguez, que figura en la Fundación Alem, que esta semana hace una mesa pública con José Luis Machinea. También ronca fuerte en el grupo que coordina economistas del partido. En el tiempo que le queda libre, también es referente principal del grupo Olimpia, que reúne una vez por mes a decenas de radicales de todo el país. Este es se reunirá para discutir sobre los gobiernos de coalición. O sea, sobre este gobierno.

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El presidente Mauricio Macri, con el ministro Frigerio y los radicales Cornejo y Sanz. Un año atrás.

Los radicales se acomodan a este nuevo libreto que les da participación en niveles de los que estaban ausentes. El lunes sesionó la mesa directiva del partido, y el presidente Alfredo Cornejo fue sometido a examen por sus correligionarios sobre el rol que cumple Ernesto Sanz en una de las mesas chicas del Gobierno. Ante testigos fieros al momento de juzgar las relaciones dentro de Cambiemos, como Federico Storani, Rafael Pascual o Enrique Nosiglia, la neuquina Yenni Fonfach, una de las secretarias del Comité Nacional, le preguntó directamente a Cornejo sobre el rol que cumplía el ex senador por Mendoza. Cornejo le dijo que la idea había sido de Gerardo Morales, para tener un representante de los gobernadores en esas mesas de coordinación, porque su tarea no les permite estar en todas las reuniones del Gobierno. Le llevaron el nombre a Macri y éste se dijo encantado de que Sanz volviera por allí.

Monzó se queda sin viaje a París

Otro gesto hacia la política fue el pedido de Macri de que Emilio Monzó no viajase este domingo a París, con la delegación de legisladores que acompañará a Jorge Faurie para participar de una reunión del comité de representantes de la OCDE en la que se va a hablar del ingreso de la Argentina a ese club de naciones, el llamado sistema de "arrangement", que precede al ingreso pleno. El proceso está en manos de una consultora belga, ante la que tiene rendir examen la Argentina si le abren la puerta. El Gobierno trata de ponerle sordina al acuerdo con el FMI y la primera instrucción es que Dujovne no viaje a Washington hasta el final de la negociación. Ésta la harán funcionarios de segunda línea, pero el ministro no aparecerá hasta el momento de la firma.

El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, viajará a Washington recién cuando esté para firmarse el acuerdo con el FMI.

El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, viajará a Washington recién cuando esté para firmarse el acuerdo con el FMI.

Dujovne tiene su viaje a París en duda porque la admisión de la Argentina puede postergarse hasta junio y su compromiso es estar también a la hora de la firma (y la foto). Al Gobierno le interesa identificarse, ante el público, con esta marca de prestigio que es la OCDE. Este sello heredó al plan Marshall y es un club exclusivo adonde entran países que se adaptan a las normas de la economía de mercado. Se resisten en la comisión directiva, en la que late la vieja Europa, a que entren países emergentes como la Argentina. Pero conviene porque al final, si se ingresa allí, se obtiene una calificación que miran los inversores. Por eso el Gobierno le tiene tanta confianza al efecto del ingreso en la OCDE que, de paso, es la libretista o proveedora de información al G20, que este año es propiedad (transitoria) de la Argentina. El ingreso a la OCDE es como las metas de inflación, un compromiso con una dieta que se promete cumplir.

Diputados piden escudo protector

Macri lo quiere a Monzó cerca esta semana porque hasta el miércoles, fecha de la sesión en el Senado sobre tarifas, puede ocurrir cualquier cosa. El resultado que busca el Gobierno y el peronismo moderado es un mix de proyectos que se asiente en la letra acordada por todos de bajar el IVA por un año en la factura de los servicios. Eso es lo que hablaron Macri, Frigerio, Pichetto y Juan Manuel Urtubey. Si eso camina en la sesión del miércoles, tienen que salvarles la ropa a los peronistas federales de Diputados y a los oficialistas de Cambiemos.

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Massistas y kirchneristas, durante la sesión por tarifas en diputados el 9 de mayo.

Esos dos sectores confrontaron a cara de perro en la última sesión que aprobó el dictamen, con el voto de todas las tribus opositoras. Los dos sectores estaban convencidos de actuar atados a la amenaza de Macri de que había que rechazar cualquier proyecto que no fuera el del Gobierno, y que el costo fiscal de cualquier iniciativa debía ser cero. Los federales de unieron a los cristinistas en un proyecto maximalista porque, de todos modos, Macri lo vetaría. Ahora piden que, si el proyecto cambia en el Senado, venga con algún escudo para protegerlos del costo del arrugue. Los federales de la Cámara baja tienen un precio alto porque lograron, con el proyecto que se votó en la última sesión, arrastrar a los cristinistas por primera vez. Además, se entusiasman con apoyos discretos pero importantes, como el que les mandó a través de un tuit y de varios mensajes por whatsapp, el animador Marcelo Tinelli. "No entiendo. El proyecto opositor de tarifas en el Congreso, lo elaboraron y lo defienden legisladores que responden a Urtubey, y él ahora dice estar en contra. Algún analista político que me lo explique", ironizó Tinelli. Los federales se maravillaron por la atención que les presta este cacique del show business a su formación.

Forcejeos en el espacio federal

A contrafrente y por detrás del follaje, Daniel Scioli mantuvo una reunión con Pichetto en un movimiento que algunos perciben como un acercamiento imparable hacia los federales. Son gestos prematuros que inquietan en ese arco porque Scioli tiene el proyecto de ser, por lo menos, lo que fue. En eso tiene competidores en todos los espacios del peronismo, pero principalmente en el no cristinismo. Massa se anota como llamador del espacio federal y es quien tiene mejores relaciones con Pichetto y el grupo Bossio. Urtubey también reclama un papel en ese libreto. Scioli tiene un precio alto de ingreso a ese sector, porque ha jugado hasta 2017 en el espacio cristinista, tribu que hoy no tiene ningún producto para ofrecerle.

El ex gobernador tiene referentes en muchos sectores. No sólo en la administración vidalista de Buenos Aires, adonde dejó plantadas varias células dormidas. También en el Congreso. Allí tiene una comisión de Deportes, ha hablado en sesiones a los pocos meses de ser diputado, algo que los bloques les conceden a los debutantes por lo menos recién después de un año de amansadora. Tiene un despacho en el palacio de los Diputados, concesión de Monzó, quien le reserva el privilegio de estar en ese edificio a todo quien haya sido presidente, y Scioli lo fue, aunque de manera temporal.

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Daniel Scioli, con despacho privilegiado en la Cámara de Diputados.

Ese despacho es un símbolo, porque no tiene baño. En compensación, usa una amplia oficina en el anexo de la cámara. En esas amenities puede tener oficinas y un comedor propio, lo que le permite conservar el hábito de no comer casi nunca en espacio públicos. Así despliega el principal atractivo que ha tenido en sus mejores momentos, la nostalgia de realeza, un aire que traduce modos de poder muy útiles en la política. Aunque no tenga poder.

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