El Gobierno impulsa cambios en el PAMI para bajar el gasto

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Habrá más ajuste. Lo pide el Fondo Monetario Internacional . Y el presidente Mauricio Macri está dispuesto a ajustar. No solo para recibir fondos. Macri está convencido de que debe perder

la costumbre de vivir como si estuviera en superávit cada vez que entra en déficit. “Si tengo que pagar el costo político que sea necesario para lograrlo, lo haré. Incluso, si eso me compromete electoralmente en el 2019”, repite en la intimidad. Y añade, palabras más, palabras menos: “Ahora tengo el apoyo de los principales potencias del mundo para intentar imponer ese cambio cultural”.

Existe un proyecto para achicar el histórico agujero negro de gastos del PAMI. El tema está en discusión. Interlocutores del Gobierno: los gremios más importantes de la CGT.

Aunque nunca lo admitirá en público, el Presidente busca reducir la nómina de empleados del Estado. En organismos públicos que él ve engordados por trabajadores que cobran mucho pero a sus ojos trabajan poco, cuando trabajan. Este ajuste sí será gradual. Igual que la modificación, antes que recorte, en los planes sociales que recibe aquella parte de la población que necesita de ayuda para ganar algo, aunque sea poco.

El Presidente será inflexible con los aumentos en las facturas de la luz y del gas. Si el Senado, si los gobernadores del PJ no frenan el proyecto de ley para congelar esas tarifas, que ya tiene la media sanción de Diputados, vetará esa nueva legislación, que describe como ‘irracional’.

Macri llamó a un gran “acuerdo nacional” con diferentes sectores de la economía y entendió que debe ampliar su base de sustentación política. El Presidente volvió a los orígenes, al núcleo chico de mayor confianza que lo auxilió a llegar donde llegó. El ideólogo del cambio en su nuevo estilo de gobernar es el empresario Nicolás Caputo. Su amigo de toda la vida le sugiere qué hacer para “no liderar un Gobierno ‘triste’”.

La última devaluación, la crisis financiera y la apertura de una línea de crédito fresco con el FMI despertaron a Macri. Su ex jefe de Gabinete durante ocho años en la Jefatura Porteña, y hoy sucesor en el Poder Ejecutivo de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, así como la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, le dijeron que la mejora de la gestión nacional acaso dependieran de cambios en su Gabinete. Rodríguez Larreta, Vidal y Caputo volvieron a influir en el Presidente, algo que ya dejaban trascender funcionarios de jerarquía, siempre de modo informal.

Macri abrió la mesa política a sus viejos aliados fundadores de Cambiemos. La Unión Cívica Radical (UCR). La diputada nacional más portentosa del oficialismo, Elisa Carrió. El ex senador nacional del radicalismo Ernesto Sanz volvió a visitar la residencia presidencial. El ministro del Interior, Rogelio Frigerio, volvió a ascender en este esquema. Igual que el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, quien había anunciado un retiro de su cargo para 2019 que ahora quedó en suspenso. Monzó y Rodríguez Larreta ya hablan con dirigentes de la oposición, como el jefe del Frente Renovador, Sergio Massa.

El FMI quiere achicar el déficit fiscal y el Presidente buscará hacerlo. Ni humillado, ni ofendido.

Así se lo ratificaron a Clarín tres ministros nacionales y varios asesores sin cargo pero con gran influencia sobre Macri.

Los meses que vienen, saben en el Gobierno, serán turbulentos desde el punto de vista social. El principal cuidado que tendrá. El ajuste se hará, con aceleramiento, pero al mismo tiempo con estilo casi bonsai de toques minimalistas. Todo un desafío.

El Presidente ya adelantó algo de esto en la conferencia de prensa que dio el miércoles pasado. “Hay que acelerar” y “profundizar” el achique del déficit fiscal. “No vine acá a hacer lo políticamente correcto”.

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En medio de la crisis cambiaria, el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, le sugirió que estaba dispuesto a dejar su puesto. El Presidente le contestó que lo necesitaba. El miércoles, Macri lo ratificó como el nuevo encargado de la política anti-inflacionaria y de la monetaria. En la intimidad del Gobierno ya se admite que la suba de precios anual será mayor al 20 %.

Desde que la crisis de la devaluación sumió al Gobierno en la zozobra, Macri escucha críticas a sus funcionarios de mayor confianza. Uno de los más golpeados por este escenario es el vicejefe de Gabinete, Mario Quintana, quien había “intervenido” de modo variable en el BCRA.

La convocatoria al “Gran Acuerdo Nacional” incluirá a los gobernadores del PJ; a la oposición; empresarios; agrupaciones sociales, y a la CGT.

De estos últimos se está ocupando el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, además de cerrar las paritarias. Y de prepararse para la reapertura de las que quedarán desactualizadas por la inflación.

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El secretario general de la CGT Azul y Blanca, Luis Barrionuevo, ya instruyó a los gremios alineados con su liderazgo: ayudará al Gobierno.

Un ítem delicado para negociar con la CGT será el cambio del PAMI, la obra social de los jubilados.

A mediados del año pasado, el médico Sebastián Neuspiller, Coordinador Operativo de la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS), le entregó al Presidente un plan para mejorar la atención de los afiliados al PAMI. Con un criterio orientado en la salud pública, el plan de Neuspiller hace foco en las dificultades que trae a los jubilados dejar atrás la obra social de sus sindicatos al ingresar al PAMI. Historias clínicas, la atención personalizada de sus médicos, suelen extraviarse en una burocracia que colapsó.

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Aunque falte decidir su implementación, la idea es que los grandes sindicatos de la CGT se queden con los aportes de los afiliados que se jubilan y que hoy transfieren al Gobierno para que vayan al PAMI. El objetivo es que sean las obras sociales gremiales las que se hagan cargo de la salud esos jubilados. El proyecto avanzará siempre que cuente con el consenso de los sindicatos de la CGT.

En principio, los grandes gremios no rechazan esta novedad. En cambio, sí lo hacen los sindicatos más chicos: les faltarían fondos para responder a la nueva demanda.

Triaca es un hombre de diálogo. No de confrontación. Hay un acuerdo salarial que pasó a ser prioridad para el ministro. Es la paritaria de la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), el sindicato que representa a buena parte de los empleados públicos. La paritaria de UPCN resulta crucial porque el Gobierno está decidido a optimizar la planta de empleados del Estado. No habrá despidos por ideología, si por ineficacia, ñoquis o por corrupción.

El FMI también transmitió que no le pedirá a la Casa Rosada que apruebe leyes en un Congreso donde Cambiemos en minoría.

Sobre la invitación a los gobernadores del Justicialismo a que ayuden en la gobernabilidad, el Gobierno es más escéptico. El jefe de la bancada de la UCR en Diputados, Mario Negri, arrancó sonrisas en una de las últimas reuniones de Gabinete, incluso la del Presidente, cuando le pidió prudencia: “Mauricio, los gobernadores del PJ hacen un doble juego. Mientras te escuchan, se imaginan cómo usarían ellos los muebles de Olivos. O piensan en que sea la mujer de ellos la que coseche la huerta de tu esposa Juliana”.

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