Abraham Skorka: "Estamos sufriendo una gran debacle cultural, perdemos valores"

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-Hay conversaciones interreligiosas, pero ¿observa una Argentina dispuesta al diálogo?

-No. Es una de las carencias más grandes que tenemos. Cuando hablamos de “grieta”, primero y antes que nada, estamos

hablando de incapacidad para dialogar. Lo que hicimos en su momento con (Jorge) Bergoglio no fue solamente para mostrar cómo un judío y un católico podían hablar, máxime un rabino y un Padre, como a él le gusta que lo llamen, sino que el mensaje era más abarcativo: era “vean, por el amor de Dios, el valor que tiene el diálogo; la dramática necesidad del diálogo”.

-¿Por qué esta incapacidad para dialogar? ¿Es irreversible o es un mal de época?

- Lo que veo es una gran degradación de la cultura, la manera en que vivimos, los valores tal como los expresamos. La arrogancia, la soberbia, nos erosionan terriblemente y no nos permiten ser. Esto es consecuencia absoluta de nosotros mismos. No nos equivoquemos, no nos engañemos: la gran mayoría de nuestros problemas son afectivos. El amor es el motor de la vida, es el elemento básico y primigenio, tal como está escrito en La Biblia.

-¿Cómo ve la relación entre religión y política?

-Es una mezcla muy peligrosa. De ningún modo acepto un régimen teocrático porque son absolutistas, y el que detenta el poder dice “yo tengo la verdad, no hay lugar a discusión”.

"Al Papa Francisco le duele la situación acá. Me dijo: “Cierta gente hizo campaña en contra de mí en Argentina”

-No debe ser afín al populismo…

-Para nada. La verdad no fue concedida a los hombres. Tenemos que buscar la verdad a través del diálogo, los consensos, firmar contratos sociales; un diálogo real, sincero. En la literatura rabínica hay un pasaje escrito hace 1800 años que es brillante. Dice “que el ángel de la verdad no estaba presente en el momento en que fue creado el hombre”. El populismo, como una verdad absoluta que se impone, no me gusta para nada. Eso no significa que no esté a favor de la justicia social, que no clame por tanta gente con privaciones en el país.

-¿Cómo afectan a la dirigencia judía los recientes escándalos que derivaron en el desplazamiento del presidente de la DAIA?

-Los que ocupan cargos directivos deben ser ejemplos para la sociedad y cuidar los más mínimos detalles. En el caso de Cohen Sabban, hubo comportamientos inadmisibles que llevaron al pedido de renuncia. También vemos casos así en dirigentes de otros ámbitos; expresiones que no están a la altura de sus cargos. Lo que pasa en la comunidad judía refleja a la comunidad argentina. No hay que olvidar que los dichos de la señora (Esmeralda) Mitre sobre el Holocausto y los desaparecidos fueron horrorosos. Estamos sufriendo una gran debacle cultural... perdemos valores.

-¿Está de acuerdo con la inclusión de religiosos en un gobierno?

-La religión para cumplir una función social real tiene que ser una plataforma que critique a los políticos, que puntualice exactamente todas las falencias que se dan en el mundo de la política, pero, justamente, sin tener cargos políticos ni estar en el juego político. Desde el momento en que alguien está inserto en la estructura del gobierno, pierde credibilidad. El profeta, aunque hubiera un solo pobre, tiene que clamar por esa persona.

-¿Cómo ve al rabino Sergio Bergman ocupando un ministerio en el gobierno actual?

-El rabino Bergman tiene derecho a ser ministro de Medio Ambiente, pero como integrante de un partido. Vuelvo a decir: la mezcla política-religión es muy peligrosa. Decir cosas rabínicas como ministro... no debiera, no corresponde. No corresponde.

-Sobre el vínculo religión-política, en su libro con Jorge Bergoglio él dice que son “animales políticos”. Usted no coincide tanto...

-Claro que él es un animal político, de eso no me caben dudas. Pero tuvo que obrar con políticos. La importancia de la Iglesia en Argentina es tan grande que, evidentemente, tuvo que trabajar políticamente en el país. Ahora, una cosa es estar inmerso y ser parte y otra cosa es trabajar “junto con”, para poder luchar por los derechos de la clase sufriente.

-¿Lo representa alguna idea política actual o referente político que se acerque a esa idea?

-Con sinceridad, estoy muy defraudado por los políticos en Argentina. No pude entender nunca, y me resultó una afrenta, un cachetazo, cuando alguien que fue electo, diputado, creo, al día siguiente pasó de partido político.

-¿Eduardo Lorenzo Borocotó?

-Sí, fue el primero. Me pareció terrible. Entiendo que el mundo de valores de mi niñez no existe más, pero no puedo hacer las paces con una realidad tan viciada. Los grandes dramas de la Argentina se dan por la carencia de grandes líderes políticos. Y es culpa de todos.

"El debate del aborto no se encuadra en criterios epistemológicos correctos, igual que el matrimonio igualitario”

-Sigue habiendo baja credibilidad en los políticos y la Justicia. ¿Se da también en la religión?

-Por un lado sí. Por otro, no. La baja credibilidad fue una realidad en el siglo XX. Las nuevas religiones ocuparon lugares que las tradicionales no supieron recrear. Sobre la democracia, deberían haberse defendido con más fuerza los regímenes democráticos. Y la religión tendría que, en todos los casos, haber luchado, ya que surgió como necesidad intrínseca del hombre. Hoy no se busca el diálogo entre lo racional y lo espiritual sino lo religioso-fantástico. Por eso tanta kabbalah y movimientos ortodoxos. El mundo se volcó a las formas extremas de religión. Así que sí, hay descreimiento. Al ver al Papa lidiando con el caso de los obispos chilenos (acusados de pedofilia), es claro que una de las luchas es por una Iglesia con estándares éticos.

-Usted formó parte de ese abrazo en Jerusalén con el Papa Francisco y el líder religioso musulmán Omar Abboud. ¿No es curioso que tres argentinos busquen un encuentro cuando en su propio país, según dijo, no hay diálogo?

-Que en Argentina no se haya establecido a nivel social el diálogo no significa que falten argentinos que sepan dialogar, con un nivel espiritual e intelectual de primera. No significa que seamos un país sin grandeza. Argentina no es sólo fútbol. Hay escritores profundos, amén de Borges y Cortázar. A nivel “individualidades” es maravilloso, pero no andamos cuando hay que hacer equipo. Hay una clase que tiene la culpa de la bancarrota, y es la que gobernó. No quiero decir “la que gobierna” porque quiero tener esperanza en que van a encontrar la vuelta al cambio. Y me gustaría una oposición que estuviera para criticar, demandar; no para serruchar el piso.

-¿Qué pasa con el Papa y la Argentina?

-La verdad, no sé. A mí me gusta hablar sobre cosas que sé. Por supuesto que hablamos del país cuando nos vemos en Roma, pero la mayoría de las veces conversamos sobre pequeños proyectos. Desde la primera vez que me encontré con él allí sentí que había ciertos temas con respecto a la Argentina que le dolían mucho. Por eso, sobre ciertos temas dejo que él diga lo que quiera decirme, y digo lo que entiendo que debo decirle.

-¿A qué se debe ese dolor?

-Le duele mucho la situación, de eso no me caben dudas. También me dijo: “Cierta gente hizo campaña en contra de mí en Argentina”. Tengo entendido que alguna gente… Es simple, estás con tu amigo y tu amigo te dice “me pasó esto”. Lo dejás hablar, no insistís.

-¿Prende el antisemitismo en Argentina?

-Se avanzó muchísimo y dentro de los grandes logros de la democracia está que el antisemitismo sea condenado totalmente. Pero hay distintos factores por los que, apenas uno rasca un poco, aparece ese antisemitismo.

-¿Está latente?

-Sí, está latente. Con los problemas financieros o crisis sociales siempre aparecen expresiones que no son para nada felices. Está en Europa, está aquí. Pero debo decir que hemos avanzado mucho. Está acotado.

"Estoy muy defraudado por los políticos en Argentina... no puedo hacer las paces con una realidad tan viciada”

-¿Cómo está viendo el debate del aborto?

-Igual que con el matrimonio igualitario, al debate del aborto no se lo encuadra basado en criterios epistemológicos correctos. Entiendo que los testimonios en televisión del estilo “yo hice un aborto y me pasó esto”, “yo veo gente que aborta y muere”, son muy importantes. Pero cuando se quiere hacer una ley hay que hacer estudios minuciosos y veraces, ver la realidad, ver qué ocurre y las distintas posturas culturales al respecto; incluir las diferentes posturas religiosas y después obrar.

-¿Qué espera que ocurra?

-La postura judía es defender la vida. En cada vida está Dios. Pero cada caso debe ser analizado. En el judaísmo, el aborto se practica en casos límite, cuando la vida de la madre corre serio peligro. Tenemos que encontrar un equilibrio entre el respeto a ultranza de la vida y el drama que sufre quien debe dar el desarrollo a esa vida; hay que acompañar y trabajar con la entidad espiritual y psicofísica de esa persona. Cada juez tiene que tener en sus manos las armas necesarias para determinar. Ahora surgieron ciertos casos médicos en los que se debe permitir el aborto.

-Mencionó el matrimonio igualitario, tema que debatieron en el libro que escribió con Bergoglio. Su posición, más o menos, fue en contra…

-Que dos personas del mismo sexo quieran convivir está bien. Es su derecho. Se pueden hacer contratos recíprocos a nivel pecuniario para que sea semejante a un matrimonio. Pero desde el punto de vista antropológico, cuidado con lo que jugamos. No es lo mismo el matrimonio heterosexual que el homosexual. No me gusta el nombre de la ley. Etimológicamente está mal: matrimonio viene de madre.

-Hubo casamientos de judíos gays en templos, aunque no en el que usted lidera.

-Sí. Eran ceremonias que se definían como “especiales”. Puede ser que mi postura sea vieja y que con el tiempo, en mi evolución, llegue a entender profundamente el cambio.

-¿Cómo se detiene el eterno conflicto en Medio Oriente?

-Depende de líderes muy grandes, que tengan coraje espiritual. Por eso me gusta recordar a Anwar el-Sadat, el líder egipcio asesinado en 1981. Podría decir Isaac Rabin, Shimon Peres, Menájem Beguin…pero no. Yo quiero rescatar el mundo del islam. Fue un gigante por la paz y por su pueblo y le costó la vida. ¿Por qué lo mataron a él? Porque había gente que evidentemente quería el conflicto. ¿A cuánta gente se le termina el negocio si concluye el conflicto?

-Más allá de que no se concretara, ¿qué opina de la idea de Macri de recibir refugiados sirios?

-Claro que hay que recibirlos. A gente como la de Alepo, que veía la muerte por la ventana de sus casas, hay que ayudarla. Con políticas migratorias bien establecidas.

 

 

 

Doctor en química y amigo íntimo del Papa

“¿Qué pasó con el partido de ayer, che? ¿Qué hacemos con Independiente?”, le pregunta a un empleado del templo donde oficia, por un reciente resultado en la Copa Libertadores. La acción sucede en pleno corazón de Belgrano, no tan lejos del estadio Monumental de su querido River, aunque admita que no es muy fanático. En el hall de entrada de la comunidad judía Benei Tikva hay un recordatorio a los “héroes del Holocausto”, y más abajo, a las víctimas de los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA. A pesar de todo, Abraham Skorka imprime optimismo apenas llega y todos se contagian.

Nació en el barrio de Paternal, donde vivía con sus padres y abuelos, y más tarde se mudaron a Villa Crespo. De padre comerciante y madre ama de casa, supo desde chico respetar la cultura del trabajo. En su hogar se admiró a líderes socialistas como Alfredo Palacios y Mario Bravo. Se ordenó rabino a los 23, sin ninguna presión en su hogar, recuerda. “En mi casa había valores espirituales y lo que el judaísmo nos enseña no es abstracto porque la búsqueda de Dios es la relación con el prójimo”, aclara.

Se casó a los 30 años con su actual mujer, Silvia, y tuvieron dos hijos: Gabriela, diseñadora gráfica, que vive en Londres, y Rafael, cardiólogo, quien le dio su única nieta, Jafra. Skorka es licenciado y doctor en ciencias químicas y, si bien nunca ejerció, asegura que aprendió mucho de la epistemología para su vida espiritual.

Es amigo y “hermano” del Papa Francisco, a quien conoció en los ‘90, cuando Jorge Bergoglio era Arzobispo de Buenos Aires. Se siguen tratando de “usted”, pero mantienen un diálogo fluido por mail, teléfono o, cada tanto, personalmente en Roma. Hasta se permiten bromas. El momento de quiebre que los unió fue en 1999, precisamente a través del humor, cuando Bergoglio, en pleno Tedeum en la Catedral Metropolitana, fanático de San Lorenzo que iba muy bien en el campeonato, le dijo al oído, en alusión a River: “Yo creo que este año comemos cazuela de gallina”. Desde ahí, sin formalismos, Skorka lo invitó a que diera el mensaje previo al año nuevo judío en algunas oportunidades, y el arzobispo, a dar clases en el seminario donde se forman los sacerdotes católicos.

“Estamos sentados donde conversábamos con Bergoglio, siempre rodeados de medialunas”, explica Skorka, en un salón contiguo al templo donde celebra sus ceremonias religiosas. Aquí, como en la Catedral Metropolitana, conversaron casi un centenar de horas hasta publicar en 2010 Sobre el cielo y la tierra, libro donde hablan de manera “franca y sincera” de temas de actualidad y espirituales.

“Bergoglio venía siempre en subte; lo tomaba en la estación Juramento, igual que yo cuando iba allá. Pero desde la Seguridad del Gobierno le dijeron que tenía que llegar en auto, algo que no le gustaba. No siempre la tuvo fácil…” En 2014, el Papa, el Rabino y el líder musulmán Omar Abboud, los tres argentinos, dieron el “abrazo de las tres religiones” frente al Muro de los Lamentos en Jerusalén, un símbolo de paz interreligiosa. La imagen recorrió el mundo.

“Entre nosotros hubo siempre un respeto absoluto. Con el tiempo hay un amor de compañerismo tan grande que uno cuida al otro”, señala sobre su relación con el Santo Padre.

 

 

 

ITINERARIO

Nació en Buenos Aires en 1950. Es rabino de la comunidad judía Benei Tikva, experto en derecho hebreo, “rector emérito” del Seminario Rabínico Latinoamericano y doctor en ciencias químicas de la UBA. La Legislatura porteña lo distinguió como Personalidad Destacada en el ámbito de los Derechos Humanos, y fue el primer judío en recibir el doctorado honoris causa en una institución como la UCA. Con Jorge Bergoglio (antes de ser Papa) mantuvo una serie de coloquios, y juntos publicaron Sobre el cielo y la tierra. Entre otros libros, también es autor de Hacia un mañana sin fe.

 

AL TOQUE

Un proyecto: Propalar el diálogo interreligioso y el diálogo, en general.

Un desafío: Llegar a ver un mundo mejor.

Un sueño: Que haya paz en todos los rincones del mundo.

Un recuerdo: El abrazo que nos dimos en la ciudad de Jersualén con el Papa Francisco y el líder religioso musulmán Omar Abboud.

Un líder: Francisco.

Un prócer: Moisés, porque me fue guiando en la vida.

Una sociedad que admire: Logros que alcanzaron diferentes sociedades, como las de los países nórdicos, aunque no sé qué precios tienen que pagar por eso.

Una persona que admira: Dos rabinos que conocí en mi infancia.

Una comida: Pollo al horno.

Una bebida: Agua con gas.

Un placer: Pasear.

Un libro: La Biblia.

Una película “Love Story”.

Una serie “The Crown”.

 

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