Beretta, la fábrica de armas más antigua del mundo

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El 70% de las armas pequeñas de Europa, las que se utilizan para uso deportivo y caza, no se fabrican en la periferia de una gran ciudad, sino en un pequeño

pueblo de montaña encajado entre los Alpes italianos. A Gardone Val Trompia no llega ni el tren. Pero con apenas 10.000 habitantes, Gardù (así le llaman en su dialecto bresciano) es conocido alrededor del mundo por la industria armamentística que ha imperado en este lugar durante siglos.

“Los etruscos ya descubrieron que estas montañas eran buenas para encontrar hierro para fabricar lanzas. Nos hemos dedicado a esto desde hace mucho, mucho tiempo”, presume el señor Giuseppe, de 76 años, que desde que se jubiló se dedica a acompañar voluntariamente a los curiosos.

Exhibición de armas Beretta (AFP).

Exhibición de armas Beretta (AFP).

Se dice que el maestro Leonardo da Vinci vino a estudiar aquíy hasta que las enigmáticas aguas que aparecen detrás de La Gioconda son del cercano lago de Iseo. La producción de armas se alarga por todo el valle. Todavía existen los túneles en los que Mussolini instalaba sus talleres de munición. “Los italianos estamos todos aquí. Somos unos seis mil armeros”, cuenta Pierangelo Pedersoli, el presidente del Consorcio de Armerías. Él es popular por hacer rifles para Hollywood. Ha armado a Leonardo Di Caprio en "El renacido" (2015), a Daniel Day-Lewis en "El último mohicano" (1992) o a Johnny Depp en "Piratas del Caribe" (2003). Desde su posición defiende los intereses de unas 150 empresas. Pero destaca una, la fábrica de armas Beretta, fundada en 1526, que es la joya de la corona.

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Giuseppe ha trabajado toda su vida en Beretta y ha visto como las últimas dos generaciones (ahora manda la decimoquinta) han tratado de adaptarse a los nuevos tiempos. Pero aquí el orgullo es la tradición. Lo primero que explica es cómo hallaron un documento entre los archivos de la República de Venecia que probaba que Bartolomeo Beretta pagó 296 ducados por 185 arcabuces en 1526, lo que la convierte en la fábrica de armas más antigua del mundo.

Un trabajador prepara la madera de uno de los fusiles personalizados de Beretta, que pueden llegar a costar más de 100.000 euros (Anna Buj).

Un trabajador prepara la madera de uno de los fusiles personalizados de Beretta, que pueden llegar a costar más de 100.000 euros (Anna Buj).

“El truco es conseguir que las nuevas generaciones se apasionen por este trabajo. Las anteriores lo hicieron y no me explicaron el secreto. En un tiempo nos tocará a mi hermano y a mi con nuestros hijos”, cuenta Franco Gussalli Beretta, de 53 años, que dirige la empresa junto a su hermano, Pietro. Desde 1925 un gran palacio de piedra alberga la casa familiar en el lugar donde hoy unos 900 trabajadores fabrican sus armas desde Italia. El holding, con empresas repartidas alrededor del mundo, emplea a más de 2.000.

Aunque cueste asimilarlo moralmente, repasar la historia de Beretta es un viaje por la historia de la humanidad. Ellos fueron quienes ayudaron a abastecer los arsenales de Napoleón cuando invadió Venecia en 1797. Después se les abrió el mercado austriaco, y entraron en muchas de las guerras europeas. Produjeron su primera pistola en la Primera Guerra Mundial, la 1915. La segunda, la 1934, fue diseñada para las fuerzas de Benito Mussolini y se convirtió en una de las armas más populares del conflicto. Además, llegaron a un acuerdo con el dictador por el cual los trabajadores de Beretta estaban dispensados de realizar el servicio militar. En esa época llegaron a acoger a más de 3.000 empleados entre sus muros.

Pistolas doradas que elaboraron para regalar al líder libio Muammar Kadafi (Anna Buj).

Pistolas doradas que elaboraron para regalar al líder libio Muammar Kadafi (Anna Buj).

Hace cuatro años, Jaylen Ray Fryberg, de 15 años, utilizó su pistola para asesinar a cuatro estudiantes de un instituto de Marysville, en el estado de Washington. En el 2009 Jiverly Wong mató a 41 personas en Binghamton (Nueva York) con dos pistolas Beretta. Terry Michael Ratzmann utilizó otra de ellas para asesinar a siete feligreses de una congregación eclesiástica de Wisconsin antes de suicidarse en el 2005. Desde 1968 han muerto más estadounidenses por tiroteos masivos que en todas las guerras que han librado juntas. En Beretta, como en la mayoría de empresas de armas, consideran que los tiroteos son culpa de problemas psicológicos.

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“Nuestra visión es que cada nación debe ser soberana. Apoyamos absolutamente la democracia y cada legislador debe implementar las reglas que considera más oportunas”, explica Gussalli Beretta. “Pero en Estados Unidos, típicamente donde existe más criminalidad es donde están las leyes más restrictivas. Si el ciudadano normal no tiene las armas, las tiene la criminalidad. Hay teorías que dicen que por desgracia el verdadero problema es el malestar social, y aquí no puedo entrar yo, si no un psicólogo”, opina.

Un pasaje une edificios de la fábrica Beretta. El pueblo es casi exclusivo de creadores de armas.

Un pasaje une edificios de la fábrica Beretta. El pueblo es casi exclusivo de creadores de armas.

Fue el padre de Franco, Ugo Beretta, quien firmó uno de los contratos que han dado más rentabilidad a la casa. En los setenta consiguió entrar en el mercado estadounidense y desde el 1985 la pistola semiautomática 92 es la oficial que utiliza el ejército de este país. Han elaborado más de cuatro millones de piezas. Es la más reproducida de la historia, con un contrato que terminará en dos años.

Para adaptarse al mercado estadounidense crearon su propia fábrica en Maryland en los años setenta, que en el 2016 decidieron trasladar a Tennessee, con unas normas menos restrictivas que las que instauró el gobernador demócrata Martin O’Malley, candidato a la presidencia de Estados Unidos hace dos años. Ahora están empezando a trabajar en otro ambicioso proyecto, un ultrafusil inteligente para el ejército de Estados Unidos.

Pero es en Gardone Val donde reside el corazón de Beretta, y dicen que no se plantean ni vender ni mover la producción a otro lugar más conveniente. En el 2015 facturaron 660 millones de euros. “Nuestro mayor activo es la gente del valle, y esto no lo podemos mover”, asegura Franco Beretta.

Una de las entradas a Beretta. Esta lleva al museo.

Una de las entradas a Beretta. Esta lleva al museo.

Entre el 80% y el 90 % de los empleados son italianos locales, casi todos hombres, que elaboran aquí los famosos fusiles que han atraído a conocidos cazadores. El rey Juan Carlos visitó Beretta a principios de los 2000. Hasta el rey Faruq de Egipto, recuerda Giuseppe, quedó tan enamorado de la exposición (que hoy es una colección privada con 1.500 armas) que se llevó a un trabajador de Beretta para que fuera su maestro de armas. Hace poco regalaron a Donald Trump Jr, el hijo mayor del presidente de Estados Unidos, una edición especial de su fusil para conmemorar la segunda enmienda a la Constitución.

De toda la fábrica el lugar más enigmático es la nave donde idean los nuevos fusiles personalizados, que pueden costar más de 100.000 euros. “El cliente que tiene dinero lo quiere todo a su gusto. Aquí todo es posible”, sonríe el maestro Ferdinando Bellesi, que después de 46 años al frente sigue dando una mano a los jóvenes inventores. Él nunca estudió. Lo importante es la práctica, dice. “Uno podría pensar que los ingenieros harían algo pero en todos estos años no les he visto hacer nada”, asiente Bellesi. Producen unos 50 fusiles de alta gama al año, y antes de la crisis acostumbraban a hacer 300. Entre sus clientes se encuentran George Bush hijo y hasta el presidente ruso, Vladímir Putin, y su primer ministro, Dimitri Medvedev. Absolutamente todo está hecho a mano. Incluso desde hace poco tres personas tejen unas maletas de piel para llevar el fusil.

El presidente de Beretta, Franco Gusalli Beretta,muestra algunas piezas de la colección privada (Anna Buj).

El presidente de Beretta, Franco Gusalli Beretta,muestra algunas piezas de la colección privada (Anna Buj).

Los más exclusivos (y caros) de todos pasan por otro departamento, el de grabado. Visitarlo es un viaje en el tiempo. Hace veinte años, Beretta decidió formar a jóvenes en el arte de grabar cada fusil con diseños personalizados para que todos tuvieran el mismo patrón. “Para hacer esto tardamos unas 500 horas”, explica Luca Casale, su maestro. Su padre ya trabajó en la armería. Con unos pequeños instrumentos en punta y muchísima paciencia se dedican a grabar el metal jugando con la profundidad de los trazos. Lo más frecuente es dibujar motivos florales, animales o incluso el retrato exacto del perro del cazador. Les han pedido de todo, desde las cuatro estaciones a unas tétricas calaveras. “Deben esperar un año más o menos desde que lo encargan. Pero es un producto único que durará toda la vida”, asegura Casale.

Franco Gussalli Beretta no es un buen cazador. “Nunca me ha interesado”, dice. Pero defiende la caza a ultranza. En este valle italiano es imposible no hacerlo.

Anna Buj - Diario La Vanguardia.

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