Maloma Morales

Internacionales
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Alejandro Ávila, periodista español, ha seguido exhaustivamente el caso de Maloma Morales, la ciudadana española de origen saharaui que completa 24 meses secuestrada en los campamentos de Tinduf —territorio argelino— administrados por el Frente Polisario. Por Clara Riveros

 

 

 

 Dos largos años de cautiverio en que Maloma ­—aislada y sometida a extrema vigilancia— habría sido forzada a una boda e incluso, intentó suicidarse. Esto último fue corroborado por Ávila con diversas fuentes.

 

La joven tenía una vida en España, una pareja, algunos planes, sueños e inquietudes como las que puede tener todo individuo, cada ciudadano y como las de cualquier mujer libre hasta que decidió visitar a su familia biológica, olvidando que en Tinduf no hay individuos, no hay ciudadanos y no hay mujeres libres a pesar del manido discurso propagandístico acerca del enorme poder, libertad y fuerza de la mujer saharaui. Maloma fue de visita con su padre adoptivo y cuando planeaban retornar a España —el 12 de diciembre de 2015— fue raptada por su hermano biológico. José Morales, el padre adoptivo, ha contado como su hija pedía auxilio y, entre varios familiares, la golpearon y se la llevaron a la fuerza. Desde entonces, los padres españoles han hablado algunas veces con Maloma pero hace cinco meses no tienen ninguna noticia de ella.

 

El Ministerio de Asuntos Exteriores de España ha hecho gestiones diplomáticas para lograr la liberación de su ciudadana. Sin embargo, transcurridos dos años del secuestro, hay quienes se preguntan si España está haciendo lo suficiente por rescatar a la joven. España, Naciones Unidas y la misma Maloma han corroborado el secuestro. Ella no es la única saharaui en estas condiciones. Una asociación española denuncia que hay más de 50 mujeres privadas de la libertad en territorio argelino. Human Rights Watch y el exsecretario general de Naciones Unidas han dejado constancia de las retenciones ilegales que tienen lugar en Tinduf.

 

Hace algunas semanas —estando en el Sahara Occidental o en las provincias del sur de Marruecos— algunos saharauis —de la tribu de Maloma— que huyeron de Tinduf y retornaron a Marruecos observaron —en solidaridad con la familia biológica pero no en defensa de Maloma— que el problema no empezó hace dos años sino que en realidad comienza cuando el Polisario le arranca los hijos a las familias saharauis para enviarlos a Cuba o a España. Está claro que el tribalismo saharaui excede las fronteras. Es evidente la acción del Estado marroquí para la modernización de las provincias del sur pero, se aprecia con claridad que, la modernidad, la transformación social y cultural en cuanto a las prácticas y los hábitos, tardarán un tiempo más en llegar a esta región. Hay algunas señales en esa dirección pero es un proceso incipiente. La transición debe completarse. Los saharauis precisan apoyo pedagógico para dar el salto necesario del tribalismo a la constitución de una sociedad civil que permita el nacimiento del individuo —del ciudadano— nada menos. Es de esperar que en las provincias del sur de Marruecos una situación como la de Maloma no tenga lugar. Hay razones para un moderado optimismo. Marruecos tiene una sociedad civil fuerte y dinámica con enorme poder de movilización social en diferentes ciudades, es decir, la presión de la sociedad marroquí obligaría y forzaría la acción de las autoridades. Se entiende que el Estado está obligado constitucionalmente a velar por la libertad e integridad de sus ciudadanos en todo el territorio nacional. Esa es la enorme distancia que hoy separa a los saharauis marroquíes de los saharauis que habitan el territorio argelino: Marruecos tiene Estado, instituciones y sociedad civil. Nada de eso existe en Tinduf.

 

Y, en referencia a lo que no hay en Tinduf, nótese que la evasiva del Polisario para encarar la situación de Maloma —el Polisario niega su responsabilidad en el secuestro y asegura que es una cuestión familiar—  corrobora que, no solo no tiene autonomía para llevar a cabo una negociación con Marruecos y poner fin al diferendo del Sahara, tampoco tiene la capacidad para gestionar la crisis al interior de los campamentos y, menos aún, la voluntad para garantizar un mínimo de dignidad a una población cautiva y cooptada por las palabras vacías y las ideas gastadas de revolución y liberación.

 

No les falta razón a quienes desde España reclaman, por un lado, la suspensión de toda cooperación y apoyo político, institucional y económico al Frente Polisario y, por el otro, la expulsión de los delegados saharauis hasta que todas las mujeres secuestradas en Tinduf alcancen la libertad. La situación de Maloma, por las dudas, es una clara violación de los derechos humanos y sintetiza con toda crudeza la realidad de la “causa saharaui”: tribalismo bajo un régimen de partido único. ¿Acaso esta causa tendría que convocar la solidaridad de la humanidad? ¿Para esto es que continúan reclamando un Estado independiente? ¿El mundo necesita más totalitarismos y más dictaduras con un asiento en Naciones Unidas?

 

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