Choque de estilos

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 Se dan la mano, mientras se miran de reojo. Se critican por lo bajo, aunque se copian. Transitan caminos diferentes, pero se necesitan. Talleres y Belgrano hoy protagonizan mucho más que un duelo deportivo con 104 años de historia. Se trata de un auténtico choque de estilos. El cruce de dos visiones diferentes del fútbol, al menos desde lo discursivo y lo formal.
 
 
 
 
 
 

Andrés Fassi y Jorge Franceschi posan para las fotos, intercambian camisetas y hasta se tiran algunas flores cada vez que un clásico lo requiere, pero mantienen prudente distancia cuando los flashes se apagan. En septiembre del año pasado, PERFIL CÓRDOBA convocó a los respectivos mandatarios de Talleres y de Belgrano para un testimonio alusivo al Día del Profesor, ya que ambos son docentes. “Paso”, respondió uno de ellos. El otro ni siquiera contestó un correo que fue enviado a su vocero, tal como indica el celoso protocolo del club que conduce.

“¡Un aplauso para Jesús Martínez!”.

El flamante presidente lo pidió y todos le hicieron caso. En el búnker de “Talleres Vuelve”, aquel 16 de noviembre de 2014, las palmas se batieron en honor al dueño del Grupo Pachuca de México. La “T” retornaba a la normalidad institucional después de una década de quebranto y las urnas, con el 78% de los votos, le daban a Fassi el gusto que le habían negado Carlos Granero y Carlos Ahumada al rechazarle sus sucesivas ofertas de compra de la concesión albiazul.

Apuntalado por la experiencia, la estructura y la billetera de Pachuca, Talleres escaló del Federal A a la Primera en apenas un año y medio. El éxito deportivo le dio a Fassi el impulso para encarar una “modernización” del estatuto del club, que estrechó el camino a eventuales competidores y le permitió extender su mandato hasta 2025. El retorno a la Copa Libertadores de América después de 17 años, en febrero próximo, será el siguiente desafío de la “T” adentro de la cancha.

Fuera de los campos de juego, Fassi sigue jugando fuerte a favor del “Fútbol S.A.”, un proyecto que el Gobierno Nacional pensaba impulsar a nivel legislativo en su tercer segundo semestre y que debió “cajonear” hasta nuevo aviso. El titular de Talleres es uno de los pocos dirigentes del fútbol argentino que se ha manifestado sin rodeos a favor del ingreso de capitales privados a los clubes: “Hace falta otro modelo de gestión: sociedades anónimas, mixtas o inversores”.

“Blindaje” celeste

También hubo aclamación en Belgrano, en la asamblea del 29 de abril pasado. Reafirmar la condición del club como sociedad civil sin fines de lucro fue, en este caso, la moción del presidente Franceschi, que celebraba un año de su consagración con el 82% de los sufragios.

“No creo que deba sacárseles a los socios el control y la administración de los clubes, y trasladarlos a quienes sólo son dueños de un capital dinerario. Me parece un despropósito”, le dijo a Página/12. Esta declaración de principios llegó después de algunos cabildeos y de un pronunciamiento del colectivo “Coordinadora de Hinchas” que señaló a Fassi y a Armando Pérez como “soldados claves” en el proyecto privatizador.

Mientras Fassi se mueve como amo y señor de Talleres, el titular de la “B” podría ser encasillado como un empleado calificado de Pérez, el hombre fuerte de los últimos 13 años en Alberdi, primero como gerenciador, luego como presidente y hoy como director ejecutivo.

Las incorporaciones de Sergio Villella y de Ramón de la Rúa como vicepresidentes fueron concebidas para darle un aura más empresarial a la gestión de Franceschi, quien parecía más cómodo manejando las cuestiones sociales y culturales de la institución. Desde ese lugar supo poner a Belgrano al lado de causas y reclamos populares, dándole una impronta vanguardista al mandato post-gerenciamiento.

Talleres, por su parte, muestra un perfil más conservador, con la recurrente puesta en escena de bandas militares y ceremonias interreligiosas, y un puntilloso Reglamento Interno para propios y extraños.

Imágenes y semejanzas

Algunas diferencias también fluyen con nitidez al término de cada partido. En Talleres, sobre todo cuando el resultado es positivo, Fassi suele aparecer en el palco donde los medios pueden abordarlo sin “filtros”. En Belgrano, Franceschi tiene la costumbre de presenciar las conferencias de prensa y escuchar desde un rincón lo que dicen DT y jugadores, para luego refugiarse en su teléfono celular.

De todos modos, la cotidianeidad de uno y otro club también tiene puntos en común: así como la “T” se interiorizó sobre inserción escolar de futbolistas, armado del predio y funcionamiento de la pensión en base a la experiencia de los “primos”; la “B” replicó modelos de comercialización de abonos, trato con el periodismo y búsqueda de “alianzas estratégicas” con medios de comunicación y empresas.

Obtener un mejor posicionamiento en la escala de valores de la incipiente Superliga es otra causa común que los emparenta, más allá de que uno empiece la temporada pensando en los promedios y el otro utilice la calculadora para sacar cuentas de los futuros ingresos en dólares que le dará una nueva experiencia internacional.

Presidente full time

En México ya lo dan como un hecho: Andrés Fassi se marchará del Pachuca, donde tiene el cargo de vicepresidente 1º, y se radicará definitivamente en Córdoba para convertirse en presidente “full time” de Talleres.

Los medios aztecas coinciden en señalar que la “doble vida” que el dirigente cordobés llevó en los últimos tres años y medio fue desgastando su vínculo con Jesús Martínez, el titular del grupo empresario con sede en el estado de Hidalgo, y que la gota que colmó el vaso fue la elección del último entrenador de “los Tuzos”. Según trascendió, Fassi ya había Según trascendió, Fassi ya había apalabrado a Marcelo Bielsa cuando sorpresivamente Martínez le encomendó la designación del nuevo DT a su nuevo hombre de confianza, el director deportivo Marco Garcés, quien terminó inclinando la balanza a favor del español Paco Ayestarán.

A comienzos de 2017 el Grupo Pachuca ya había recortado las partidas presupuestarias destinadas a Talleres, aunque recién un año después pudo recuperar gran parte de su inversión, cuando el club cordobés le cedió el pase del delantero Sebastián Palacios. Otro tema que generó desgaste entre las partes fue la dilatación de la implementación de las S.A. deportivas en Argentina, lo que finalmente llevó a Pachuca a comprar el Club Everton de Chile y mudar allí su viejo proyecto de instalar una “fábrica de futbolistas” en Sudamérica.

La baja de Fassi se suma al alejamiento del multimillonario Carlos Slim, quien hasta septiembre del año pasado participó en las inversiones que el consorcio mejicano lleva a cabo en varios clubes del país y del exterior. Más allá de los recurrentes “faltazos”, incluido el de diciembre pasado con motivo del Mundial de Clubes, las obligaciones de Fassi con Pachuca nunca fueron un inconveniente en Talleres, donde el dirigente acomodó en lugares estratégicos a familiares y otras personas de su estrecha confianza.

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