La crisis también llegó a los clubes

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La situación es más o menos parecida a la de la mayoría de las familias argentinas: los ingresos caen, los egresos suben y, frente a eso, solo queda buscar iniciativas para paliar la crisis. Porque la crisis económica también llega hasta acá, a las páginas de Deportes. La disparada del dólar, la inflación y el ajuste que promueve el Gobierno están impactando en las tesorerías de los clubes, sobre todo en los medianos y chicos, que admiten una caída del número de socios y un aumento del nivel de incobrabilidad, y reclaman una ayuda del Estado.

El largo receso por el Mundial, hay que decirlo, tampoco ayudó. Porque si bien en muchas instituciones los ingresos societarios están bancarizados, todavía existe un porcentaje importante que paga la cuota cuando va a ver a su equipo como local, algo que no sucede desde hace dos meses y medio. De ahí que los dirigentes ilustran el escenario con un dato contundente: cuando muchos socios pagaron su última cuota, a principios de mayo, el dólar cotizaba alrededor de 20 pesos. Ahora, a fines de julio, supera los 28.

“Nosotros hemos postergado el aumento de la cuota social porque sabemos que eso sería incluso peor. El contexto económico está profundizando muchos problemas, y la verdad es que sentimos el golpe”, le resume a PERFIL el vicepresidente de Rosario Central, Ricardo Carloni. Central es uno de los clubes de la Superliga con la cuota más baja ($ 450). Sin embargo, los dirigentes crearon una categoría menor, como la de “socio institucional”, que no habilita el ingreso al estadio en días de partidos pero sí a diferentes instalaciones.

“Como pasó en muchos otros clubes, la situación económica hizo que San Lorenzo perdiera un 15% de su masa societaria”, precisó en estos días Horacio Arreceygor a Radio Cooperativa. Fue la primera señal de alerta que provino de la “clase alta” del fútbol argentino: ese grupo reducido y dividido que conforman los grandes y que se mueve de acuerdo a las coyunturales oscilaciones políticas. Hoy, la foto muestra a River y San Lorenzo de un lado; a Racing y Boca del otro. Y en el medio, haciendo un equilibrio imposible, Independiente.

Las quejas también pueden tener dobles lecturas. O metamensajes. Porque mientras San Lorenzo advierte que está perdiendo socios por la crisis, en Racing son más cautos: admiten un llamativo retraso en el pago de cuotas, aunque estiman que la atractiva serie contra River por los octavos de la Libertadores pondrá los números en su lugar. En Boca, por su parte, cuentan que la cantidad de socios adherentes –esos hinchas clase B que se anotan para poder entrar cada tanto a la Bombonera– se mantuvo. Aunque reconocen que eso puede variar cuando pronostican qué pasará en el futuro cercano con los pagos mensuales.

Desde Viamonte. Los reclamos y pedidos a la oficina de Claudio “Chiqui” Tapia llegan casi todos los días. Lejos de los problemas mediáticos y en dólares que se generaron tras el Mundial de Rusia y la caótica salida de Jorge Sampaoli de la Selección, el presidente de la AFA se encontró –nuevamente– con los problemas mundanos de sus correligionarios del Ascenso y de las instituciones más modestas.

En Viamonte 1366 hablan de un 20%. Ese sería el porcentaje de la caída: de socios y de ingresos, sobre todo en clubes medianos y chicos. Y le agregan algunos componentes que intensifican la crisis: “Estamos en una encrucijada porque nos aumentan los servicios y los operativos policiales, y nos bajan los aportes societarios”, escenifican en el entorno de Tapia.

Los de abajo, más abajo. El problema deja de ser dialéctico o intangible cuando se observa el estado del césped en la mayoría de las canchas de las divisiones menores. Es fin de julio y casi ningún club de Ascenso pudo hacer la resiembra de invierno. Ahí, en el subsuelo de la Superliga, las canchas no son más verdes: son amarillas.

Y como pasa con los vecinos que se juntan para comprar la verdura y la fruta en cantidad –y así abaratar precios–, los dirigentes del Ascenso se están reuniendo para hacer la compra de las semillas de invierno. Así, cuentan, podrían reducir un 25% del costo.

Pero más allá de encuentros y de soluciones pasajeras, todos coinciden en que el horizonte no promete grandes cambios. “No vemos una solución. Si el país sigue así, es imposible. No se puede gestionar, porque lo que recaudamos no alcanza ni para cambiar una lamparita”, dice Adrián Zaffaroni, presidente de J.J. Urquiza y uno de los miembros del Ascenso en el Comité Ejecutivo. Zaffaroni, como todos los directivos de esas categorías, asegura que un tipo de impuesto diferencial para clubes, como tenían hasta hace poco, podría ayudar a aliviar la situación. “Es lógico que esto suceda: el socio, cuando apenas tiene para comer, lo primero que corta es la cuota del club”, ejemplifica Zaffaroni.

El, como muchos otros dirigentes, está buscando una salida que por ahora no encuentra.

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